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Música

Joaquin Pascual, cantante: "El romanticismo como visión emocionada del mundo creo que está en un mal momento"

El artesano del indie español regresa con’ No hay nada que hacer por el romanticismo’, su disco más cinematográfico y vulnerable

El cantante Joaquín Pascual en una imagen promocional de su último disco.

El cantante Joaquín Pascual en una imagen promocional de su último disco. / Alejandro Santoyo

Joaquín Pascual no es solo una institución del indie español, sino un artesano que parece estar en ebullición, en su mejor momento creativo. Hablar de él es recorrer, inevitablemente, la espina dorsal del pop independiente en España. Desde el estallido telúrico de Surfin’ Bichos hasta la orfebrería emocional de Mercromina y la pausa reflexiva de Travolta, el músico albaceteño ha habitado todas las aristas del sonido. Sin embargo, en su último trabajo, No hay nada que hacer por el romanticismo (2025), Joaquín parece haber encontrado un lugar donde el ruido se rinde ante la palabra, y la distorsión deja paso a la penumbra.

El suyo no es solo un disco; es un manifiesto conceptual. Con una elegancia que bebe directamente de la vulnerabilidad de Roy Orbison y la crudeza hipnótica de la Velvet Underground, Joaquín Pascual se viste de crooner existencialista para cantarle a un mundo que parece haber extraviado la brújula del sentimiento. El disco navega entre el pop introspectivo, el rock alternativo y la experimentación electrónica sutil, y viene a presentarlo a Microsonidos: una cita ineludible para los amantes de la música con alma que huye de los convencionalismos comerciales. Hablamos con él de este disco, su devoción por los clásicos y esa extraña luz que solo se encuentra cuando uno acepta que, quizás, ya no hay nada que hacer, salvo seguir cantando. Y nos recuerda que, aunque el romanticismo esté en cuidados intensivos, todavía queda belleza en el naufragio.

El título del álbum suena a sentencia definitiva. ¿Es una declaración de derrota cínica o, paradójicamente, una forma de liberar al romanticismo de sus clichés para encontrar algo más real? ¿Por qué no hay nada que hacer? ¿Hay asideros o esperanza?

El romanticismo como visión emocionada del mundo creo que está en un mal momento. Vemos lo que sucede y a veces parece que ni siquiera sentimos algo, lo que sea. Estoy convencido de que debe de haber otra forma de vivir más respetuosa con las personas y con la naturaleza, más emocionante, más libre y a la vez más solidaria. En el contexto del disco, es una visión algo más personal del momento que vives. Has perdido esa sensación de amarre a la vida, y harás lo posible por recuperarla. En mi caso, escribir estas canciones es una búsqueda de esa esperanza que mencionas; también la oportunidad de lanzar un dardo que quizá se clave en alguna diana.

¿Cuál fue el punto de partida que inspiró este disco? ¿Hay mucho del estado personal que vives en estos momentos?

El disco en principio se titulaba Medio desnudo y así fue hasta el último momento. Cuando empecé a escribir las canciones, había un protagonista en todas ellas. El protagonista de la canción Medio desnudo. Un tipo desencantado que había perdido su leitmotiv en la vida. Su corazón se había vuelto frío, y se veía a sí mismo como encerrado en una extraña celda. Después las canciones fueron evolucionando, y aparecieron otras temáticas, quizá algo alejadas de la idea original. También el personaje protagonista se fue volviendo algo más valiente, más destructivo, crítico y menos melancólico. Siempre hay algo de mí en mis canciones, pero también de fuera, de lo que veo en los demás o simplemente como espectador.

Se puede hablar de este álbum como un disco conceptual. La visión del fuego es constante. ¿Cómo hilaste estas historias para que funcionen como un todo y no solo como una colección de canciones?

Me gustan los discos conceptuales. Siempre intento partir de esa idea. De que todo gire alrededor de ese primer impulso que te anima a escribir para un disco, pero después es difícil mantenerlo. Las canciones toman sus propios caminos casi sin darte cuenta.

"Escribir es buscar esperanza y la oportunidad de lanzar un dardo que pueda acertar en alguna diana"

Canciones como Por el bien de la gente parecen mirar hacia afuera más que hacia adentro. ¿Sientes que en este momento de tu carrera el compromiso social es una urgencia que le ha ganado terreno a la introspección pura?

Es un disco en el que las letras parten más de una mirada al exterior que al interior de uno mismo. Y sí, creo que es menos introspectivo que otros discos. Cuando compuse La Frontera, me obsesioné con buscar temáticas, palabras, imágenes, que el resto de personas que escuchasen las canciones pudieran identificar con tanta claridad como las veía yo. Creo que, desde entonces, esa obsesión nunca ha desaparecido del todo. Cuando estaba preparando el directo, me di cuenta de que muchas de las canciones que habían formado siempre parte del repertorio ahora no encajaban. En cuanto al compromiso, al hacer canciones y contar lo que sientes, ya te estás comprometiendo, tengas la repercusión que tengas. Aunque tus letras no tengan un contenido político explícito, de alguna forma, si eres sincero al hablar de tus emociones, de tus miedos o de tus interrogantes, te estás comprometiendo.

Se percibe una madurez vocal que recuerda a los grandes clásicos. ¿Cómo fue el proceso de encontrar esa voz que evoca a Roy Orbison o al minimalismo melancólico de Simon & Garfunkel?

La grabación de las voces en este disco ha sido muy diferente a como lo solía hacer siempre. De hecho, grabé las voces en casa como guías para ir montando las canciones, sin ninguna intención de que fueran las voces definitivas. Ni siquiera usé el mejor micrófono que tengo para grabar voces. Después de tener todo grabado, guitarras, bajo, teclados, etc., tenía que repetirlas y grabarlas ya de forma definitiva, pero esas primeras tomas tenían algo especial. Eran directas, sinceras, con muchos errores, pero transmitían. Así que decidí dejarlas tal cual. Ha sido algo casual, la verdad.

"Me gusta pensar que las canciones te hacen ver, te llevan a imaginar escenas y situaciones"

Se aprecia un juego entre el pulso hipnótico de la Velvet Underground y el brillo de T. Rex. ¿Buscabas un sonido atemporal, alejándote de las etiquetas del indie de los 90?

Grabé el disco con una antigua mesa de mezclas y una grabadora analógica en un pequeño estudio que he ido montando en la casa del pueblo. Mi idea era recrear en la medida de lo posible el sonido de algunos discos, o más bien de algunas canciones de los 60 y 70 que me inspiraron siempre, ese sonido como ‘imperfecto’, pero que a la vez es sincero y real. Algunas de ellas aparecieron como caras B de los singles de adelanto del disco. Get it On de T. Rex, Sunday Morning de la Velvet, In Dreams de Roy Orbison y The Only Living Boy in New York de Simon and Garfunkel.

Hay algo perturbador y bello a la vez en el disco, muy cercano al cine de David Lynch. ¿Cuánto de lo visual y de lo onírico influye en tu forma de componer hoy en día?

Soy un fan absoluto del cine y la música de David Lynch. Me gusta pensar que las canciones te hacen ver, te llevan a imaginar escenas y situaciones. Al menos a mí me pasa, y no necesariamente con los textos, también con la música instrumental. Siempre intento componer un disco instrumental entre cada uno de los que publico como cantautor. Ahora estoy empezando con unas canciones instrumentales que son en realidad un homenaje a la música de Angelo Badalamenti.

Baladas para un atraco es una canción con una narrativa cinematográfica brutal. ¿De dónde surge esta historia? ¿Es el atraco una metáfora de algo más íntimo?

Este disco surge de una conversación con Fernando Alfaro en la que me proponía formar una banda de señores mayores atracadores de bancos y vivir nuestros últimos años de una forma intensa, emocionante y solvente. Hay varias canciones en el disco que cuentan las aventuras de esta banda como si se tratase de una película, de una especie de western. En realidad, son canciones que hablan de la amistad.

Has compartido una vida creativa con Fernando (Surfin’ Bichos). ¿Cómo fue la experiencia del regreso discográfico de Los Surfin’ hace unos años? ¿Cómo influye vuestra relación actual en tu trabajo en solitario? ¿Sigue habiendo un diálogo invisible entre vuestras obras?

Disfrutamos mucho componiendo y grabando el disco de Surfin’ Bichos. Ahora estamos en un momento en que cualquier concierto que hacemos lo disfrutamos de verdad. Poder seguir juntos, interpretando ese repertorio que tanto nos gusta, es un regalo. Imagino que siempre habrá algo de diálogo o de unión entre nuestros repertorios; somos como hermanos, hemos vivido muchas cosas juntos y llevam

¿Cómo van a ser las presentaciones, qué expectativas tienes?

Voy a presentar el disco en dos formatos. Uno acústico, en solitario, que es el que voy a llevar a Murcia el día 14, en el que me centraré en este nuevo disco, con canciones también de álbumes anteriores y algo de Mercromina. En Madrid (20 de marzo) y en Barcelona (27 de marzo) haré las presentaciones en formato trío, con José Manuel Mora (Mercromina y Surfin Bichos) al bajo y Pedro Gavidia a la batería.

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