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Pintura

Pinceladas filosóficas en la nueva muestra del museo Gabarrón de Mula

‘El silencio de la rosa’ es la primera exposición del doctor en Filosofía Rafael Herrera Guillen, fruto de su reflexión intelectual

R. H. guillener coloca sus obras en las que el cuadrado representa "una metáfora absoluta"

R. H. guillener coloca sus obras en las que el cuadrado representa "una metáfora absoluta" / Museo Cristóbal Gabarrón

L.O

El Museo Cristóbal Gabarrón acoge a un artista diferente para su nueva exposición 'El silencio de la rosa'. Rafael Herrera Guillén —R.H. Guillener es su nombre artístico— es doctor europeo en Filosofía y profesor Titular en la UNED y estas pinturas han sido consecuencia de su recorrido inmerso en el ensayo y la reflexión académica. En esta nueva propuesta, la filosofía encuentra su expresión en la creatividad de la pintura.

Esta primera muestra del artista en Mula, que se podrá visitar hasta el 31 de mayo, gira en torno a una pregunta: ¿qué ocurre cuando el pensamiento no se agota en el lenguaje? Como ha señalado el filósofo Enrique Ujaldón, en Guillener "la pintura es la filosofía por otros medios", un desplazamiento hacia un territorio donde la forma sustituye al argumento. Para el propio artista, este paso responde a una convicción nacida de su experiencia filosófica: hay cosas que el lenguaje no puede decir y que sólo pueden sostenerse en la imagen.

De esta manera, en El silencio de la rosa todo se articula en torno a una estructura concreta: el cuadrado. Frente al círculo, símbolo histórico de perfección y totalidad, el cuadrado afirma la inmanencia. Cuatro lados, cuatro límites que construyen un marco donde la imagen se organiza y se tensiona.

La creación en un cuadrado

Para Guillener, el cuadrado funciona como "una metáfora absoluta", una forma capaz de contener múltiples significados dentro de su aparente simplicidad. La referencia a la letra hebrea Bet, con la que comienza el Génesis, refuerza esta idea: la creación surge siempre dentro de una forma que ya delimita.

En este sentido, la exposición se organiza en tres partes: 'Escalas musicales', 'La rosa' y 'El silencio de la rosa' que avanzan desde la tensión de formas hacia una imagen cada vez más concentrada. En este caso, el artista utiliza la rosa como elemento que en lugar de representar un símbolo romántico o alegoría espiritual como estamos habituados, se presenta como forma saturada de tradición, despojada de sentimentalismo y expuesta en su ambigüedad, como una belleza que se manifiesta sin prometer revelación.

La obra surge en la convicción de que hay cosas que el lenguaje no puede decir

La obra de Guillener no solo bebe de fuentes académicas, sino también de creadores de diferentes disciplinas a la estricta pintura. Compositores contemporáneos como el italiano Salvatore Sciarrino, austriaco György Ligeti, el francés Iannis Xenakis y el español José María Sánchez-Verdú forman parte del universo sonoro que acompañó el proceso de trabajo del artista.

En este diálogo entre sonido e imagen, Guillener concibe la pintura como una forma de sinestesia, donde el ritmo de las formas y el color pueden convertir el lienzo en una especie de partitura visual. A su vez, textos de Federico García Lorca, San Juan de la Cruz y Eloy Sánchez Rosillo aparecen en la exposición como voces que dialogan con la pintura y amplían el sentido de las obras.

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