Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Barranda Folk

Manu Sequera: "«El alma está en la intención y en como filtras la tradición"

El cantautor extremeño presenta este viernes 'Mestranzo', un viaje por la tradición ibérica reinventada con un lenguaje musical contemporáneo

El extremeño Manu Sequera llega este viernes a Barranda con su nuevo trabajo, 'Mestranzo'

El extremeño Manu Sequera llega este viernes a Barranda con su nuevo trabajo, 'Mestranzo' / Paco Morales

La fiesta contiene un amplio programa de actividades que se prolongará durante todo el fin de semana, como el festival Barranda Folk con un concierto doble protagonizado por El Naán y El Efecto Verdolaga, o una de las fechas del FolkFest Región de Murcia, con el extremeño Manu Sequera, a quien entrevistamos, presentando su nuevo trabajo: Mestranzo, un viaje por las músicas olvidadas de la tradición ibéria donde nanas, jotas, rondeñas, coplas y rogativas cobran nueva vida a través de una cuidada puesta en escena y un elenco excepcional de músicos.

En la abundante nueva cosecha de artistas de la música tradicional, el joven compositor e intérprete Manu Sequera destaca por méritos propios. Tras pasar por formaciones como Zarandango y Algaraba, y participar en festivales como Pirineos Sur y Folk Plasencia, su segundo disco es una de las mejores noticias que la música de raíz nos ha traído en los últimos tiempos. Respira autenticidad, compromiso y belleza, y lo confirma como una de las voces más singulares del nuevo folk ibérico.

¿Cuál fue la “semilla” principal de Mestranzo y cómo fue el proceso de seleccionar qué sonidos tradicionales se quedarían y cuáles se transformarían?

La semilla fue la tradición oral, pero entendida como algo vivo, no como algo que huele a naftalina. La que me conecta con las personas mayores, con los pueblos, con lo bonito del compartir intergeneracional. Mestranzo nace de escuchar a la gente, de los cancioneros antiguos como el de Bonifacio Gil, de romerías, rondas y cantos de trabajo. A partir de ahí, el proceso fue casi artesanal: dejar que cada tema “pidiera” su forma. Algunos se quedaron muy cerca del original, otros se abrieron a armonías nuevas, texturas contemporáneas o paisajes más místicos. La clave fue respetar la intención y la emoción de la raíz, aunque cambiara el traje sonoro.

Mestranzo suena a tierra, pero también a modernidad. ¿Cómo logras que instrumentos ancestrales dialoguen con armonías contemporáneas sin que pierdan su “alma”?

Creo que el alma está en cómo filtras la tradición o cómo la pasas por el corazón, en la intención con la que lo tocas. Puedes usar una zanfona, un pandero o una flauta travesera en un contexto armónico moderno, pero si el pulso, el fraseo y la manera de cantar siguen viniendo de lo popular, la raíz sigue ahí. En el estudio en Murcia, con Pedro Contreras, buscamos precisamente eso: un espacio sonoro cálido, cercano, donde la tecnología no se comiera la respiración humana del tema ni su esencia. Me gusta llamar a mi música folk artesano.

¿Cómo equilibras el respeto casi antropológico por la raíz con la necesidad de crear un lenguaje propio?

Para mí, estudiar la tradición es un acto de amor. Me encanta la voz como nexo de unión. Escucho, investigo, pregunto, hago trabajo de campo y en cancioneros, y luego dejo que todo eso pase por mi filtro, por mi biografía y por mi manera de entender la música y el mundo. Ahí aparece el lenguaje propio. Si solo reprodujera, sería un intérprete; yo necesito crear, contar mis emociones de hoy con palabras y sonidos de ayer.

Quería que el disco oliera a tierra mojada, a ropa tendida, a cocina vieja

¿Qué buscabas transmitir con Mestranzo que no habías explorado antes? ¿Se ha “contaminado” por tu residencia en Totana?

Toda mi trayectoria profesional y personal nutre la música que hago. Buscaba una dimensión más poética y sensorial, conectada con el alma del pueblo. Me gusta crear atmósferas y llevar a quien lo escuche a diferentes atmósferas sonoras y paisajes musicales; que el disco oliera a tierra mojada, a ropa tendida, a cocina vieja. Totana siempre inspira, entre aromas de pinar o entre el barro de tinajas.

¿Qué elementos del folklore extremeño crees que siguen siendo grandes desconocidos?

Para mi la voz es un elemento esencial en mi concepción del folk. Me gusta rescatar instrumentos olvidados, como diferentes panderos cuadrados como el de Peñaparda, que es más conocido, o el de Aceuchal, mucho menos popular. Me gusta conectar con las historias y con las melodías ancestrales.

¿Qué define ese ADN común del folk de raíz ibérica?

En el folk hay muchos temas comunes, se canta a la vida, se canta al amor, se canta a lo divino y lo humano. La naturaleza acompaña mi música. Me conecta con la esencia del compartir en comunidad; el vínculo entre música y vida cotidiana. Hay modos melódicos, giros rítmicos y una forma de cantar muy terrenal, muy directa, que nos hermana, aunque cambien los idiomas o los acentos de esta Iberia tan rica, tan diversa.

¿Cómo trabajas la polirritmia sin perder la esencia de baile popular?

Primero desde el cuerpo. Si no se puede bailar, algo falla. La polirritmia entra como un juego, como capas que se suman, pero siempre con un pulso base claro. Me gusta pensar que es como una plaza del pueblo: hay muchas conversaciones a la vez, pero todos comparten el mismo suelo. En este disco he contado con grandes músicos que ayudan a hacerlo posible. Iván Mellén ( Fínfano), Diego Salamanca a las guitarras, Pedro Gómez a las cuerdas, zanfona y salterio, Sofía Canals al violín, Mayra Pérez a la voz, Pedro Contreras al piano, y con arreglos musicales, flautas y coros de Pedro Pérez. El mejor equipo posible.

En el folk se canta a la vida, se canta al amor, se canta a lo divino y lo humano

¿Cómo encaja tu propuesta en el resurgir de la música de raíz en España?

Creo que suma una mirada más cercana y rural, menos urbana. Hay propuestas muy potentes desde lo escénico o lo moderno. Yo vengo más desde lo íntimo, desde la memoria, desde el canto a lo pequeño: la abuela, la fuente, el campo, la romería. El tú a tú y lo íntimo.

¿Sientes que el público joven está volviendo a la raíz? ¿Cuál es el mayor reto hoy?

Sí, hay curiosidad y ganas de reconectar. El folk es compartir, bailar, vivir. Para mi el mayor reto es compartir desde lo intergeneracional, y que se potencien estos espacios por parte de las administraciones.

¿Qué objeto “no musical” te ha sorprendido más, qué llevas al directo?

Me gusta sacar almireces, mesas para panaderas. En directo llevo panderos, percusiones ibéricas, instrumentos de metal y madera, además de la banda: cuerdas, zanfona, flautas, guitarras, contrabajo y coros, pero lo que más me llena es la voz llevada a su máxima potencia.

En Barranda se siente el folclore en cada rincón: suena a pandereta, a guitarro y a lumbre

¿Hacia dónde se dirige ahora tu búsqueda sonora?

Me gusta explorar melodías desde lo modal que me lleguen por algo, que sean poco conocidas y que no estén grabadas. También me gusta crear canciones desde cero, como Virgen de la Salud o Viva niña, en este último trabajo, o la canción del gazpacho de mi primer disco.

¿Qué nos vamos a encontrar en Barranda? ¿Qué formato traes?

Un viaje sensorial y musical. Un “ramo” de canciones de la Iberia más profunda, con formato de banda completa, mucha percusión, voces, cuerdas y momentos íntimos. A Barranda traigo grandes músicos y mejores personas para compartir estas canciones de la Iberia más profunda, más desconocida. Un placer tocar en este pueblo que huele a baile, que se siente el folklore por cada rincón, y que suena a pandereta, a guitarro y a lumbre.

Viernes 23. Centro Cultural Pepe Salcedo (Barranda). 21:30 horas

Tracking Pixel Contents