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Entrevista

María Hernández: "El autorreconocimiento a partir del placer todavía parece ser un tema tabú"

La escritora murciana María Hernández presenta Las Arrulladoras, su segunda novela, en Libros Traperos el 10 de marzo

La escritora María Hernández.

La escritora María Hernández. / L. O.

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Tomás del Cerro

María Hernández nació en La Raya (Murcia) hace 23 años; tras terminar sus estudios de Humanidades en la Universidad Carlos III de Madrid, hace apenas diez meses que publicó su segunda novela: Las Arrulladoras. Con la primera ganó el Premio Isla de las Letras a la mejor novela romántica de la Editorial Atlantis en 2022.

Ahora cursa un máster de Literatura Comparada en la UMU, pero su ojos miran más hacia fuera, hacia el futuro, abriendo todas las puertas que puede, con un claro interés en la enseñanza y la escritura. Pero volviendo al presente: María Hernández presentará su nueva novela en Libros Traperos el próximo 10 de marzo a las siete de la tarde. 

¿Las arrulladoras son las mismas chicas que hace unos años desayunaban en tirantes?

No tienen nada que ver. La primera fue una novela romántica, esta segunda es una novela social, muy influenciada por autoras como Belén Gopegui, Sara Mesa o Almudena Grandes. Digamos que además la forma de tratar a los personajes o el contexto me ha permitido poner en práctica todo lo que he estudiado en la carrera de Humanidades. La novela social da una respuesta política a cuestiones que pueden ser más o menos complejas, y yo partí de una de esas preguntas para escribirla.

¿Quién puede determinar la culpabilidad de un asesino si nadie lo ha visto matar?

Sí, esa es la pregunta de partida. Porque el asesino puede decir que no lo ha hecho. ¿Qué autoridad tenemos para culparlo sin haberlo visto? Sin embargo, en ocasiones recordar ese 'lo que es es y lo que no es no es' de Parmenides no está tan mal. En la novela partí de la situación de dos hombres que matan a sus mujeres en dos épocas distintas: una en los 50, y la otra en 2017.

Es una novela coral con tres voces diferenciadas: la primera protagonista es Adela; una chica de 27 años que vive en Madrid con sus padres, tiene depresión después de suspender las oposiciones. La segunda es una niña de 10 años que vive en Campos del Soto, un pueblo de Toledo, a menos de una hora de Madrid, en el que se siente incómoda en su casa, lo que poco a poco vamos descubriendo por qué desde su voz, al igual que su nombre que se desvela avanzada la novela; la tercera es una tercera mujer que no me gusta desvelar exactamente si se trata de algo así como una especie de espíritu que atraviesa la novela, o la amiga invisible de la segunda protagonista, se manifiesta a través de lo que cinematográficamente podríamos llamar voz en off. 

O sea, que Adela no está sola en esta historia. ¿O sí?

Lo que quiero transmitir a través de Adela es la sensación de angustia por las expectativas que parecen ser abocadas cuando la edad se acerca a los 30, unas expectativas que a veces son impuestas o construidas de lo externo hacia lo interno. No tiene pareja, no tiene trabajo, siente un completo descontrol de su vida y eso le ha terminado encerrándose en sí misma.

Conozco muchas situaciones parecidas, que tienen notas de unos u otros de los problemas de Adela, por eso he querido tratar las relaciones interpersonales a partir de esta subjetividad concreta. De hecho estoy muy orgullosa de los 83 personajes de esta novela, los he tratado a cada uno individualmente para luego poder relacionarlos entre ellos. 

Estoy muy orgullosa de los 83 personajes de esta novela

¿Qué importancia tiene el sexo en la novela?

La misma que en la vida: conforma la identidad. He intentado representar la realidad de las personas, y el autorreconocimiento a partir del placer todavía parece ser un tema un poco tabú, pero creo necesario hablar de ello. De hecho, no es nada nuevo, ya hay una gran trayectoria en los estudios sobre el sexo e identidad y creo que no hay que dejar de darle la importancia y presencia que tiene en cada vida.

¿Qué realidad suya le ha llevado a escribir esta ficción?

No hay nada autobiográfico, en absoluto. Sin embargo, me gusta mucho la pregunta porque en esta ficción hay muchas personas a las que quiero, y que me han marcado profundamente, como Amparo, que fue mi maestra del colegio y la tutora de la niña de la novela, o muchos de mis amigos y seres queridos que se merecen estar ahí dentro por haber estado conmigo aquí fuera.

¿Cuándo volverá a Murcia la mujer que se marchó a Madrid cuando era una niña?

Ya he vuelto. De hecho, estoy trabajando en una nueva novela que transcurre en nuestra Región. Para ello, paseo nuestras calles, jardines, barrios, pueblos y demás. Suelo hacerlo con música y sin ella, así puedo ver dos caras de un mismo evento: como en una película; o con la realidad del ruido cotidiano, e incluso el silencio en el que se distinguen pequeños sonidos a veces imperceptibles. 

Me ha tocado este cachito de cielo llamado Murcia, así que lo he tomado como escena para la próxima obra

A veces pensamos que las historias más fascinantes transcurren en lugares remotos o en metrópolis muy cinematográficas. ¿Es así?

Creo que es muy importante representar muchos lugares distintos, y no solo Madrid, Nueva York, Tokio o París. El mundo es muy grande y a mí me ha tocado este cachito de cielo, así que con todo el cariño de mi corazón lo he tomado como escena para la próxima obra. 

También estoy trabajando en algunos cuentos como ejercicio de narrativa corta. Son relatos de terror centrados más en las nuevas tecnologías. Así visualmente podría decir que me gusta mezclar nuestro imaginario al estilo lorquiano pero con todas las novedades tecnológicas que tenemos.

O sea, que está escribiendo tanto novela costumbrista como capítulos al estilo de Black Mirror. ¿Son dos retos distintos?

Si completamente. Creo que hay que trabajar en el arte como en todo, y la escritura no es una excepción. Por esto, mi interés es no sólo la novela, sino también distintos géneros, formas narrativas que supongan siempre una forma de repensar la importancia del lenguaje y la forma estética.

Así que sí, en general puedo decir que estoy trabajando fuerte en todo ello para ampliar siempre la capacidad de creación desde la emoción, claro. Y me gusta verlo así, como una forma de trabajo donde puedo permitirme ciertas libertades, buscando cómo jugar con la forma y con el contenido, y por supuesto como búsqueda para crear historias que poder compartir, he aprendido que esto último es de gran importancia.

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