Cultura
Las raciones son muy pequeñas
Abraham Boba, cantante, teclista y compositor de León Benavente, echó el cierre al ciclo "Poesía a Escena" con el estreno de un espectáculo híbrido de poesía, música e imagen basado en su libro '163' centímetros'' (Arrebato Libros), cuyo escenario fue el Teatro Circo de Murcia.

Abraham boba, cantante y compositor de León Benavente / L.O.
''163 centímetros'' es un ensayo poético sobre lo que conlleva ser una persona de baja estatura, acerca de las consecuencias de no nacer con un cuerpo dentro de la norma; una autobiografía, y no sé si decir una sesión pública de diván, donde se mezclan disciplinas escénicas, con el propio autor como único actor, interactuando con imágenes proyectadas y transformándose de alguna manera en esas personas que fue en el pasado, o que nunca ha sido, pero con quienes ha compartido la circunstancia de ser un hombre de baja estatura. No es un concierto de León Benavente; tampoco un recital poético al uso, ni un monólogo humorístico, y es todo eso a la vez.
En algún momento del show me vino a la cabeza Andy Kaufman, que no era un genio del humor. No sabía hacer reír, él mismo lo decía : “nunca he contado un chiste”. A su vez, esas palabras remiten a Lenny Bruce cuando negaba ser humorista y, a pesar de eso, hacía reír. Quizás Andy sí fuera un genio solo por crear el personaje de Tony Clifton, alter ego con quien decía mantener una rivalidad profesional.
Ya con ''Esto no es una canción'', Abraham experimentó lo que supone trasladar nuna obra escrita al escenario. Ahora la cosa es distinta con este espectáculo divertido y original. Sus “memorias” son una tierna delicia que permite profundizar en la vida del frontman de León Benavente, y ver cómo los años han ido configurando su personalidad. Posiblemente, como en las películas de Woody Allen, incite a la reflexión.
El cantante, escritor y ahora actor mostró sus obsesiones, dudas e inseguridades, las del personaje que interpreta, su relación con el psicoanálisis y la vida. Con un tono lúcido y sin victimismo, recorre su infancia, sus afectos y su relación con el cuerpo y el arte, acompañado por fotografías personales y una cuidada edición visual. Dice que cuando tuvo la idea de escribir este libro, se le cruzó "El libro de las lágrimas" de Heather Christle, la poeta neoyorquina; siguió un poco su estructura para “163 centímetros”: mezclar párrafos autobiográficos con estudios relacionados y datos más objetivos. También se le cruzó la biografía de Jarvis Cocker, un artista que siempre le pareció muy interesante por cómo cuenta su vida sin resultar dramático ni sonar victimista.
Abraham apareció sentado relajadamente frente a un atril con un micrófono en la mano: así comenzó su discurso con un tono de autocrítica, hipocondría, paranoia y humor oscuro. Durante el show se cambia de ropa en el escenario, y utiliza videos familiares de hace décadas e imágenes grabadas para la ocasión que no son un apoyo escénico, sino que ilustran el recorrido por el texto, con un montaje vivo y rítmico, entre cinematográfico y documental. Para ello ha contado con la fotógrafa y cineasta Sara Condado, con quien ya había colaborado en numerosos videoclips de León Benavente. Del diseño lumínico y sonoro se encarga el equipo técnico de León Benavente: juntos han desarrollado una propuesta evocadora, poderosa, que sirve para entender mejor cómo el mundo cambia de tamaño según el punto desde el que se mira.
Un filósofo decepcionado pero encendido
Con un humor bastante autorreferencial, a Boba le gusta hacer humor desde sus verdades. Como un filósofo decepcionado pero encendido, se ríe de sí mismo, de su vida, de su pasado, de su presente, de sus defectos, miedos, miserias, contradicciones. Entre guitarrazos a lo Nirvana, una adaptación en español de "Short people" de Randy Newman,y una espléndida versión de "Purple Rain" de Prince (que medía 157 cm) donde se muestra sexy, discurre esta suerte de stand-up musical que combina comedia monologada con canciones. Se ríe de la sociedad, de la hipocresía, de los clichés, de los prejuicios, de los comentarios sobre su estatura («parece mentira, con lo bajito que eres, lo gigante que pareces sobre el escenario») en casi una hora que se pasa volando; una - se me antoja- sesión de terapia que es por turnos catártica y por turnos confrontativa, pero siempre entretenida, con reflexiones que se detienen en la infancia, los recuerdos (el sabor anargo de las ampollas para hacer crecer disueltas en zumo de naranja), el deporte (de practicante de taekwondo a jugador de baloncesto), la imagen (también habló de unas cintas de vídeo que su hermano grababa de videoclips que salían en la tele: así supo de Paul Simon por una entrevista con Chevy Chase), el canon de belleza marcado por el “David” de Miguel Angel, pasando por referentes históricos y populares que han hecho bandera de la estatura baja (uno de los momentos más descacharrantes lo protagoniza hablando del complejo napoleónico, vestido como el “pequeño corso”, que no era tan bajo) incluso citó un ensayo de Montaigne - ese pasaje sobre su altura-, y habló de la creación desde el punto de vista y las experiencias personales de un artista que comparte su visión del mundo. Una maravilla de sarcasmo relajado que oficia como respuesta cabreada a la victimización quejumbrosa, diseccionando y dilucidando lo absurdo del lenguaje en esa fina línea entre comedia y drama que desviste las vergüenzas de la norma con inteligencia, mordacidad y mucha emoción.
Aún pendiente de algún pequeño ajuste, "163 centímetros" no es el típico monólogo simplón, ni el típico concierto para echar el rato. Tampoco la típica obra de teatro graciosilla. No. Demostrando un control absoluto de la dicción y de la voz, el músico masticaba y saboreaba cada palabra; manejando a la perfección los cambios de ritmo necesarios para un espectáculo de este tipo. Supo introducirnos de lleno en su mundo, haciéndonos sentir parte de lo que iba contando. Sí, va de un libro sobre la estatura, pero habla de muchas más cosas, de su forma de ver la vida.
En el monólogo final de Annie Hall, Woody Allen la describía así: "¿Conocen este chiste? Dos señoras de edad están en un hotel de alta montaña y dice una: ¡Aquí la comida es realmente terrible! Y contesta la otra: ¡Sí, y además las raciones son muy pequeñas! Pues, básicamente, así es como veo la vida. Llena de soledad, miseria, sufrimiento, tristeza… Sin embargo, se acaba demasiado deprisa."
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