Poesía
Carmen María López, premio Adonáis de Poesía 2025: "La imagen de mi hija es un acto poético que une literatura y vida"
La escritora de Caravaca de la Cruz es la ganadora de la 79º edición del premio que reconoce el talento joven de la lírica en nuestro país con un poemario que canta de forma íntima a la infancia, la familia y el recuerdo

Carmen María López sostiene el premio Adonáis de Poesía 2025 / L.O
Hay señales que solo se reconocen una vez que ocurre lo que anuncian. El pasado 12 de diciembre se celebró la entrega del Premio Adonáis de Poesía 2025 en la Biblioteca Nacional en Madrid en «una mañana lluviosa». Así lo describe Carmen María López (Caravaca de la Cruz, 1991), al otro lado del teléfono, recordando el momento en el que obtuvo el máximo trofeo que se otorga a la poesía joven en España por su poemario Oración bajo la lluvia, que saldrá publicado a principios de 2026 bajo el sello de Ediciones Rialp.
La lluvia es el elemento conductor de esta nueva obra que confirma una progresión de la autora hacia el éxito en la poesía. En 2023 ganó el Premio Complutense de Literatura por Yo también anochezco (Ediciones Complutense) y el año pasado, el prestigioso Premio ESPASAesPOESÍA por La madre de nadie. «Borges decía que la lluvia es una cosa que sin duda sucede en el pasado. Y yo creo que es verdad, porque la lluvia implica recogimiento, mirar en el interior de uno», puntualiza Carmen. Con este nuevo reconocimiento, la profesora titular de Teoría de la Literatura en la Facultad de Filología de la UNED —doctora por la Universidad de Murcia—, se coloca entre los cuatro únicos ganadores del Adonáis en la Región de Murcia en 79 años.
¿Qué propone en su obra Oración bajo la lluvia?
Oración de la lluvia fue un libro que se escribió muy despacio, con mucha lentitud y en el que confluye buena parte de mis inquietudes poéticas. Es un libro donde yo dialogo con los grandes autores, artistas de la literatura y del arte: Antonio Machado, César Vallejo, Miguel Ángel Bonarotti, el autor del David... Pero hay también un canto íntimo, un volver a la infancia, a la familia, a la estirpe, a la genealogía, en definitiva, a la memoria. Es una especie de plegaria poética en la que confluyen todas estas inquietudes que están en mi vida y están en mi literatura y en mi memoria también.
¿Cuánto tiempo le llevó completar la obra?
Hará un par de años que los escribí. Este ha sido un libro con una escritura intermitente. Se ha escrito muy despacio, con muchas circunstancias vitales. A lo mejor los primeros poemas se escribieron hace dos años, hasta los más recientes que se han escrito hace meses. Pero yo creo que en el fondo hay un hilo y ese hilo es la necesidad de mirar la vida, mirar el arte, mirar la infancia, la memoria con ojos nuevos, ese asombro que es necesario para la creación. Y por eso la lluvia es un elemento importante, porque es un elemento espiritual que está en el libro y que permite conectar todas esas esferas de mi vida.
Hablemos de uno de esos lugares. Cuando recibió el premio mencionó «la casa de la infancia».
Mi infancia fue luminosa. La recuerdo con un especial cariño en casa de mis padres, los veranos en la playa, leyendo libros, las tardes en casa de mi abuela... Y ese volver a la infancia en mi literatura tiene una presencia muy notable porque para mí también eso es unirme a las raíces, a lo que me conforman como persona: va formando mi identidad. Tanto en este libro como en los anteriores, también en La madre de nadie (ESPASAesPOESÍA, 2024), la familia es un elemento importante. La idea de la genealogía, de que todos estamos unidos por un hilo invisible, que son nuestros padres, que son nuestros abuelos, y recuperar esa genealogía nos hace rescatar también la memoria.
Y su propia su familia, ¿qué le ha aportado a esta obra?
Casi todo el material que trae. Pero no tanto de la biografía, sino de la manera en que uno recuerda. Mis padres han sido una figura fundamental en mi vida y también en mi escritura. Y esa necesidad de recordar las raíces, en concreto también con mi abuela materna, que recitaba romances, me inspiraba.
El poema que recitó en la entrega del Adonáis estaba dedicado a su hija. ¿Cómo ha influido la maternidad en su poesía?
De forma decisiva, casi sin yo darme cuenta, porque cuando empiezo a escribir poesía no sé realmente de qué va a tratar el poema. Yo tengo como una idea, un chispazo, una imagen inicial, y luego eso cuando me pongo a escribir va tomando forma en la escritura, a través de las palabras. El nacimiento de mi hija Carmen Lucía ha sido determinante en la escritura y por eso el poema que cierra el libro va dedicado a ella y parte de una imagen cotidiana, de una imagen familiar, de la contemplación de mi hija durmiendo, y para mí eso era también un acto poético, una forma de unir la literatura a la vida.
En este momento de continuas distracciones, de acceso casi instantáneo a la información, ¿cree que la memoria está en peligro?
Para mí, la memoria y la imaginación son las dos grandes potencias de la creación literaria. La memoria nos sirve para recordar, pero también para imaginar y evocar aquello que uno ha vivido. En esta época de las redes sociales y la Inteligencia Artificial, de la hiperconectividad, la memoria se ve amenazada porque ya no tenemos esa atención sostenida. Por eso siempre digo que la poesía, por su brevedad, puede llegar a muchos más lectores que una novela. Aunque también es un desafío, porque requiere de una sensibilidad especial y hay que cultivarla en la lectura.
En los últimos cuatro años, la Región de Murcia ha logrado dos accésits en el Adonáis —Andrés María García Cuevas en 2021 y Lola Tórtola (también Premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández el año pasado)—y un ganador en 2022, Luis Escavy. Todos eran de la capital. ¿Ofrece desde Caravaca, su ciudad natal, una mirada distinta?
Para mí Caravaca de la Cruz es la ciudad en la que nací y a la que siempre vuelvo con una alegría y una voluntad de salir a hacer rutas de montaña, senderismo, pasear por las Fuentes del Marqués. Creo que son elementos de contemplación de la naturaleza que me logran quedar como en un segundo plano, porque están otras ideas como la memoria.
Su hija llegará algún día a leer a su madre... ¿Cómo le gustaría que lo hiciera?
Me gustaría que los leyera con el mismo cariño y la misma sensibilidad con los que yo los escribí, mirándose en ese mismo espejo de la genealogía, de la familia, de la memoria y de la infancia. Esa es la forma de conocerse y forjarse una identidad.
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