En su rincón
Antón Valén: El teatro como terapia
Hasta ver amaneceres en medio mundo con el Circo del Sol, el escenario fue el lugar donde superar sus hándicaps

Antón Valén en el Teatro Circo de Murcia / Javier Lorente
Es un embajador cultural de nuestra Región, un grande del Teatro. Antonio Valero Moreno, Antón Valén artísticamente, ha recorrido, durante años, todo el orbe con su trabajo en el Cirque du Soleil. La gira le enriqueció personalmente y seguro que le cambió. A su vuelta sigue vinculado a su labor pedagógica, ayudando a actores y a grupos de teatro. He disfrutado con él de esta mañana en torno a un café, en la avenida de Alfonso X, el Sabio, en Murcia.
Nació en Calasparra, se crió en Cieza y luego se vino a vivir a la capital regional. Es hijo de agricultores en aquella tierra de almendros, y desde pequeño ayudó en las tareas agrícolas, en lo que creía que sería, por tradición familiar, su futuro. Un día, un amigo lo llevó a un ensayo teatral de un grupo aficionado de Cieza y ese fue su primer contacto con un mundo hasta entonces desconocido: "Yo era muy tímido y además tenía importantes dificultades auditivas, que he arrastrado siempre. Lo que era un hándicap se convirtió en un aliado. En el grupo teatral había maestros y hasta un logopeda, y no sólo me sentí acogido, sino que se volcaron en ayudarme. Poco a poco me fui integrando en aquél grupo y no tanto por mi vocación teatral sino por todo lo que me estaban aportando para socializarme".
En el grupo teatral había maestros y hasta un logopeda, y no sólo me sentí acogido, sino que se volcaron en ayudarme
El muchacho destacaba por una mirada especial que todo lo captaba y por una expresividad corporal que fue desarrollando cada vez más. "Y encima con esta afición teatral lograba escaquearme de las labores del campo. Me costó un año convencer a mis padres de que me dejasen estudiar en la Escuela Superior de Arte Dramático. Llegado el momento, pasé dos noches sin conciliar el sueño antes de empezar las clases. Realmente me arrepentí y estuve a punto de arrojar la toalla, pero enseguida volví a sentir el apoyo de mis compañeros. Siempre me ha pasado lo mismo, la gente te da ternura, te ayuda a volar y encima te enseña. Yo he aprendido muchísimo de todos mis compañeros. Poco a poco logré valerme por mí mismo y fui adquiriendo una fortaleza que me ayudaba a afrontar las adversidades y las dificultades". Aún así, los estudios de la ESAD eran de tres años y a él le costaron siete, pero persistió, lo tenía entre ceja y ceja.
Con el ‘mimo’ de Jacque Lecoq
Quiso estudiar con Marcel Marceau, se fue a París para ello, tenía 18 años y no lo logró porque la edad exigida eran 16. Como no hay mal que por bien no venga, fue entonces cuando conoció a Jacque Lecoq, estudiando en su Escuela Internacional de Teatro. Considera que le vino muy bien formarse en un teatro más amplio que el mimo. Me cuenta que consiguió una beca y que en los veranos seguía trabajando en la frutería. "Aprendí mucho y disfruté, profundizando en el teatro de máscaras, en el movimiento, en los géneros de tragedia o melodrama, en la comedia del arte, juegos escénicos, ‘clown’, creación de historias…".
Siempre eran una dificultad sus problemas de audición y sus problemas de idioma, pero nunca faltaba la ayuda de los compañeros que le traducían o su capacidad para leer los labios y la expresividad corporal: "Yo nunca salía el primero a hacer los ejercicios que nos exigía el profesor, así que al ver a los compañero sabía exactamente lo que yo debía hacer". En París vivía en la Residencia de España, con una beca, y recuerda aquellos años con especial cariño: "Aprendí todo lo que le es universal al teatro, pero siempre intenté buscar mi propio método, mi propio camino".
A los 18 años se marchó a París y conoció a Jacque Lecoq estudiando en su Escuela Internacional de Teatro
Me habla de otros maestros que tanto le enseñaron: Norman Taylor, Antonio Fava, Philippe Gaulier, Pierre Byland, Angela de Castro, Michel Dallaire, Ramón Albistur, Carlos Colombaini, entre otros. Me gusta que haga referencia a sus maestros, cuando él también lo ha sido y lo sigue siendo. Me confiesa: "Hoy día ya me he retirado de mi carrera de actor y nada me gusta más que impartir cursos teatrales, aportar a la nueva generación de actores y actrices".
Otro momento significativo en su carrera fue en la ‘Expo’ de 1992, allí hacía varios pases al día de teatro de calle, una experiencia de contacto con el público, sin la cuarta pared, que nunca olvidará. Recuerda especialmente al que fue director de la ESAD, el inolvidable Antonio Morales, "que confió más en mí que yo mismo". Con él estuvo de profesor en la Escuela durante nueve años. Quien esto escribe, lo conoció después, cuando hizo 'I Love Camberra' de Boleslav Polivka, con la Compañía Los Locos, y 'Don Quijote, alcohólicos anónimos y otros', dos montajes inolvidables que tuve la suerte de disfrutar y fotografiar en el Certamen de Teatro de Pozo Estrecho.
Un casting desde la cocina
Seguimos hablando, me cuenta anécdotas, giras, reflexiones teatrales, me insiste en que hoy día le apasiona más la pedagogía teatral que la actuación, me avisa de que no se quiere jubilar, que va estar en el teatro mientras el cuerpo aguante… Y claro, estoy deseando que me hable de su gran experiencia en el Circo del Sol. Estaba haciendo un Curso de Comedia del Arte en Italia y lo animaron a presentarse, mediante un vídeo que improvisó en la cocina, a unas pruebas. No daba un duro por el éxito de aquello, pero ahí lo tienes, consiguió el puesto y se convirtió en un artista internacional que triunfó durante años recorriéndose países, ciudades y continentes. "A mí no me gustaban los típicos payasos, esos que se tiraban las tartas, pero aquel espectáculo del Cirque du Soleil me encantó".
No hemos aprendido nada del siglo XX
En cada lugar estaban una media de tres meses, así que me cuenta mucho de lo que vio, de las culturas, las gentes y los paisajes, desde Nueva York a Australia, desde Londres a Tokio: "Es impagable todo lo que he conocido, disfrutado y aprendido". Si tuviera que elegir un país, me confiesa que volvería a Japón. "Es una cultura que me gusta, con sus ciudades llenas de historia y su cultura milenaria. Mucho mejor que EE.UU, con sus ciudades fantasma llenas de oficinas, su falta de cultura, su patriotismo hueco de banderitas y esa cultura consumista de las grandes superficies que detesto. Hemos copiado sus grandes centros comerciales en las afueras, con sus grandes atascos. Son una manera de vender coches y combustible". Terminamos hablando de política. Le preocupa mucho el escenario mundial: "No hemos aprendido nada del siglo XX".
- La Guardia Civil anuncia controles sorpresa en Murcia a cualquier hora y en cualquier carretera
- Cabo de Palos y La Azohía tendrán los dos primeros canales de nado
- ¿Por qué lleva semanas cortado un carril de acceso para entrar a Murcia por Ronda Norte?
- Once colegios de la Región se suman al 'modelo EGB': impartirán primero y segundo de la ESO el próximo curso
- La Mara Salvatrucha aterriza en la Región de Murcia con un encargo de asesinato por 3.000 euros
- Película de terror del Real Murcia en Alcorcón
- El cardiólogo José Abellán recomienda estos suplementos para cuidar el corazón
- Federico Arias, nuevo entrenador del FC Cartagena