Cine
De Lorca a California: 'La silla', el cortometraje de unos alumnos de 3º de ESO que llama a la puerta de los Oscar
El profesor Jesús Martínez y sus alumnos del IES Ramón Arcas Meca de Lorca lograron 34 selecciones y 15 premios con un corto sobre la empatía y la discapacidad, que ahora compite en el festival californiano San Luis Obispo

Un fotograma del cortometraje 'La Silla'. / Mms
Jesús Martínez no es un aficionado con una cámara. Es el director lorquino cuyo cortometraje La Mort estuvo en la shortlist de los Premios Goya, profesor de música en el IES Ramón Arcas Meca y uno de los nombres que más suena dentro del cortometraje murciano. Este trabajo, La silla, sin embargo, no lleva su firma como director sino la de dos alumnos suyos de tercero de la ESO.
Y aun así ha conseguido lo que muchos cineastas profesionales no logran en toda su carrera, una selección en el San Luis Obispo International Film Festival de California, certamen reconocido por la Academia de Hollywood como calificador oficial para los Premios Oscar en la categoría de cortometraje documental.
Unos alumnos con ganas de aprender, una silla de ruedas prestada y un asesoramiento recibido por una asociación local para personas con discapacidad física (Asdififilor) y un sábado de rodaje en el instituto son los mimbres con los que el IES Ramón Arcas Meca de Lorca ha conseguido 34 selecciones y 15 premios nacionales e internacionales desde su estreno a finales de 2024.
"Lo más bonito es cuando alguien e manda un mensaje diciéndote que le ha llegado el mensaje"
La silla —titulada Wheelchair para el público anglosajón— competirá en la sección juvenil del festival californiano, que se celebra del 23 al 28 de abril. Jesús Martínez, profesor del centro y responsable de la mentoría que hizo posible el proyecto, reconoce que el recorrido ha superado cualquier expectativa. "Lo más bonito es cuando alguien de donde sea te manda un mensaje diciéndote que le ha llegado, que lo hacéis desde una perspectiva audaz, incluso de comedia. Eso es con lo que hay que quedarse."
Una mentoría, una silla y un alumno que no puede venir a clase
El proyecto nació dentro del club de mentorías para alumnos con altas capacidades del Ramón Arcas Meca, un taller de cine que Martínez imparte desde hace varios años y que siempre termina con la realización de un cortometraje. La temática no fue casual. "Hay un alumno que está en asistencia domiciliaria porque tiene una discapacidad severa de movilidad y no puede venir a clase", explica Martínez. "Fue un poco en su honor." Al final del cortometraje, ese alumno aparece en los créditos junto a su familia.
La historia es la de dos adolescentes: uno de origen lorquino, otro de origen árabe, un conflicto cotidiano en cualquier centro escolar y una pregunta que funciona como motor narrativo: ¿somos capaces de ponernos en el lugar del otro? "Estamos condenados a entendernos", dice Martínez. "El corto trata de desdramatizar que dos jóvenes, sean de la raza que sean, de la religión que sean, puedan tener un conflicto y reslverlo. Porque al final son dos personas.
"Después de llevar tres o cuatro horas encima de la silla, el protagonista se dio cuenta perfectamente de cómo se siente uno"
La asociación lorquina Asdifilor entró en el proyecto desde el primer momento. Su presidente supervisó el rodaje, aportó la silla de ruedas y explicó al actor protagonista cómo se maneja y qué se siente al usarla. "Después de llevar tres o cuatro horas encima de la silla, el chaval se dio cuenta perfectamente de cómo se siente uno", recuerda Martínez. La productora lorquina Creativa Provideo puso el equipo técnico; Eva Torres, actriz y profesora de la ESAD, completó el reparto aportando la experiencia profesional que ayudó a los jóvenes intérpretes a subir el nivel.
Un sábado de rodaje y una palabra que suena muy "tocha"
El rodaje completo se resolvió en una sola mañana, un sábado, en las instalaciones del propio instituto. Los actores protagonistas, Jose Alberto Ruiz López y Mohamed Ali Ennassiri Nassiri, llegaron al proyecto por méritos propios tras un casting.
El recorrido por festivales fue creciendo hasta que llegó la selección en Astorga, donde La silla ganó el premio a Mejor Realización Joven y al Mejor Cortometraje Social. Después vinieron más selecciones internacionales y finalmente San Luis Obispo, en California. "Cuando aparece la palabra Oscar suena súper tocho", admite Martínez. "Es verdad que la sección calificadora es la de documental, pero eso no le resta importancia porque el festival es de primer nivel."
Lo que no aparece en los premios
Más allá de los galardones, La silla ha tenido un impacto que Martínez considera más valioso: otros centros escolares de la región han pedido el cortometraje para proyectarlo y comentarlo en clase. Para los alumnos que lo rodaron con quince años, la experiencia ha dejado una huella difícil de cuantificar.
Mohamed Ali es conocido en su casa como "el actor" desde que participó en el proyecto. "Le ha permitido darse cuenta de que tiene unas capacidades que no pensaba que tenía", dice Martínez. No todos seguirán el camino del cine, ni es ese el objetivo. Lo que el profesor busca es algo más difícil de medir: que aprendan a trabajar en equipo y que los chavales aprendan a ponerse en el lugar del otro. Que no miren para otro lado.
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