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Literatura

Enrique Murillo, editor: Un libro abierto sobre las luces y sombras de la edición en España

El autor de 'Personaje secundario' (editorial Trama) presenta este marte su libro-bomba sobre el mundo editorial a las 19 horas en Libros Traperos, en Murcia, junto a Lola López Mondéjar y Paco Paños

El editor que lo cuenta todo, Enrique Murillo (1944)

El editor que lo cuenta todo, Enrique Murillo (1944) / J. Marimón

Ángel Montiel

Ángel Montiel

Cuando el lector concluye las 538 páginas de este libro y lo cierra, se reencuentra en la portada con su título, y piensa que éste no puede ser más contradictorio. Para ser, como se define, un 'personaje secundario', Enrique Murillo se nos desvela en su relato como un actor principal de la edición de libros en España desde la Transición, desde los tiempos de Carlos Barral hasta nuestros días, ya con los ochenta años cumplidos. Una edad propicia para no andarse con tapujos, salvo a lo que obliga la seguridad jurídica, y más cuando su prosa demuestra que mantiene la plena lucidez de la memoria y dispone del alto secreto para la narración adictiva y amena. Si el título del libro es equívoco, es decir, irónico, el subtítulo no engaña: "La oscura trastienda de la edición". Y tan oscura.

Murillo ha transitado por todos los oficios relacionados con la edición: lector de originales, corrector, informador, traductor, crítico, jefe de prensa (Anagrama), periodista corresponsal, director de revistas y suplementos literarios (El Europeo y Babelia), escritor, editor por cuenta ajena (Plaza&Janés, Planeta o Alfaguara) y propia (Libros del Lince)... Ha sufrido la precariedad laboral y ha subido a la cumbre de las grandes corporaciones. Lo sabe todo y los conoce a todos, y va y lo cuenta. Apasionante. Y también, en parte, desolador.

¿Cómo está el patio? Un apunte: tras una década de servicios a uno de los mejores catálogos editoriales, el de Anagrama, incluyendo el descubrimiento de 'La conjura de los necios', que apuntaló económicamente a la empresa, fue ‘despedido’ por atreverse a solicitar un contrato laboral. Cosas que ocurren tras el brillo de los prestigios. En ellos se esconden también las miserias con que se recompensan los trabajos de traducción, selección de originales, edición de textos... Y más cosas: el apaño de ciertos premios literarios que, si bien es cosa sabida, contada desde las entrañas provoca mayor pasmo. O el desdén por la calidad literaria, tenida como adorno, frente a la ansiedad por la detección de superventas, clave del fortalecimiento editorial, aunque pueda alegarse en descargo que se trata de una demanda del mercado.

Tras una década de servicios a uno de los mejores catálogos editoriales, el de Anagrama, incluyendo el descubrimiento de 'La conjura de los necios', que apuntaló económicamente a la empresa, fue ‘despedido’ por atreverse a solicitar un contrato laboral

Murillo ha estado en primera línea de la crítica literaria, y relata sus imposiciones, sus dependencias. Con datos. También salsea en asuntos que en el mundillo siguen provocando curiosidad. Por ejemplo el caso Jorge Herralde/Javier Marías, del que no haremos aquí spoiler. Y en ciertas prácticas, como la doble contabilidad en editoriales que no reportan a los escritores el número real de ejemplares vendidos para restarles una parte de los beneficios contractuales.

El autor no se esconde para ocultar su propia complicidad en la construcción de catálogos plúmbeos. Al instante de firmar su contrato como director de Plaza&Janés le informaron de que la editorial estaba a pique de quiebra y que disponía de un año para procurar vender libros a porrillo. Y así, un republicano confeso como él, por lo demás descreído de toda fe trascendente, se aplicó a publicar las memorias de la reina Sofía y unas reflexiones del papa Ratzinger, el primero sometido a estricta revisión por los guardianes de la Zarzuela, y obligado, por tanto, a pastelear entre el palacio y la autora, Pilar Urbano.

Murillo se atrevió a ofrecer el premio Planeta, sin éxito, a autoras como Almudena Grandes o Rosa Montero

Ya en Planeta debió dedicar parte de sus esfuerzos a localizar escritores que fueran capaces de vender ejemplares que amortizaran la dotación del premio, y se atrevió a ofrecerlo sin éxito a autoras como Almudena Grandes o Rosa Montero. En el primero que se falló bajo su dirección colaboró con el autor en la redacción de la novela. Es decir, Murillo describe lo que hay, y para hacerlo muestra su experiencia, que en determinados tramos de su actividad le condujo a meterse en el barro Pero es así como su libro alcanza mayor credibilidad.

El autor no se flagela, pues se encuentra sumergido en un estado de cosas en el que, por otra parte, tiene la oportunidad de dedicar atención a lo que le place, como la creación de colecciones literarias en las que publicar a escritores que suponen una apuesta de riesgo y que en muchos casos encontraron el éxito del que hoy disfrutan.

La trastienda del mundo editorial expuesta desde la experiencia de toda una vida

Son infinitos los intríngulis sobre la industria editorial que se suceden en 'Personaje secundario', todos derivados de la experiencia y el conocimiento. Y hay también digresiones acerca del propio sostenimiento del mundo del libro, que dibuja como en una burbuja que podría estallar a causa de una dinámica infernal, copado como parece estar por dos grandes grupos que han satelizado a editoriales que eran independientes y con líneas de publicación excelentes, a la vez que bombardean con excesivas novedades a las librerías, muchas veces víctimas de una producción desordenada.

Sin embargo, Murillo no incurre en el pesimismo, dado que después de pasear por todos los oficios de la edición, creó su propio sello, a su riesgo, ya con un compromiso personal sin dependencias. Su testimonio, que es casi la historia de más de medio siglo de la edición en España, constituye un artefacto imprescindible y sin concesiones para los amantes del libro. El lujo que nos entrega este primer actor injubilable

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