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Música

Walls: "Aceptar que te olviden también es una forma de paz"

A sus 25 años, el artista murciano presenta ‘El día que me olvides’, un disco introspectivo con el que deja atrás el ego para abrazar un pop rock más honesto, emocional y atemporal

WALLS

WALLS / Juan Carlos Caval

Con 25 años, el murciano Ginés Paredes, Walls, publica El día que me olvides, su tercer álbum de estudio y el más introspectivo de su carrera. Lejos del descaro nocturno de sus primeros trabajos, el disco muestra a un artista en pleno proceso de maduración personal y creativa, decidido a abrazar la vulnerabilidad, el rock orgánico y una escritura más honesta. Inspirado en el pop rock de los noventa, el álbum reflexiona sobre las despedidas, el paso del tiempo y la aceptación del olvido, con una presencia emocional muy marcada de su padre y de la memoria compartida a través de la música.

Producido por Liam Garner y Lalo GV y compuesto junto a J Cruz, Jesús Juárez (Delgao) y Raúl Gómez (Gomz), el disco incluye colaboraciones como Vulnerable, junto a Dani Fernández, uno de los temas más escuchados del momento en Spotify España. Walls presentará este nuevo trabajo el 21 de febrero de 2026 en el Movistar Arena de Madrid, en lo que supone uno de los mayores hitos de su trayectoria. Antes, reflexiona con calma sobre el ego, el éxito, la salud mental y el lugar al que siempre vuelve: Murcia.

Escuchado el disco, lejos del cliché, usted lo define como su trabajo más personal. ¿Qué tiene este álbum que no se habría atrevido a contar hace dos o tres años?

Creo que, aunque sigo siendo muy joven y me queda muchísimo por aprender, en este disco he cambiado bastante la perspectiva que tenía tanto del rock como de mí mismo. Me he permitido mostrarme más vulnerable, más sensible, y dejar de hacer un álbum tan centrado en el ego, en el ‘ego trip’. He intentado ser más sincero.

Además, empiezo a tratar temas más trascendentales, como la muerte o la despedida, que no estaban en mis discos anteriores, mucho más centrados en el amor de pareja. Todo eso le da al álbum un carácter más introspectivo y más honesto.

La canción El día que me olvides suena claramente a despedida. ¿Es una despedida de alguien, de una etapa o de una versión de usted mismo?

El disco entero gira en torno a la idea de despedirse y a las distintas formas de vivir esa despedida. La canción habla como si yo estuviera muerto, como si estuviera en el cielo, pero desde un lugar de aceptación. Asume que nuestra trascendencia es limitada y que las personas a las que queremos siguen con su vida.

Está dedicada a alguien a quien quiero mucho y a quien, con el paso del tiempo, inevitablemente dejaré de ocuparle el mismo espacio. Y no pasa nada. El mensaje es ese: cualquiera se va, al día siguiente vuelve a salir el sol y la vida continúa.

En ese sentido, el disco parece desmitificar la idea de permanencia del artista. ¿Cree que a los músicos les cuesta aceptar el olvido?

Muchísimo. Los artistas tenemos una obsesión enorme con llegar a todo el mundo y con ser imprescindibles. Incluso nos molesta que la gente pueda seguir con su vida más allá de nuestra música.

Pero es que se murió Michael Jackson y al día siguiente la gente siguió yendo a trabajar, haciendo sus cosas. Y no pasa nada. Aceptar eso también es un ejercicio de humildad y, en el fondo, de paz.

El álbum arranca desde el caos emocional y termina en la aceptación. ¿Ese recorrido refleja cómo se encuentra ahora mismo?

Refleja cómo me he sentido durante este último año y medio o dos años, que es el tiempo que he estado trabajando en el disco. Al principio hay negación, ego, incluso una necesidad de demostrar cosas. Por eso los temas con una narrativa más egocéntrica están al inicio.

Conforme avanza el álbum voy asumiendo mis miedos, mis contradicciones y mis límites. No es tanto cómo me gustaría estar, sino cómo he estado realmente durante este proceso.

Musicalmente se aprecia un sonido más rock, más orgánico y noventero. ¿Qué le ha dado el rock que no encontraba en el pop urbano?

Para mí el rock no es solo un sonido, es una actitud. Alguien puede sentarse delante de un piano de cola, sudado, muy Charly García, y eso es rock and roll. No va solo de guitarras potentes, sino de verdad y de entrega.

A nivel sonoro sí que hemos hecho un disco más orgánico, grabando instrumentos reales, baterías, buscando una sensación más humana y menos programada. Creo que tomarte esa molestia también es una forma de madurar y de respetar la música que estás haciendo.

En sus primeros trabajos había más noche, más provocación. ¿Este disco marca un antes y un después definitivo en su carrera?

Siempre que saco un disco, durante la promo digo que he encontrado exactamente lo que quiero hacer, y seguramente siempre será mentira. Seguiré probando cosas.

Lo que sí tengo claro es que hay cosas innegociables: la manera de componer, de tratar las canciones, de no buscar un hit de forma consciente. Escuchar lo que la canción pide y hacerla con cariño, sea cual sea el género.

Ha reconocido que durante mucho tiempo se sintió atrapado en el personaje del ‘canalla’. ¿Qué le estaba protegiendo ese personaje?

Más que miedo, era una idea equivocada de lo que yo pensaba que debía ser el rock. Creía que había que demostrar lo guay que eras, lo que hacías por la noche.

Además, yo venía del freestyle y luego hice un disco muy pop, y necesitaba ser oscuro, no quería parecer blando. Al final me estaba poniendo etiquetas yo solo y limitándome. Se pueden hacer muchas cosas distintas y todo puede convivir si eres honesto.

Vulnerable, junto a Dani Fernández, es una de las canciones más destacadas del disco. ¿Cómo surge esa colaboración y qué ha supuesto para usted?

Dani ha sido una especie de padrino para mí. Me ha enseñado mucho sobre música, sobre pop y sobre industria. Tiene un camino parecido al mío: le ha costado labrar su nombre y durante mucho tiempo se le juzgó más por su pasado que por lo que hacía en ese momento.

Además de ser una persona maravillosa, su presencia era necesaria en este disco. Creo que le da un salto de calidad importante y estoy muy contento de haber contado con él.

En varias canciones aparece el contraste entre el escenario y el silencio posterior. ¿Qué es lo más difícil de gestionar cuando se apagan las luces?

Yo lo llevo bastante bien, la verdad. Cuando llego a casa intento dedicarme a ser yo y a hacer cosas que no puedo hacer cuando estoy de gira.

Soy un privilegiado porque puedo ocupar mi cabeza con lo que quiero, y creo que eso también conlleva una responsabilidad: aprovechar ese tiempo, cuidarte, leer, tocar la guitarra, vivir.

Cada vez más artistas de su generación hablan abiertamente de salud mental. ¿Están más preparados o simplemente ya no quieren esconderlo?

Creo que ahora se habla más de salud mental y ojalá no sea una moda pasajera. Si te duele la rodilla nadie lo cuestiona, y con la cabeza debería ser exactamente igual.

Los músicos, además, lidian con un cariño masivo que muchas veces se siente superficial y luego con mucha soledad, y eso puede jugar malas pasadas. La música puede ayudar, pero cuando alguien me dice que una canción le ha salvado, siempre respondo lo mismo: te salvaste tú. Hay gente que lidia con demonios muy grandes y sale adelante porque es valiente, aunque a veces no se lo reconozca.

Presenta el disco en el Movistar Arena con solo 25 años. ¿Siente presión ante un salto tan grande?

Es algo muy grande. Hay días que pienso que ya era hora y otros en los que siento que quizá es demasiado pronto. Pero la gente está respondiendo, va a estar lleno, y eso también te da confianza. Ahora toca hacerlo lo mejor posible.

Aunque su carrera ya es nacional, Murcia sigue muy presente en su discurso. ¿Qué peso tiene su origen en su forma de entender la música y la vida?

Muchísimo. Aunque ya no viva aquí, Murcia está en mi lenguaje, en mi forma de tratar a la gente, en mi manera de entender la fiesta y la vida. Siempre que salgo después de un concierto busco algo que se parezca a Las Tascas.

Estoy muy orgulloso de donde vengo. Creo que Murcia es el secreto mejor guardado de España y muchos de mis sueños, personales y profesionales, pasan por aquí.

Mirando este disco con perspectiva: ¿Qué le gustaría que se entendiera de quién era Walls en este momento dentro de diez años?

Seguramente seré muy crítico conmigo mismo, como siempre. No me importa que se me recuerde por mis errores o mis equivocaciones; eso me hace humano.

Si la gente ve esos fallos, ve las imperfecciones del disco, y aun así me sigue teniendo cariño, entonces significará que algo habré hecho bien.

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