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Entrevista

Marisa López Soria, escritora: "He tenido una mitad de vida muy horrorosa y otra que está siendo preciosa; en esa última me quiero quedar"

La escritora presenta este miércoles su nuevo poemario, La mujer que se avino, un trabajo donde explora el amor y la provocación, en el Hemiciclo Facultad de Letras de la Merced

La escritora Marisa López Soria posa, ayer, para La Opinión.

La escritora Marisa López Soria posa, ayer, para La Opinión. / Israel Sánchez

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J.M. Lax Asís

J.M. Lax Asís

Maestra, escritora, poeta y promotora cultural, Marisa López Soria es hija de la poeta cartagenera Josefina Soria y lleva décadas siendo una de las voces más activas de la literatura murciana. Autora de una extensa obra de literatura infantil —parte de ella publicada por Alfaguara— y directora del taller La Cometa en la Fundación Cajamurcia desde hace más de veinte años, presenta ahora su segundo poemario para adultos, La mujer que se avino, con prólogo de Eloy Sánchez Rosillo y lecturas previas de Francisco Díez de Castro y María Ángeles Pérez López.

El título viene de avenir, reconciliarse, ponerse de acuerdo. ¿Con quién o con qué se ha avenido la mujer de este poemario? ¿Es usted esa mujer?

El otro día lo estaba pensando y dije: creo que he escrito un poemario de amor. La persona que se avino es a quien va dedicado, alguien que vino de fuera y se avino conmigo, con mi vida, con mi Murcia, con mi gente. Yo soy la que escribe sobre el que se avino. Y fue Eloy quien me propuso el título definitivo: yo le había puesto El hombre que se avino, que era como me parecía, pero él me dijo 'no, la que escribes eres tú, eres la mujer que se avino'. Pues ni media palabra más.

Ha superado una enfermedad grave. ¿Hay algo de ese proceso en este poemario?

Nada. En esas oscuridades, escribir es precisamente lo que me procura salir. No me recreo jamás en el sufrimiento. Y curiosamente, aunque hay quien dice que la tristeza es el tono más apropiado para la belleza, yo soy más de Baudelaire o de Paul Valéry, que hablan siempre de la alegría. En este poemario se respira mucho juego, mucha alegría, un poco de provocación. Yo huyo de la solemnidad, de la tristeza, de la melancolía.

Ha mencionado a su madre, Josefina Soria, también poeta, de la que comenzó una tesis doctoral. ¿Qué descubre en ella cuando la lee como investigadora, que no veía cuando la leía como hija?

No se podía hacer una cosa así y lo tuve que dejar. No puedo dejar de ser su hija y me cuesta, y sigo sin poder leer sus poemas; me cuesta un mundo. No quiero sufrir. Lo que quiero es que los demás la lean y vean lo maravillosa poeta que era. Lo que hago es empujar su nombre. Acabamos de ponerle una placa con sus versos en la muralla del mar en Cartagena, mirando al mar, en el edificio donde ella escribía y recibía a gente como Carmen Conde.

¿Hay un peso por venir de una madre poeta? ¿Se convive con respeto, con orgullo, intentando estar a su altura?

Como siempre he sido una rebelde, con causa o sin ella, he tenido mi propio criterio y lo he defendido. De eso sí me puedo jactar: voy a la mía. Tienes que aprender de todo el mundo, y de mi madre la primera, porque me parece que tiene una poesía con una categoría insuperable. Pero estaría haciendo una tontería si intentara seguir sus pasos. Ella es una maestra y luego está el resto del mundo.

En esas oscuridades, escribir es lo que me procura salir. No me recreo jamás en el sufrimiento

Lleva décadas escribiendo para niños. ¿Qué cambia cuando escribe para usted, para adultos, para una poeta que no tiene que explicarse?

Procuro no ser didáctica tampoco para los niños, porque siempre utilizo el juego, el sentido del humor, el doble sentido. Tengo un toque similar en todo lo que hago. Normalmente, huyo de la solemnidad y del dolor, aunque siempre hay un pozo ahí. Lo que intento es pasármelo bien y no recrearme jamás en el sufrimiento.

Le he leído que le gusta moldear las palabras como plastilina. ¿Se puede escribir sobre el amor sin caer en lo edulcorado, y sobre el dolor sin que se convierta en queja?

Ese es el tema tremendo. Hay que tener un cuidado exquisito, porque es muy fácil caer en la pastelería sentimental. Yo lo huyo tremendamente. La poesía consiste precisamente en ahondar mucho más: está muy abajo, hay que sumergirse en el pozo para encontrar esas palabras y poder llegar a moldearlas. Nada se dice de un modo directo para que te estalle en la cara, sino que es mucho más sutil. La sutileza es imprescindible.

Ha dicho que busca la provocación en este poemario. ¿En qué se traduce?

La provocación siempre es un reto frente a mí misma y frente a los demás, aunque sea un acto de amor. Muchas veces el lector en un poemario de amor piensa que va a encontrar ciertas cosas y no se las encuentra, porque yo lo estoy llevando por otro lado. El problema en la poesía es que si dibujas una caja donde duerme un cordero, hay gente que solo ve la caja. La poesía es muy compleja para el que la escribe y para el que la recibe.

Ha hablado del trabajo con los niños. Lleva colaborando con la Fundación Cajamurcia y La Cometa desde hace más de 20 años ininterrumpidos. ¿Qué se aprende de los niños que no se puede aprender de los libros?

Yo escribo literatura infantil por ellos. Me permite el contacto con la poesía y con los niños. Tener un espacio como Las Claras, en pleno centro de la ciudad, con un taller gratuito donde se regalan los libros, es magia pura. Lo que los niños me proponen y lo que yo les propongo genera un intercambio muy interesante. Aprenden a hablar, a soltarse, a contar sus historias. Algunos son expertos en el vuelo de las aves, otros en las bicicletas, otros en la amistad. Es muy bonito lo que se vive allí cada viernes. Para el vigésimo aniversario, los que ya son mayores mandaron vídeos caseros contando lo que les procuró La Cometa. Hay un médico, un arquitecto, un cineasta. Y fue precioso escucharles, ver ese entusiasmo.

Una cometa necesita viento en contra para elevarse. ¿Cuál ha sido el viento que más ha necesitado en su carrera?

A mí me empuja el cariño que tengo alrededor, mi familia, mis amigos. He tenido una mitad de vida muy horrorosa y otra mitad que está siendo preciosa. Y en esa me quiero quedar. Ese es mi viento y mi cometa.

Mañana presenta el libro. Después de todo su recorrido, ¿sigue habiendo nerviosismo?

Muchísimo, muchísimo. Eso no se va nunca, y si se va, mala cosa. Volver ahora a Murcia como poeta, donde hay tantísimos buenos poetas, hay que ser provocadora. Pero llevar detrás a Francisco Díez de Castro, María Ángeles Pérez López y Eloy Sánchez Rosillo me da unos contrafuertes muy potentes. Un poco menos de miedo, solo un poco.

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