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Relaciones sociales

Solos e invisibles en Navidad

La soledad no deseada se sufre todo el año, pero en las fiestas navideñas, cuando la tradición marca que se celebren en compañía, la dolorosa sensación de desconexión se incrementa. María y Sonia, de 75 y 79 años respectivamente, admiten que se sienten «solas y tristes» en estas fechas, porque los lazos con su familia no son como a ellas les gustaría.

patricia martín

La soledad no deseada es uno de los grandes males contemporáneos, con el avance del individualismo y la pérdida de lazos comunitarios. En Navidad, el sentimiento doloroso de desconexión que surge cuando una persona no tiene las relaciones sociales o familiares que desea, se incrementa: el estereotipo marca que estas fechas se celebren con familiares y seres queridos, en paz y armonía.

Pero no siempre sucede así. Son muchas las personas que no tienen buena relación con sus familiares o bien los tienen lejos. También es frecuente que las enfermedades o la falta de recursos económicos impidan disfrutar de la Navidad como marcan los cánones sociales.

Por ejemplo, María y Sonia, que acuden a las actividades para mayores de la Cruz Roja en la sede local de Terrassa (Barcelona), admiten que les gustaría celebrar todas las fiestas de la Navidad con sus hijos y sus respectivas familias, pero tienen «poca relación» con ellos y, por ende, en estas fechas se sienten «tristes y solas».

María (nombre ficticio porque prefiere ocultar su verdadera identidad, al igual que Sonia), que tiene 75 años y está separada de su marido, ha tomado este año la decisión de no celebrar la Navidad, en su casa, con su familia, como lleva haciendo años. Considera que ellos «agradecerán estar con la familia política, que sí les va a dar esos momentos tan agradables que se tienen en Navidad».

«No existo para nadie»

El motivo que ha alejado a María de sus hijos es doble. Por un lado, porque pasa la vida «encerrada» en casa, cuidando de su madre, que tiene 93 años y sufre demencia. «Yo no puedo ir al cine, a la playa, salir de paseo, compartir con mis amigas una comida, lo que me lleva a un límite que parece que no existo para nadie», explica con tristeza. Cuidar de su madre de forma tan intensa, como sucede a muchas cuidadoras, le ha alejado de su red social. «Siento que la vida me ha envejecido, física y mentalmente», reflexiona.

Pero lo más duro para María es que uno de sus hijos sufre una enfermedad mental y hace años que está ingresado en un centro. «Llevo siete años sin pasar las Navidades con él y este año se me está haciendo muy duro y, por eso, he decidido que no quiero celebrar la Navidad con una gran comida en mi casa, como hacía siempre». «Me siento muy triste por no poder solucionar muchas cosas y muy impotente, porque lo que más le duele a una madre en la vida es un hijo», explica entre lágrimas.

El aislamiento social no es exclusivo de personas mayores; de hecho, lo padecen más los jóvenes

A su lado, Sonia escucha con atención, porque comparte muchos de sus sentimientos. Tiene 79 años y se divorció hace 20. Pero, «cuando te divorcias de tu marido, parece que te divorcias de todo el mundo», comenta con resignación. Y admite que le gusta pasar mucho tiempo en casa. «Necesito estar sola y hay muchos días que desaparezco. El médico me dice que me obligue a salir pero cuando no me apetece hacerlo, no lo hago, porque vuelvo peor», explica.

Como a María, a Sonia lo que más le duele es la relación «especial» que tiene con sus hijos. A veces, se pasa meses sin hablar con ellos ni verlos. Por ello, en Navidades admite que se siente «sola». «La Nochebuena la suelo pasar en casa de mi consuegra, porque ella me invita, y la Nochevieja se celebra en casa de uno de mis hijos, pero no siempre», confiesa con pesadumbre.

Servicios de ayuda

Ambas acuden a las actividades que la Cruz Roja organiza para mayores, como los talleres para cuidadores o de memoria. En estos cursos los trabajadores «tratan de detectar si alguno de los asistentes sufre soledad no desea, aunque no lo verbalice, porque no siempre es fácil darse cuenta y admitirlo», explica Núria Planagumà, técnica social de los proyectos para mayores de la sede de Terrassa.

Una vez realizada la detección, la Cruz Roja tiene varios servicios destinados a minimizar la soledad, como ‘Voces en Red’, que proporciona dispositivos de voz que permiten hablar, escuchar música, la radio o hacer videollamadas o el itinerario personalizado ‘Siempre acompañados’.

La soledad no deseada no es un problema exclusivo de personas de edad avanzada. De hecho, los jóvenes son los más afectados (con una prevalencia del 25%), pero el siguiente grupo de edad son los mayores de 75 años (con una incidencia del 20%). «En la vejez se producen pérdida de relaciones sociales por la jubilación, la enfermedad sobrevenida o porque se enviuda, puede haber una confluencia de factores», indica Planagumà.

El problema es que en personas de edad avanzada la soledad actúa como un enemigo invisible. Diversos estudios alertan de que el aislamiento social aumenta el riesgo de ictus, cardiopatías, deterioro cognitivo y muerte prematura, así como la posibilidad de sufrir depresión, ansiedad y pensamientos suicidas.

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