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En su rincón

Kuki Keller, animador cultural: Sudokukis de colores

Leyenda viva de la ‘curva’ de Lo Pagán, expone en la galería madrileña La Chrome una reinterpretación artística de sudokus

Kuki Keller, con su coche eléctrico, en su casa de Lo Pagán

Kuki Keller, con su coche eléctrico, en su casa de Lo Pagán / Javier Lorente

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Javier Lorente

Javier Lorente

Vuelvo al mítico El Varadero de la ‘curva’ de Lo Pagán, quizás el bar más famoso de la historia de nuestra Región y uno de los locales españoles más de moda en aquellos veranos de la época de La Movida. El Varadero fue el gran punto de encuentro de artistas, músicos o escritores que venían de todos los puntos cardinales a este templo de la cultura popular en el Mar Menor. He quedado con Miguel Ángel Pérez Hernández, conocido artísticamente como Kuki Keller, aún su dueño pese a llevar unos años ya cerrado.

Para hablar de Kuki habría que iniciar todo un serial, uno no sabe como tomar nota de tan entretenida conversación en la que me habla de sus amigos, artistas mil, de sus veinte años viviendo en París, en la calle Keller que le dio el nuevo apellido (antes era Kuki el del Varadero). Hijo de los panaderos del lugar, siempre se le quedó pequeño el negocio familiar y las carreras universitarias. Su especial don de gentes y sus inquietudes artísticas le llevaron a conectar con los mayores iconos artísticos de todas las épocas y lo vuelvo a comprobar al ver las paredes de su antiguo local y de los pisos posteriores de este antiguo caserón donde habita. Mil pinturas, cuadros, carteles originales, fotografías… La verdad es que su casa sorprende por muchas cosas, pero sobre todo por albergar más arte que muchos museos que conozco.

Expone sus maravillosos, coloristas y mágicos sudokus en la galería La Chrome de Madrid, en la calle Doctor Castelo, 35.

Estos días expone sus maravillosos, coloristas y mágicos sudokus en la galería La Chrome de Madrid, en la calle Doctor Castelo, 35. La comisaria de esta interesante e histórica muestra es Lolo Galindo, a la que felicito por el acierto de la iniciativa y le agradezco la información que me ha adjuntado para elaborar estas letras. La fotografía se la hago en su coche eléctrico, que conduce en la actualidad sin echar de menos la pierna que perdió hace unos años, víctima de un atropello mientras iba en moto.

Se desenvuelve de maravilla con sus bastones y sube de una planta a otra gracias a un ascensor. Nos sentamos a hablar con la presencia constante y cariñosa de sus perros, Canelo y Canela, dos fox terrier que llevan el nombre de aquel de la película de Luis Buñuel, Viridiana. No me da tiempo a tomar notas de todo lo que me cuenta de aquellas noches en El Varadero o en París y no me cabrían aquí los cientos de nombres de tantos amigos que convocaba. El pintor Ángel Haro, uno de ellos, ha dicho que Kuki siempre ha recibido a toda una fauna de noctámbulos sedientos de magia.

Dice Lolo Galindo que Kuki no resuelve sudokus, sino que los reinventa como arte. Esta excesiva e impactante exposición que se podrá ver en Madrid, también en estos días de ARCO y demás ferias de arte, para aviso de tantos murcianos que estos días andarán por la capital. Me cuenta el autor que cuando vivió en París, compraba el diario El País sólo por los crucigramas y que enseguida los sustituyó por los sudokus. Me explica, porque me ve perdido, que un sodoku es como la representación del mundo, con sus nueve cuadrados, nueve cuadraditos… Un divertimento inteligente y un juego lleno de variaciones y posibilidades que él sustituye por formas y colores. Lo cierto es que, hasta en su propia casa, los sudokus están presentes en esos cuadros que él trabaja digitalmente y luego imprime y también en murales, telas, azulejos y en pavimentos cerámicos. Impresiona, desde luego.

"Estoy vivo de milagro"

Le pregunto sobre su infancia y otras épocas de su vida. Me habla de una vida ciertamente aventurera, de sus viajes con amigos, de su amor por el mar y por los barcos, "lo mejor es tener amigos con barco", me dice. También me cuenta su estancia como interno en el Colegio Santo Domingo de Orihuela, donde no inventaban nada malo, y sus matriculas en diversas carreras como medicina o derecho, que nunca culminó. Conoció a personajes que le influyeron, como el poeta Federico García, padre de Ramón Garza.

Pronto descubrió que le seducía aprender de intelectuales y artistas, que disfrutaba de compaginar risas, músicas y vinos: "Y así fue como conocí a todo Dios en esta vida que como dice la canción, es una tómbola. Vivir tiene mucho de milagro, la vida es realmente un milagro único, una coincidencia única en el cosmos, yo lo terminé de aprender cuando tuve el accidente, fue muy grave y estoy vivo de milagro".

Echa de menos aquellos tiempos de gloria en París o en esta ‘curva’ de Lo Pagán

Ha hecho mil cosas y, como el poeta, me va contando que confiesa que ha vivido. Lo veo muy bien, con ganas y entusiasmado con esta exposición en Madrid. Echa de menos aquellos tiempos de gloria en París o en esta ‘curva’ de Lo Pagán, me cuenta cuando lo obligaron a cerrar, sus injustos problemas legales, cuando le taponaron sus vistas al mar con otros locales… No está muy contento con el Ayuntamiento y no se calla sus críticas a los políticos de turno.

Una vida de faraón

Me habla de muchos de sus amigos, de artistas de talla internacional, del fotógrafo Alberto García Alix, su gran amigo y compañero en París y le pregunto sobre aquellas extraordinarias fiestas que organizaba. Siento no poder asistir pero me invita para una fiesta de disfraces que organiza este sábado. Sus fiestas de disfraces siempre han sido uno de los grandes acontecimientos del Mar Menor, tanto como la celebración de San Cucufate, otro de sus sobrenombres.

Me pregunta la edad y me dice: "Tienes los mismos que mi amiga Blanca Li, con la que coincidí en Paris, una gran bailarina, coreógrafa y directora de teatro y cine". Después me habla de Manolo Campoamor, músico de Kaka de Luxe y también de Alaska y Dinarama, otro gurú de La Movida. Menuda colección de amigos que ha ido atesorando Kuki en todos estos años en esa vida que adivino apasionante, no me extraña que tenga un gran grupo de Whatsapp que se llama ‘fans de Kuki’.

Ha ido tres veces a la isla de Pascua, no le dieron los permisos para hacer una gran pirámide con la malla espacial de Pérez Piñero, mucho antes de que alguien decidiera hacer la del Louvre. Una mujer le adivinó que terminaría viviendo en París y que con el tiempo tendría un grave accidente… Y siempre le han gustado los inventos, imaginar cosas, poner nombre a nuevos locales. Los sudokukis nos hablan de un hombre rebosante de fantasía y creatividad. Único.

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