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Cultura

Ana Gil Quiles, escritora: «Siempre escribo para transmitir algo, metiéndole caña; soy muy crítica»

La murciana remata la saga ‘Z Generación’ con ‘Desde mi encierro’, el relato de cómo el juego arruina a los jóvenes en una trama infectada por los años del covid

La escritora Ana Gil Quiles

La escritora Ana Gil Quiles / Juan Carlos Caval

Para un novelista, lo más satisfactorio debe ser que ocurran en la realidad los acontecimientos que solo iban a cobrar vida en la ficción. Por lo menos, es el orgullo de la escritora Ana Gil Quiles (Murcia, 1973) a propósito de la publicación de Desde mi encierro (Tirano Banderas), donde se adentra en la ruina que suponen los juegos de azar para los jóvenes mientras flotan en el aire los años de pandemia y las relaciones intergeneracionales con los mayores. El libro surge de una conversación sobre la pandemia al final de su anterior obra, En mi terreno (2020). En ella, Gil saltó al campo de la desigualdad en el fútbol femenino. «Y antes que lo de Rubiales. Si es que soy una pionera», celebra en varias ocasiones durante la entrevista. La última le ha exigido emplearse a fondo y con ella cierra la saga ‘Z generación’ en una trilogía.

La literatura se cruzó en su camino como gerente de empresas cuando sintió la necesidad de narrar la violencia de género a edades tempranas. No era una buena referencia para los jóvenes, asegura. De aquello surgió Toca mi ventana (2019). Reconoce que fue un éxito tan inesperado que espoleó el segundo título tan solo un año después. Con los mismos personajes atravesados por el torbellino de la adolescencia. El trabajo de campo con sus hijos adolescentes y en los colegios donde les coloca a los preadolescentes renglones rectos para su futuro, han hecho de ella una narradora comprensiva de la Generación Z.

¿Se imaginaba que la iban a llevar tan lejos estos mismos personajes de la Generación Z?

No. Pero, casualmente, la historia de En mi terreno termina a principios de marzo de 2020. Y aunque no pongo fechas en los libros, sí que al final hago mención al virus chino en una conversación entre dos personajes. Claro, ya el tercero los tenía que meter en la pandemia si o sí. Si yo quiero seguir cronológicamente a mis personajes, porque creo que se lo debo. No puedo obviar que la generación Z habéis pasado por esa pandemia y habéis estado encerrados. Y, además, se os ha culpado de todo... No me parecía justo y quise hablar de las apuestas y del juego y de un embrollo con un anciano en un asilo desde el entorno de la pandemia.

Los dos primeros libros se llevaron muy poco tiempo entre sí. A este le ha dedicado más.

A parte de que yo no me dedico al cien por cien a escribir, que tengo mi familia y mis líos, es verdad que quería hacerlo muy bien. En este caso, tenía que ser muy fina con las fechas y con lo que sucede, porque estoy metiendo la historia en un entorno real por el que todos los lectores han pasado. Quería trabajarlo bien, sobre todo, para que la gente se sintiera identificada con, por ejemplo, cuando salía la gente a las ocho a aplaudir o cuando estábamos delante de las noticias viendo las cifras... Que la gente se sintiera identificada con esos sentimientos. Lo he querido hacer muy bien documentado. Es un libro más maduro: todo lo que pasa en la pandemia está escrito en pasado y lo que pasa después del estado de alarma está en presente. Así que, para mí, ha supuesto un esfuerzo extra, con muchas revisiones.

Y mientras la gente ha tratado de borrar ese encierro, usted lo ha meditado mucho.

Ahora era el momento de sacar el libro. Recién salidos de la pandemia nadie hubiera dado un duro por él. Incluso ahora a la gente le puede echar un poco para atrás. Y creo que no hay que olvidarlo. Entiendo que la gente lo quiera olvidar. Y amigos míos me dijeron que estaba loca. Pero es algo que hemos pasado. La vida pasa muy rápida pero, en aquella época pasamos miedo.

Escribe que la Generación Z se ha criado en «una sociedad opulenta y cruel». Esa sociedad es la que tienen a cargo los ‘boomer’, como usted. ¿Ha sentido culpa mientras escribía?

No, no tengo remordimiento. A nivel personal, creo que mis hijos son mucho mejores de lo que era yo a su edad. Lo que sí pienso es que nosotros, de jóvenes, éramos mucho más libres. El móvil son unas esposas. Las relaciones eran mucho más sanas. Ahora es: «Uff, me ha dejado en visto, ya no me quiere...». Ahora veo que vivís muy atados a las tecnologías.

La novela pone especial atención en las relaciones intergeneracionales. Entre Elena, adolescente, y Felipe, un anciano que vive solo. ¿Los ‘zetas’ son más empáticos con sus mayores?

Fíjate, yo creo que sí. Precisamente en la pandemia, las nuevas generaciones hicieron mucho bien. Las personas mayores que podían hablar y verse a través de la cámara con sus nietos. Hacer ejercicio de forma conjunta... Tengo la sensación de que la relación es más cercana. Bien porque los mayores se han modernizado, o bien porque los jóvenes se han acercados más a ellos.

Y se había divulgado el mantra de la generación de cristal. Algo cambió con la pandemia, la dana, el accidente de Adamuz...

Me indigna eso. Antes ponía fotografías sobre los atributos que os ponen los psicólogos: que sois muy críticos, lo queréis todo ya... Ahora, en mis charlas, pongo fotos de los jóvenes en Valencia porque esas imágenes dicen, ¿sois críticos? Pues os cogéis un cubo y una pala. ¿Empáticos? Como tenéis más información sobre todo, sois mucho más solidarios... Ese es el ejemplo de la Generación Z.

La trama es la adicción de uno de los personajes a los juegos de azar. La Región está a la cabeza de España en más salones por habitante.

Es un tema que me preocupa. Me da miedo como todas las adicciones, teniendo hijos. Veo en mi entorno a chicos que empiezas con sus primeras apuestas. Y ahora no hace falta ni salir de casa con las ‘online’. Enfrente del colegio de mi hijo hay un salón de apuesta, así que son cosas que tengo a mi alrededor y no me gustaba. En el libro yo cuento que hay un edificio en el norte de la ciudad que se llama Calipsia, que califican como un centro de ocio siendo un casino, y que justo se iba a inaugurar el día que nos confinaron.

Se traslucen sus preocupaciones como madre.

Sí, como madre y como persona que está en el mundo. Siempre quiero transmitir algo, aunque sea un ‘thriller’, con giros de guion, misterio, se lee muy rápido, con capítulos muy cortos y lectura fresquita. Pero siempre metiéndole caña a algo. Soy muy crítica.

¿Cuánto le han ayudado sus fuentes ‘zetas’, sus hijos?

En los tres me han ayudado. Mi hija y sus amigas escribieron el prólogo en los dos primeros. En este no porque he querido transmitir mis sentimientos, seis años después, cómo he visto la pandemia. Pero mi hijo me asesoró mucho con el lenguaje, con el fútbol para En mi terreno. Para el primero también sobre las redes sociales. Desde mi encierro se lo leyó primero mi hija y me hizo una corrección superexhaustiva. Me decía, por ejemplo: «Esto no mamá, que es muy ‘boomer’». También ha metido más términos.

¿Habrá más de la Generación Z después de Desde mi encierro?

En principio sí. Ya estoy rumiando otro libro que no tiene nada que ver. Pero cuando escribí el primero no pensé que iba a haber un segundo...

¿Y algo que puedas contar sobre «ese libro que está rumiando»?

Este irá sobre un personaje real. Así que necesito documentarme aún más. No será como los de ‘Z generación’, que sí que van a despertar emociones, a saco. Ya tengo más o menos la trama en la cabeza. Pero ahora tengo muy poco tiempo. Y quiero disfrutar la promoción de Desde mi encierro.

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