Cómo fue el espectacular robo al Banco Popular de Yecla: el mayor atraco en la Región que se transformará en serie
El robo del Banco Popular de Yecla en 1998 sigue siendo, más de veinticinco años después, uno de los golpes bancarios más audaces de la historia de España con una cifra de millones que nunca se sabrá

Ángel Suárez, el día del juicio por el butrón en Yecla. / Israel Sánchez
Yecla, 24 de diciembre de 1998. La ciudad prepara la Nochebuena, algunos vecinos están en la Misa del Gallo Las calles del centro se encuentran vacías. Una banda de ladrones aprovecha esa quietud para entrar en la sucursal del Banco Popular y ponerse a trabajar con la calma que se adquiere entre los profesionales de este tipo de actos delictivos.
Han elegido la Nochebuena con lógica, ya que la ciudad estaría preparando los festejos, nadie preguntaría por vehículos aparcados cerca de una sucursal bancaria, y el banco no abriría hasta el día siguiente, el sábado 26 y los ruidos de las celebracionesmitigarían los que se produjeran dentro de la sucursal. Eso les daba más de veinticuatro horas de margen antes de que alguien descubriera lo que había ocurrido y tener una huida efectiva.
Ángel Suárez Flores, alias Casper, era el jefe de la operación y llevaba años siendo uno de los delincuentes más buscados de España. Especialista en butrones, había descubierto que el Código Penal castigaba igual robar una cartera que vaciar el banco de un pueblo. Y Yecla, con su dinero negro acumulado en cajas de seguridad, era el objetivo perfecto.
Yecla y el dinero negro
El soplo había llegado presuntamente desde dentro, pues Yecla era a finales de los noventa una ciudad próspera gracias a su potente industria del mueble, un sector que facturaba mucho, pagaba en efectivo y declaraba poco. Las cajas de seguridad del Banco Popular eran para muchos empresarios locales el lugar más discreto del mundo para guardar el dinero que no existía sobre el papel.
En el banco se encontraban más de un centenar de cajas de seguridad de alquiler en las que los ladrones calcularon que encontrarían unos 400 millones de pesetas, alrededor de dos millones y medio de euros. Se quedaron muy cortos.
Dentro del banco
La banda entró por una puerta lateral de la sucursal. Una vez dentro, usaron sistemas electrónicos para inhibir las alarmas y perforadoras con brocas diamantadas para abrir la cámara acorazada, una tecnología que por entonces era completamente nueva en España. Eran los primeros en usarla. Al otro lado esperaban su botín dentro de decenas de cajas.
En la primera que forzaron encontraron sesenta sobres con un millón de pesetas cada uno, según un miembro de la banda, 'El Sapo'. Lo que vino después superó cualquier previsión: el botín nunca pudo ser cuantificado al detalle porque en muchas de las 89 cajas que desvalijaron había dinero oculto a la Hacienda Pública. Iban tan cargados que tuvieron que usar bolsas de basura del propio banco para llevarse el dinero. Y aun así, tuvieron que dejar parte atrás, fajos que los trabajadores de la sucursal encontraron desperdigados por el suelo al día siguiente.

El Banco popular de Yecla tras el robo de Nochebuena. / JOAQUIN CLARES
La cifra oficial que presentaron los afectados ante la policía fue de unos 4,8 millones de euros. La estimación policial real multiplicaba esa cantidad en varias veces. Jon Imanol Sapieha Candela, alias 'El Sapo', uno de los participantes en el golpe, afirmó años después en el documental Sapo S.A. —emitido en Amazon Prime en 2022— que se llevaron 2.700 millones de pesetas, unos 16 millones de euros.
La razón por la que la cifra exacta nunca se conocerá es la misma que convierte este caso en un crimen singular: el dinero negro que guardaban las cajas y la amenaza de una inspección de Hacienda mantuvieron a decenas de clientes en un silencio que les costó muy caro. De todas las cajas de seguridad existentes, solo 79 propietarios presentaron denuncia. El resto prefirió perder su dinero antes que explicar de dónde venía. Dentro de las cajas, además de fajos de billetes de distintas divisas, apareció de todo: objetos de valor, joyas, como una corona de la Virgen del Castillo y, según las investigaciones, hasta dos kilos de cocaína.
El error que abrió la investigación
Los ladrones se marcharon dejando atrás la perforadora industrial. Era una máquina de alta tecnología que costaba varios millones de pesetas y de un peso enorme que, antes de abandonarla, manipularon con cuidado. Antes de abandonarla, para poder transportar más dinero del que tenían previsto encontrar, borraron el número de serie del cuerpo.

Imágenes del Banco Popular de Yecla. / JOAQUIN CLARES
Lo que no sabían es que las baterías internas tenían su propio número de serie independiente. Ese detalle permitió a los investigadores rastrear la máquina hasta una tienda de Lisboa y de ahí hasta un nombre vinculado a una banda. Esa innovación técnica en el momento del robo fue también la que dejó el primer hilo del que tirar.
La mañana del sábado 26 de diciembre, cuando los primeros empleados entraron a la sucursal, encontraron unos cables eléctricos que no debían estar allí. Los siguieron hasta el sótano. Lo que encontraron al asomarse al agujero de la cámara acorazada lo dejó todo claro: las cajas reventadas, el suelo cubierto de papeles y billetes y la perforadora abandonada como única firma. La magnitud del atraco desbordó a la policía local de inmediato y el caso fue transferido a unidades especializadas de Madrid.
Quiénes eran
Las investigaciones apuntaron desde el principio a una banda profesional de Madrid con una estructura empresarial sofisticada. Ángel Suárez Flores, conocido como 'Casper', era considerado uno de los mayores delincuentes de la historia de España. Nacido el 9 de marzo de 1959 en Buniel, un pequeño municipio burgalés, emigró de niño con su familia a Bélgica, donde inició su carrera delictiva y donde fue condenado en 1991 a diez años de prisión por narcotráfico, condena que evitó cumplir al volver a España.
A su lado operaba Jon Imanol Sapieha Candela, alias 'El Sapo', cuya identidad no trascendería públicamente hasta muchos años después. Completaba el núcleo duro de la organización Erick de Ventura Pacheco, conocido como 'Perú', lugarteniente de Casper encargado de las herramientas técnicas e informáticas de la banda.
El Ferrari y el entierro que les delató
El botín dejó al descubierto algo que El Sapo siempre reprochó a los hombres de Casper: la incapacidad de guardar silencio. Uno de los miembros de la banda se compró un Ferrari pagándolo en efectivo con billetes llenos de barro. El concesionario alertó a la policía. El comprador tuvo un accidente con el coche y murió. Al funeral acudieron casi todos los implicados en el robo, sin saber que estaban siendo grabados. Fue uno de los primeros hilos visuales que permitió a los investigadores poner caras a la banda. El Sapo, que presumía de no gastar el dinero robado en España, no fue al entierro. Tampoco fue imputado por el caso de Yecla. Nunca estuvo ni un minuto en comisaría por aquel atraco.
El tercer error fue igualmente revelador: intentaron blanquear parte del dinero a través de una administración de lotería de Valencia, y eso también llegó a oídos de la policía. El dinero robado en Yecla necesitaba desaparecer. Para eso Casper había construido con los años una red de empresas aparentemente legales. La primera fue Seguridad y Sonido Automóvil, dedicada a la instalación de alarmas en vehículos. Después vino Sues Impor Expor, supuestamente dedicada al comercio de madera, y Berlin Cars Import, una empresa de compraventa de vehículos de lujo.

Francisco palacios Hidalgo, coautor del butrón al Banco Popular de Yecla. / L.O.
También era administrador de L'Espace Viva, situada en el Paseo de la Castellana de Madrid. Pero el mecanismo de blanqueo más sofisticado y el que los investigadores pudieron probar fue el de una administración de lotería en Manises, localidad valenciana, a través de la cual la banda blanqueó más de 500 millones de pesetas. El método era sencillo: el dinero negro entraba como premios de lotería y salía limpio.
Cuando ese canal no bastaba, utilizaban a familiares —padres, esposas, novias— para realizar operaciones de blanqueo a través de distintos negocios. Según declaró el propio Casper, sus actividades delictivas generaban unos beneficios netos de 8.000 euros mensuales. Con ese dinero llegó a intentar comprar un hotel en Santa Pola, Alicante, con la intención de convertirlo en el mayor prostíbulo de Europa. El proyecto nunca llegó a materializarse.
Lo que la justicia pudo y no pudo probar
Este es el punto más incómodo del caso, y el más revelador. Las autoridades no pudieron demostrar que el robo de Yecla era obra de Casper. La policía tenía sus sospechas, tenía la pista de la perforadora, tenía la estructura de la banda en el punto de mira. Pero en un Estado de derecho, las sospechas no bastan. Casper fue investigado, vigilado, seguido.
Aceptó los cargos por asociación ilícita y año y medio por robo con fuerza en las cosas, según su abogado sin pruebas consistentes y por proteger a la esposa del propio Casper. Sería detenido por primera vez en junio de 1999, pero por un asunto diferente: su vinculación con el tiroteo al abogado José Emilio Rodríguez Menéndez.
El final de Casper
En mayo de 2011, Ángel Suárez Flores fue detenido junto a otras 22 personas en un operativo conjunto de la Unidad de Drogas y Crimen Organizado de la Policía Nacional y la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil. La clave fue la declaración de un testigo protegido al que la propia banda había torturado.
Fue condenado a 89 años de prisión. Salió de la cárcel de Soto del Real el 2 de enero de 2021 por razones humanitarias para recibir un trasplante de médula. Una bacteria se introdujo en su cuerpo durante el proceso y terminó con su vida. Murió en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid. Tenía 61 años. El robo de Yecla y muchos otros secretos, se fueron con él.
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