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Teatro

Sebastián Paladines, director y creador escénico: «Trabajar desde el cuerpo te lleva a lugares que la palabra deja latentes»

Formado en la Escuela Superior de Arte Dramático de Murcia, aborda el abandono y la memoria en ‘Winter Speaks’, una obra que se estrena el 15 de enero en el Teatro Circo de Murcia

Sebastían Paladines, director y creador escénico.

Sebastían Paladines, director y creador escénico. / L.O

Sebastián Paladines es director y creador escénico, formado en la Escuela Superior de Arte Dramático de Murcia. Su obra se sitúa en el cruce entre la danza contemporánea y el teatro experimental, con una investigación centrada en los lenguajes híbridos, la plasticidad de la imagen y el cuerpo como herramienta narrativa. Procedente del teatro de texto y del audiovisual, en los últimos años ha orientado su creación hacia la danza dramatúrgica, explorando formas de contar desde lo sensorial y lo poético. Winter Speaks propone una reflexión escénica sobre el abandono y sus huellas a lo largo del tiempo. La obra nace de un abandono romántico que se transforma en trauma heredado, atravesando generaciones y cuerpos. A través del personaje de Winter —niña, joven y anciana— la pieza rompe la linealidad temporal y aborda la melancolía, la sensación de falta y la búsqueda de reconocimiento como respuestas a esa ausencia.

Winter Speaks se presenta como una historia sobre el abandono. ¿De qué tipo de abandono nace la obra?

El abandono del que parte la pieza es, sobre todo, un abandono romántico. Nace de la ruptura entre un amante y su pareja, pero ese abandono no se queda ahí, sino que se repite y se transforma en una especie de trauma que pasa a la hija de la persona abandonada. Es un abandono que se va transmitiendo casi de forma contagiosa entre generaciones.

En la obra también aparece el culto al éxito y la nostalgia de un ayer jamás vivido. ¿Cree que vivimos aferrados a mitos que ya no nos sostienen?

Al final, la sensación de abandono genera una falta interior. Esa falta produce una necesidad constante de atención, de reafirmación, de éxito, de experiencias. Muchas de esas búsquedas nacen de algo que no se tuvo en un primer momento. De una manera u otra, todos arrastramos esa sensación de falta, ya sea por la situación personal, social o vital en la que nos encontramos.

¿Cuándo sintió que esta idea debía convertirse en una pieza escénica y no quedarse en una reflexión?

En realidad, todas las piezas que hago nacen un poco de esa sensación de falta, de la melancolía y de la búsqueda de sentido. Son temas que aparecen de manera natural, casi sin proponérmelo. En mi caso, la creación es una necesidad personal: una forma de intentar responder preguntas y, al mismo tiempo, generar otras nuevas.

La obra se mueve entre la danza y el teatro. ¿Qué le permite decir el cuerpo que no permite la palabra?

Trabajar desde el cuerpo es moverse en un terreno más irracional. Permite llegar a lugares que la palabra suele dejar latentes. Hay una historia, una dirección clara, pero los intérpretes cuentan y expresan sin decir las cosas de manera directa. Es un impulso más primario, menos filtrado, que normalmente permanece apagado cuando trabajamos solo desde el texto.

¿Se puede construir dramaturgia desde el silencio y la contemplación?

Sí, absolutamente. Es una manera más de trabajar. Me interesa mucho ese cruce entre teatro, danza, narración y experimentación. La danza es un recurso más para acceder a determinados lugares emocionales, y ahí es donde entra la dramaturgia, no como texto, sino como estructura y sentido.

El tiempo, la espera y la repetición tienen un peso importante en la obra. ¿Por qué?

Porque el tiempo es vital para entender el abandono que plantea la pieza. No es una estructura circular, pero sí existe la sensación de que lo traumático se transmite con el paso del tiempo, entre generaciones y entre las personas con las que crecemos. El tiempo es lo que permite que el abandono madure y que la melancolía adquiera la intensidad que tiene cuando miramos atrás.

Winter aparece como niña, joven y anciana. ¿Qué le interesaba explorar con esta identidad mutable?

Me interesaba romper la linealidad del tiempo. En la obra, el tiempo está de algún modo roto. El trauma atraviesa todas las edades y no se diluye con los años. Da igual mirar la historia hacia delante o hacia atrás: esa necesidad de atención sigue siendo igual de fuerte, incluso más poderosa que el propio paso del tiempo.

En mi caso, la creación es una necesidad personal: una forma de intentar responder preguntas y, al mismo tiempo, generar otras nuevas.

Sebastián Paladines

— Director y creador escénico

Además de la dirección, comparte la dramaturgia y firma la coreografía. ¿Cómo ha sido el proceso con las intérpretes?

La dramaturgia llega primero, y a partir de ahí la coreografía es siempre muy colaborativa. Me apoyo mucho en los cuerpos de las bailarinas, en sus capacidades y en lo que cada una propone. Son cuerpos muy distintos, y el trabajo consiste en saber leer lo que te están ofreciendo y cómo encaja todo dentro de la pieza.

La música, la escenografía, el vestuario y la iluminación tienen una presencia muy marcada. ¿Cómo se articula todo eso?

Una vez la dramaturgia está clara y sabes hacia dónde va la estética y el sentido de la obra, el proceso es sencillo. Confío plenamente en cada departamento. Mi papel es ser un punto de unión, pero el trabajo de cada equipo tiene mucha autonomía. Al final, se trata de confiar en la gente con la que trabajas.

Viene del teatro de texto, del audiovisual y ahora de la danza contemporánea. ¿Qué le aporta cada disciplina?

Siempre me ha interesado más lo plástico que el significado literal de la palabra. El cine, por ejemplo, es muy visual, muy de composición de imagen, y eso lo traslado a la escena. No se trata solo de quedarse en la imagen, sino de usar esa plasticidad para contar conflictos humanos y emocionales.

¿Siente que Winter Speaks marca un punto de inflexión en su trayectoria?

Sí. Este es el camino que quiero seguir explorando. Hace un par de años dejé de trabajar con actores para centrarme en trabajar con bailarines. La imagen, el cuerpo y la narración a través de la danza es ahora mismo la dirección en la que quiero profundizar.

¿Qué le gustaría que el público se lleve al salir del teatro?

Me gustaría que se llevara sensaciones. No me interesa tanto que el público salga con un mensaje cerrado, sino con una experiencia sensorial y una o dos preguntas que le acompañen después. Esa combinación de impacto emocional y reflexión es lo que busco con la pieza.

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