Entrevista
Ángel Calvo: "Estas canciones son las canciones más íntimas que he compuesto en mi vida, y no hay nada político en ellas. Hablo de estar jodido y punto"
Cantautor murciano de formación autodidacta , construyó su carrera desde las grabaciones domésticas del colectivo Grabaciones Vistabella antes de recalar en Bullas, un municipio donde el ruido de la ciudad no llega y las crisis, en cambio, sí

El cantautor Murciano Ángel Calvo. / L. O.
¡Qué buena noticia el regreso de Ángel Calvo con nuevo disco! Todo es caos bajo las estrellas, lo lanza desde su propio sello, RM-15 Prod, con el apoyo y colaboración de La Semilla MGMT, tras 11 años de carrera. Su estilo siempre ha tenido esa mezcla cruda de honestidad brutal y cinismo tierno que lo hace único en la escena independiente. La voluntad de emular a grupos que son referentes para él a la hora de hacer música, como Wilco y Guided by Voices, le ha hecho lanzarse a esta aventura del DIY.
Bajo una desconcertante pero magnética estética maoísta, Calvo se las ha apañado para facturar un sonido entre la ironía pop de los Housemartins, el a ratos surrealista Billy Bragg de Waiting for the great leap forwards y la verborrea folk de un Dylan que hubiera crecido en la periferia de Murcia. La frase “Todo es caos bajo las estrellas, la situación es inmejorable” es una frase política atribuida a Mao, y no podemos negar lo poético de su realización.
En este nuevo cancionero conviven el homenaje y el costumbrismo: desde la reivindicación de las 'kioskeras' hasta el enigmático guiño de LODVG, pasando por el pulso social de Pan y Rosas. Pero más allá de las etiquetas, lo que late en este disco es la honestidad de un artista que ha decidido que la mejor forma de poner orden a la vida es, precisamente, editar un disco donde todo sea caos. “Hablo de estar jodido y punto”, dice de este álbum de efímeras emociones, una aproximación hermosa y significativa a la vida y su delicadeza.
Hay artistas que necesitan un estudio de cristal y mil tomas para encontrarse; Ángel Calvo solo necesita una verdad incómoda, una guitarra y, ahora, el estruendo de una banda que parece haber nacido para seguirle el ritmo al caos.
Desde Málaga, con ruido, melodía y cicatrices, acompañan a Ángel en esta presentación Pequeño Mal, el nuevo proyecto de Saray Botella y Lolo González, conocidos por su trabajo en Hazte Lapón. Su música es un estallido de new wave, power pop y noise pop, con letras que no esquivan el dolor ni el deseo. Las canciones suenan crujientes, directas, emocionales, una mezcla perfecta de melodrama y distorsión.
Hablamos con Ángel Calvo sobre su nuevo sello, su nueva banda y por qué, a pesar de todo, las estrellas siguen ahí arriba. En plena era trumpista vuelve la canción protesta.
Estrenas sello propio, RM-15. ¿Qué te da la autogestión total que no te daban otras plataformas? ¿Es RM-15 un refugio o una trinchera? ¿Es el cierre de una etapa vital o simplemente una mudanza sonora?
RM-15 me da flexibilidad y control total sobre mi obra tras 11 años de carrera. A veces es un refugio, otras es una trinchera, pero siempre un hogar donde los aciertos y los fallos son míos (y de mi compañera Ana). Fallos con los que aprendemos y éxitos que nos anotamos, pero sin depender de nadie. Es un cambio de paradigma parcial. Venía de estar en la coordinación de un sello cooperativo como es Grabaciones Vistabella, y con los conocimientos adquiridos en esa etapa y la voluntad de emular a grupos que son referentes para mí a la hora de hacer música, como Wilco y Guided by Voices, nos lanzamos a esta aventura del DIY.
¿Con qué estilo musical está alineado este disco?
La respuesta corta es folk-rock. Es cierto que el mayor nexo de unión musical, dentro de la diversidad de los temas, es haber trabajado en la producción musical el sonido eléctrico de los 60 y los 70, aunque incluya un par de canciones eminentemente acústicas. Este hilo que une a las canciones fue fruto del trabajo del productor del disco, Marco A. Velasco, cuyo trabajo reivindico desde aquí.
Tras cerrar la etapa de las grabaciones domésticas en Vistabella, regresas con Todo es caos bajo las estrellas. ¿Es a la vez un manifiesto y una catarsis?
Llevo unos años viviendo en Bullas y alejado de Vistabella en concreto y de la ciudad en general. Esas canciones fueron grabadas en Bullas. Yo creo que este disco tiene muy poco de manifiesto, pero sin duda sí mucho de catarsis. Sin ir más lejos, fue una prescripción de mi equipo de salud mental.
¿Publicar disco es como un ejercicio de romanticismo? ¿Qué puedes contar sobre él?
Creo que a veces es necesario contar una historia profunda, y para ello necesitas algo más que un puñado de singles o un EP. Este disco es fundamentalmente fruto de una crisis muy traumática que viví hace más o menos tres años, y que de hecho me llevó a este placentero exilio en el Noroeste murciano. Compuse alrededor de treinta canciones, pero necesité la ayuda de Ana Cerezuela (poeta) y de Santi Fernández (Autoescuela, Santiago La Barca, etc.) para seleccionar las canciones que fueran concretas para contar lo que necesitaba. Quería hacer un disco corto y ameno que no se fuera por las ramas.
Tratando de hacer una radiografía de las canciones Kioskeras y Pan y Rosas, pareces estar mirando mucho más a lo cotidiano y a lo social. ¿Hay un hilo conductor de “clase obrera” o costumbrismo en estas nuevas letras? ¿Está muy presente Murcia?
Estas canciones son las canciones más íntimas que he compuesto en mi vida, y no hay nada político en ellas. Hablo de estar jodido y punto. El costumbrismo forma parte de mi forma de escribir, y es cierto que me apoyo mucho en los paisajes para hacer avanzar las letras. Murcia está presente de una forma muy diferente al resto de mi discografía. Si antes era hogar y consuelo, ahora es antagonista y lugar del que marcharse.
- Kioskera se abre con una locución. ¿Qué persigue?
Técnicamente, la locución es la introducción al disco, es decir, es un 'track' en sí. El primero. Siempre me ha interesado la manera en que el cerebro trata los recuerdos, borrando unos, conservando otros, transformándolos incluso. La realidad es que a día de hoy no se sabe cómo funciona bien este proceso, y en el marco de esa crisis traumática he tenido que lidiar con los recuerdos de más de una década que en parte me definían como persona. Conviví con ese proceso durante la escritura del álbum, y quería empezar interpelando a la audiencia de alguna manera.
También es una manera de introducir toda la historia del maoísmo. La anécdota de los gorriones es curiosa y demuestra un poco que a Mao la cabeza no le funcionaba demasiado bien. La frase “todo es caos bajo las estrellas, la situación es inmejorable” es una frase política, pero no podemos negar lo poético de su realización. Para mí tuvo un sentido personal. Cuando me sobrevino el caos, las estrellas siguieron ahí, la vida siguió para el mundo, y yo, de alguna manera, acabé encontrando un camino, un hogar y una compañera.
Dices que este disco nace de un periodo de introspección y distancia. ¿Eres muy realista escribiendo o tiras más de la ficción?
Creo que soy un autor que en general escribe sobre su experiencia subjetiva de la realidad. Otra cosa es que este disco sea mi disco más metafórico, complejo líricamente y con las letras más cuidadas y seleccionadas.
Mi manera de componer en este disco es muy diferente a las anteriores, pero no es algo que haya buscado. Todo el proceso que viví me llevó a una introspección y a una capacidad figurativa que no tenía antes.
LODVG: Es imposible no preguntar por el título. ¿Qué hay de La Oreja de Van Gogh en el universo de Ángel Calvo? ¿Es un homenaje, una ironía o un ajuste de cuentas con el pop nacional?
La canción de este disco que trata sobre la industria musical de este país es Complejos turísticos. LODVG se llama así como podría haberse llamado Ouigo. Es una canción de despecho hacia el mundo en general. No tiene más, por eso quizá es de las más sencillas, excepto el estribillo, que sí considero que tiene más contenido.
Tras tres años ‘missing’, reaparecías con El tiro, entre recuerdos de una felicidad pasada y la crudeza del presente. ¿Qué fue de Pedriñanes? Dices, supongo con ironía, que Rosalía te ha ayudado. ¿En qué sentido?
Quiero aprovechar para decir que El Tiro fue una canción coproducida entre Salva Mare Carrier y Marco, y que Salva puso una base a la producción que fue clave para lo que es: quizá una de mis canciones más sólidas en el sonido. No sé de dónde sale lo de Rosalía; yo soy del team Bad Gyal. Rosalía me aburre soberanamente en todo lo que hace y significa. No tengo declaraciones sobre Pedriñanes.
Respecto a posibles influencias, se podrían citar The Housemartins y Bob Dylan. ¿Cómo convive el pop saltarín y melódico de Paul Heaton con la densidad lírica y el folk de Dylan en este álbum?
Sí, puede haber algo de Housemartins, pero esa parte más melódica y pausada que también mostró Heaton después en The Beautiful South. Pero creo que aquí hay mucho del principio del folk del Greenwich Village, obviamente mucho Dylan, pero también Joan Baez o Patti Smith.
Marco se centró mucho en las primeras producciones de Phil Spector, como pueden ser las primeras grabaciones de las Ronettes, o más tarde el disco de los Ramones End of the Century o el Let It Be de los Beatles.
Por otra parte, está el folk murciano presente; referentes como el propio Santiago Fernández a la hora de escribir, también de Mena, Nacho Vegas, Jeff Tweedy o un Cameron Winter que justo acababa de sacar su primer disco mientras lo escribía, antes de fundar la banda Geese.
También estrenas banda. ¿Qué aporta esta nueva formación al sonido del directo que no tenías antes? ¿Buscabas un sonido más “grueso” o más orgánico?
Es claramente una banda con un perfil más orgánico. Pasamos de ser 4 a 5, con un teclista que le está sentando muy bien tanto a las canciones nuevas como a los hits pasados.
—¿Por qué decidir que tu reaparición fuera un EP en directo y no un disco de estudio pulido? ¿Qué tiene ese concierto del Costera Sur que lo hace definitivo?
Considero que aquel concierto no fue mi reaparición, sino una aparición fugaz en la que no toqué ninguna canción nueva. Sencillamente, me llamaron para tocar; toqué abriendo el festival 25 minutos, en los que metí 7 canciones sin pausa, porque tenía que salir corriendo al aeropuerto a coger un vuelo a Barcelona y asistir a una boda horas después. Juan Escudero grabó el directo, y lo subí para abrir boca de lo que se venía.
- Has hablado abiertamente de ser bipolar. ¿Cómo te ayuda la música en ese sentido?
Empecé a componer prácticamente a la vez que me diagnosticaron. Desde entonces no he parado, excepto un año que no cogí la guitarra en los años duros que me han precedido. Está claro que la música forma parte de mi personalidad y me ayuda a enfrentar y a apuntalar mi identidad cuando la enfermedad me despoja de muchísimos objetivos a los que he tenido que renunciar, o a veces es lo único que puedo hacer cuando me causa sufrimiento.
- ¿Cómo influye el trastorno en este “caos bajo las estrellas”? ¿Es el disco una forma de canalizar los picos de energía y las caídas, o una manera de poner orden al desorden mental?
Este disco no se centra explícitamente en la cuestión de la enfermedad o la discapacidad, como sí he podido hacer en otras grabaciones. Creo que tenía ya suficientes problemas en mi entorno, y además durante la composición y grabación del mismo la estabilidad fue más bien la tónica.
Quizá lo que cuento en este disco sí que se relaciona con la enfermedad de otra manera. Nunca dejas de ser bipolar, sigues siendo neurodivergente, y en este disco hay relato implícito de lo que pasa cuando pones a una persona bipolar en una situación crítica. Escribí el disco con distancia temporal, pero hago alusión a un momento en el que la enfermedad era un agente que dialogaba con un absoluto caos externo.