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La pantalla de Miriam Alegría

Andrea (@maddynchocolate): "La vida con mascotas también implica renuncias y responsabilidad constante"

Andrea, asturiana que se mudó a Murcia por amor, comparte vídeos junto a Maddy, su perra, que llegan a cientos de miles de personas y muestran cómo es vivir con un perro. Su amor por Maddy la llevó a crear una marca de accesorios para perros

Andrea, con Maddy

Andrea, con Maddy / L.O.

Miriam Alegría

Miriam Alegría

¿Quién es Andrea cuando se apagan las cámaras y Maddy se queda tranquila a tu lado? ¿Cómo es tu día a día fuera de redes?

Mi día a día es bastante parecido al de la mayoría: trabajar, pasear con Maddy, socializar, que con perro casi te obliga, y hacer deporte. Verdaderamente es muy parecido al que muestro en redes, pero teniendo en cuenta que en redes solo mostramos un porcentaje de lo que hacemos o somos. A mí a día de hoy me sigue dando un poco de vergüenza mi propia cámara del móvil, así que supongo que cuando se apagan las cámaras soy un poquito menos formal de lo que ya no soy (ríe).

Te has mudado a Murcia por amor, acompañando a tu chico, Alberto González, en su etapa como jugador del Real Murcia. ¿Cómo viviste ese cambio de ciudad y de vida y cómo te ha acogido la Región de Murcia, especialmente viviendo aquí con Maddy?

Muy bien. Nunca había estado en Murcia antes de venirme a vivir aquí, así que llegué sin expectativas ni prejuicios y la verdad es que estoy encantada. Subir la persiana cada mañana y ver tanta luz hace que empieces el día de otra manera, con otra energía. En ese sentido me ha resultado muy fácil adaptarme. La vida aquí con Maddy también es muy cómoda. Nosotros somos de Asturias y nos gusta mucho la naturaleza, así que siempre que podemos aprovechamos para llevarla a conocer sitios nuevos de la Región. El único ‘pero’ es cuando toca volver a Asturias, porque el trayecto con perro tiene que ser sí o sí en coche… Pero vamos, tan contentos cruzamos España por carretera si es por ella.

Maddy no es «tu perro», es claramente parte de tu familia. ¿En qué momento sentiste que era tu hija perruna y no solo una mascota?

Creo que no hay un momento exacto, es algo muy natural. Pasa de ser un «tú» a un «nosotros». Empiezas a preocuparte de su bienestar, de sus emociones y de su rutina, como lo harías con alguien de tu familia. Sin darte cuenta empiezas a tomar decisiones pensando en ella, a conocerla, a entenderla, y ahí es cuando el vínculo se vuelve muy profundo, como si formara parte de ti, casi una extensión emocional.

¿Qué dirías que es lo mejor que te aporta Maddy en tu día a día, a nivel personal y emocional?

Pues una de las mejores cosas que te pueden aportar: me hace reír muchísimo. Es muy graciosa sin buscarlo, ella en general. Sus caras, los ojos tan expresivos y que es un poco pícara, pero yo le veo siempre sus intenciones, así que cuando la veo ejecutándolas no puedo evitar reírme. Además, es muy cariñosa y apegada. Yo teletrabajo y ella se ha criado siempre acompañada, así que busca constantemente el contacto y la cercanía. Es un apoyo y una compañía enorme, como todos ellos. Y a nivel personal, a mí me ha enseñado a desarrollar mucha más empatía, paciencia y por supuesto responsabilidad.

Desde tu experiencia, ¿dirías que Murcia es una región ‘pet friendly’ de verdad o aún queda camino por recorrer?

Creo que todavía queda camino por recorrer, no solo en Murcia sino en todas las regiones, aunque ya se empiezan a ver cambios. Cada vez hay más establecimientos y alojamientos ‘pet friendly’, y eso es muy positivo. Aquí, por ejemplo, la playa ‘pet friendly’ de Mazarrón está estupenda, pero sí es verdad que todavía faltan más espacios donde poder compartir ese tiempo con ellos de forma normalizada.

Para quienes viven o visitan la zona con perro: ¿qué playas o zonas de costa de la Región de Murcia recomendarías para disfrutar con perritos?

La playa ‘pet friendly’ de Mazarrón, de la que hablábamos antes, está genial y es una muy buena opción. Fuera de temporada también me gusta mucho Calblanque, y La Manga sería una fantasía si los perros pudieran seguir accediendo el resto del año, aunque fuera solo en una zona concreta. Y si hablamos de naturaleza más allá de la costa, Sierra Espuña también es un sitio precioso para disfrutar con ellos.

Uno de los debates más habituales es la hostelería. ¿Qué opinas de los bares y restaurantes que no permiten la entrada de mascotas, aun respetando las normas de higiene y seguridad, sabiendo que Sanidad deja la decisión en manos del hostelero?

Creo que es un tema que tiene muchos matices. Doy por hecho que si Sanidad deja la decisión en manos del hostelero, cada establecimiento elija lo que considera mejor según su espacio y su público. Pero al mismo tiempo valoro mucho a los locales que apuestan por ser ‘pet friendly’ y lo hacen cumpliendo las normas de higiene y seguridad. Entiendo que no a todo el mundo le gusten los perros. Bueno, no, no lo entiendo (ríe), pero lo respeto. Mi experiencia siempre ha sido muy buena, la verdad. Intento buscar siempre la mesa más alejada que no pueda «molestar» a nadie. Aunque literalmente Maddy se echa en el suelo a los pies y se convierte en una alfombra al momento. Nunca he tenido queja, al revés, ha robado alguna que otra sonrisa a la gente que le veía.

¿Crees que falta información o más conciencia social sobre la convivencia con animales en espacios públicos?

Sí, creo que aún falta más información y conciencia. Muchas veces es desconocimiento más que mala intención, o eso quiero creer. Convivir con animales en espacios públicos implica responsabilidad, empatía y también educación: entender que no todo el mundo se siente igual con los animales, pero que con normas claras y respeto mutuo la convivencia puede ser muy positiva.

En redes se idealiza mucho la vida con mascotas. ¿Cuál es la parte menos bonita —pero real— de convivir con un perro y cómo la gestionas tú?

Creo que en redes se muestra mucho lo bonito, pero la realidad también implica renuncias y responsabilidad constante. Hay días de cansancio, imprevistos, gastos o momentos en los que tienes que anteponer sus necesidades a las tuyas. Yo lo intento gestionar siempre de la mejor manera, al final ellos solo están un tiempo en nuestra vida. Y la parte menos idealizada también forma parte de quererlo bien.

De tu amor por Maddy nació Makai, tu propio proyecto de accesorios para perros. ¿Cómo fue dar el paso al emprendimiento y qué querías aportar al mundo pet que no encontrabas en el mercado?

Emprender dio bastante miedo, y sigue siendo un camino difícil . Pero también ha sido un proceso muy bonito y de muchísimo aprendizaje. La idea de Makai surge de algo muy cotidiano: Maddy fue creciendo y me di cuenta de que muchos arneses respetuosos con el movimiento natural de los perros solo existían en tallas medianas o grandes si era con diseños muy clásicos o neutros. En cambio, los diseños más divertidos o diferentes solían estar pensados para perros pequeños o medianos, pero llegaban hasta cierta talla en la que Maddy empezaba a estar en el límite. Ahí vi una carencia y sentí la necesidad de crear una marca que tuviera en cuenta a todos los perros, independientemente de su tamaño, y que reuniera características realmente útiles, funcionales y respetuosas para cualquier perro. Makai nace desde esa experiencia real y desde la idea de cuidar los detalles sin excluir a nadie.

Si tuvieras que convencer a alguien que duda en adoptar o convivir con un perro, ¿qué le dirías desde tu experiencia real, no idealizada?

No sé. Convivir con un perro es una decisión que hay que tomar estando muy seguro, porque implica tiempo, compromiso y responsabilidad reales. A quien tenga dudas, le diría que se informe, que observe su estilo de vida y que sea honesto consigo mismo. Un perro puede aportar muchísimo a tu vida a nivel emocional y en más sentidos, pero también te exige constancia y renuncias. Si después de valorarlo sigue con dudas, quizás no es su momento.

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