En su rincón
La voz de los vecinos
Se adelantó en toda la comarca a un futuro que estaba al caer: el de los medios digitales y las publicaciones para los barrios

Carlos Illán en el Castillito de Los Dolores. / Javier Lorente
No me esperaba menos que me citara Carlos Illán Ruiz en el Castillito de Los Dolores, un lugar histórico y emblemático declarado Bien de Interés Cultural y que sobresale como una auténtica casa encantada rodeada de un hermoso jardín. El lugar tiene una magia innegable, sobre todo para los enamorados de este barrio cartagenero como lo es nuestro invitado de hoy. Carlos es un conocido periodista que trabajó muchos años en el diario La Opiníon y que después fundó importantes revistas locales, tanto en papel como en formato digital, en barrios de Cartagena, El Algar, Los Urrutias y La Unión. Lleva toda una vida en contacto con las manifestaciones culturales de base, dando voz a noticias, eventos, fiestas y actividades deportivas. Se siente más cómodo entrevistando a los demás, pero he de agradecer su amabilidad aunque sólo sea por los viejos tiempos, aquellos en que lo tenía de compañero de pupitre en el Instituto Isaac Peral. Algo nos conectó enseguida, tal vez el ser de pueblo en esta Cartagena con un término municipal tan amplio y diverso.
Me dice: «Recuerdo aquella época cuando aún era masculino el instituto y éramos buenos estudiantes». Carlos sobresalía en la asignatura de Ciencias Naturales y como portero en el equipo de futbito. «Tú y yo nos perdimos la pista porque mi padre, que era chófer de autobuses, murió repentinamente estando al volante. Yo me tuve que poner a trabajar y pasé a estudiar en horario nocturno». Hablando estas cosas, nos trasladamos a otro lugar típico, el kiosko de la Plaza el Tulipán donde nos tomamos un asiático y un chocolate acompañados de unos churros y unas porras. Tras los cristales empieza a lloviznar y la conversación se hace tan interesante que uno no tiene ganas de que el tiempo pase ni de salir afuera.
Su padre, me cuenta, era de Santa Ana y su madre de la pequeña diputación de Los Médicos, cercana a Pozo Estrecho y a la Palma. Aún hoy conserva allí una casa familiar donde gusta retirarse y cuidar las hortalizas del pequeño huerto. «En aquellos tiempos me puse a trabajar como auxiliar administrativo mientras jugaba con el Dolorense juvenil. Siempre tuve pasión por el deporte y también escribía las crónicas del equipo en una revista local. Con el tiempo tuve una lesión que me impidió seguir compitiendo, pero continué con aquellas crónicas y también con las del baloncesto. Me gustaba mucho leer la prensa en papel, y aún ahora, por cierto. Terminé escribiendo crónicas para las emisoras de radio y también para periódicos. Luego, en mayo de 1988, me ficharon para La Opinión. Llegué a ser jefe de la sección de Deportes y de Suplementos. Después me adjudicaron, además, la información local, política y de trabajo». Rememora que, allá por 2009, hubo una crisis que también afectó a la prensa. Asegura que él, cuando trabajaba en redacciones, se implicó por las condiciones laborales: «Fui presidente del comité de empresa y me tocó una lucha muy dura para defender los derechos de los trabajadores», comenta.
Con posterioridad a todo aquello, Carlos se adelantó en toda la comarca a un futuro que estaba al caer: el de los medios digitales y las publicaciones para los barrios y los pueblos, con noticias cercanas. Fundó Cartagena de Ley, La Unión de Hoy, Cartagena de Hoy, El Algar y los Urrutias de Hoy… Y ahí lo hemos visto siempre dando voz a las inquietudes, preocupaciones, actividades culturales, festivas y deportivas…
«La verdad es que ya no puedo seguir al ritmo aquel de trabajar una media de 12 horas al día y preocupado de mi equipo de empleados. Algunas cabeceras las he ido vendiendo y he ganado en salud, que siempre ha estado resentida con esta actividad imparable que a veces ha sido de locura». Carlos está satisfecho de su trayectoria y sobre todo de haberse relacionado con las gentes y los colectivos de los barrios: «He aprendido mucho de la gente de la calle y de la vitalidad de unas gentes sin las que sería imposible concebir a Cartagena o a los pueblos de la comarca. Sólo tienes que darte cuenta de las fiestas populares, si no fuera por el voluntariado no existirían. Un ayuntamiento como el de Cartagena, tan centralista en todo, nunca haría las fiestas y las actividades culturales que se dan en sus pueblos y barrios. Y si te hablo de la Semana Santa, tan famosa en Cartagena, pues lo mismo: Hay diez localidades con unos desfiles cada vez más impresionantes, dignos de conocer y admirar y que cada vez acogen a más visitantes. No es que no tengan onza de oro, es que todo sale de los vecinos».
El tema nos lleva a hablar de la descentralización, que le preocupa mucho: «Soy de pueblo y ello te marca. Es un atraso que no contemos con más ayuntamientos y que no se haya puesto en marcha ninguna Entidad Local Menor. Tenemos aquí los municipios más extensos de España y los más centralistas. La Región tiene 45 municipios, la siguiente provincia tiene 90, Burgos tiene 370 y Alicante, por ejemplo 141. Luego está la desproporción entre pueblos con ayuntamiento y otros sin él: Ojós, 548, o Aledo 1123, mientras los pueblos cartageneros sin él tienen 6000 habitantes. Donde hay Juntas Municipales son un quiero y no puedo que se queda a medio camino, con competencias y recursos muy insuficientes. Es sorprendente que se esté reclamando una provincia para el Campo de Cartagena y no se caiga en que primero tiene que haber más municipios, equiparándonos a la normalidad en España. Se puede ser muy cartagenero, de la deseada provincia de Cartagena, y disfrutar de un ayuntamiento propio».
Cambio de tema porque Carlos está muy concienciado con este. Volvemos a hablar de lo bien que se lo pasa en su trabajo: «Me encanta recorrerme esta tierra, me encanta la gente, dar voz a sus iniciativas y a sus necesidades, admiro sus tradiciones y esa cultura del pueblo, que va desde una banda de música, a una cuadrilla, un grupo folclórico, los bolos cartageneros, el flamenco de Lo Ferro o La Unión, los talleres de artesanía… y sobre todo la gastronomía, una cosa que une a la gente y que a mí me lleva loco».
Terminamos hablando de libros, de cine y de humor; «pero no lo cuentes», que, si algo no le gusta, es el postureo. Ha escrito algún libro y tiene otros proyectos en danza. Muy grande.
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