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Patio de butacas

'Los yugoslavos': el bar como escenario de vida, reflexión y palabras

El Teatro Circo y el Auditorio Margarita Lozano acogen la representación de Juan Mayorga este fin de semana

El equipo de 'Los yugoslavos'.

El equipo de 'Los yugoslavos'. / Alba Vigaray

La opinión

Los bares de barrio, dice el dramaturgo Juan Mayorga, son como plazas mayores: «un lugar donde puede ocurrir cualquier cosa buena o mala, en el que puede entrar un ángel o un demonio». Esa mirada al espacio cotidiano inspira Los yugoslavos, obra en la que el autor recrea un bar de Chamberí con manteles de papel, banquetas altas, vasos, tazas y botellas de pacharán y Anís del Mono que recuerdan a los bares españoles de siempre.

La historia se centra en Martín, camarero que ve en su bar un lugar con ética y poética propia, y Gerardo, cliente que busca sostener con sus palabras a otro hombre desamparado. Entre ellos se construye un vínculo que atraviesa diálogo, silencios y empatía, mientras dos mujeres, Ángela y la adolescente Cris, participan en un ‘intercambio de mapas entre mujeres’ que simboliza la búsqueda de sentido y pertenencia.

Pérdida y memoria

El título de la obra alude a un país que ya no existe, Yugoslavia, como metáfora de la pérdida, la memoria y los espacios que siguen arrojando luz o sombra. La experiencia personal de Mayorga también se refleja: su viaje a Yugoslavia en los años noventa y las imágenes de convivencia y colapso multicultural que allí vivió influyen en la obra, que explora la depresión, el amor, la ausencia y la esperanza a través de la vida cotidiana en un bar.

Puesta en escena

En escena, el reparto —Javier Gutiérrez, Luis Bermejo, Natalia Hernández y Alba Planas— da vida a personajes profundamente humanos. La escenografía y vestuario de Elisa Sanz, la música y espacio sonoro de Jaume Manresa, y la iluminación de Juan Gómez-Cornejo refuerzan la intimidad y el tono contemplativo de la obra. Mayorga integra guiños a otros trabajos suyos, como El cartógrafo, La colección o Reikiavik, creando un universo autorreferencial que refleja su idea del teatro como gran escenario del mundo.

Una fuerza transformadora

Para Mayorga, el lenguaje tiene poder: «Las palabras salvan y matan, y creo que debo ser más responsable con las mías, estar atento a lo que digo. Vivimos en una sociedad de la imagen y, al mismo tiempo, hay una pelea por las palabras, por construir relatos que legitimen o enmascaren injusticias». Los yugoslavos se convierte así en una obra sobre la atención, la escucha, la empatía y la capacidad transformadora de los diálogos y silencios en el día a día.

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