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Lectura

Entre estanterías y libros: Cuando una librería abre la persiana en la Región de Murcia

El valor humano y cultural del pequeño comercio frente a la venta digital se pone de manifiesto día a día en las librerías independientes regionales. Entre horas infinitas, recomendaciones a medida y la creación de comunidad en el tejido de los barrios, resisten por vocación y con esfuerzo

Lola Consuegra en su librería El Faro de Lola.

Lola Consuegra en su librería El Faro de Lola. / Lax Asís

Cuando una librería abre la persiana cada mañana, dentro no solo hay libros colocados en estanterías. Hay personas. Hay horas infinitas de trabajo, recomendaciones a medida, nombres propios que se recuerdan sin mirar el ticket y una vocación que resiste frente a la inmediatez de las grandes plataformas digitales. En las librerías independientes de la Región de Murcia, cada venta es también un gesto de confianza y una forma de sostener el comercio local. Librerías como Diego Marín, La Mandrágora, El Faro de Lola, Librería Soportales, Librería Texas o La Montaña Mágica son negocios independientes que resisten y aportan peso humano y social en los barrios. El reciente fallecimiento de José Martínez, "el decano de los libreros de Murcia", invita a mirar cómo afronta el sector su día a día.

Resistir en el día a día

En la librería Ramón Jiménez, bajo los Soportales del centro de Murcia, Maite Martínez, hija de José Martínez, describe la realidad del pequeño comercio sin edulcorantes. Reconoce que las librerías avanzan "despacito", obligadas a competir con grandes superficies y plataformas online. La supervivencia, explica, pasa por el trato cercano con el cliente y por echar muchas horas. "Para que haya un beneficio hay que currar", resume. En su caso, abrir de lunes a lunes no es una excepción, sino la norma, especialmente cuando se acercan fechas clave como la Navidad. Aun así, mantiene una mirada esperanzada: se lee más que antes y, sobre todo, la gente joven —especialmente las chicas— se está acercando de nuevo a los libros.

El cuidado y la atención especial las grandes plataformas no la van a tener nunca

Lola Consuegra

— El Faro de Lola

Una visión más crítica llega desde la Librería Texas de Lorca, donde Carmen y Miguel hablan abiertamente de una tendencia a la baja en las ventas y de una sociedad cada vez más atrapada por la cultura de la inmediatez. Alertan de la pérdida de hábitos lectores, de la falta de comprensión lectora y del desplazamiento del libro frente al ocio digital. Aun así, siguen defendiendo la librería de barrio como un espacio imprescindible para formar lectores y ciudadanos críticos.

El relevo generacional

El relevo generacional es una de las grandes incógnitas del sector. Maite Martínez duda de que su generación tenga continuidad: demasiado sacrificio para unos márgenes ajustados. Una percepción que también comparte Diego Marín, que amplía el problema al conjunto del pequeño comercio. Para él, no se trata solo de librerías, sino de un ataque al autónomo que dificulta la continuidad de los negocios tradicionales y de unas ciudades hostiles para el pequeño negocio.

Maite Martínez en la librería Ramón Jiménez ‘Los Soportales’.

Maite Martínez en la librería Ramón Jiménez ‘Los Soportales’. / Juan Carlos Caval

Frente a esta visión, surgen voces jóvenes que rompen la tendencia y el pesimismo. Lola Consuegra, al frente de El Faro de Lola en Murcia, representa a una nueva generación que decide apostar por el libro pese a las dificultades. Con solo 27 años, define abrir una librería como "un deporte de riesgo", marcado por la falta de ayudas y la dificultad de emprender, pero también como una decisión vocacional.

Una librería no debe ser un simple lugar de venta, sino un punto de encuentro que fortalezca el tejido social

Vicente Velasco

— La Montaña Mágica

En Cartagena, Vicente Velasco, de La Montaña Mágica, aporta una mirada intermedia. Reconoce que montar una librería es complicado —el margen del libro ronda el 30%— y que no todos se atreven a dar el paso, pero recuerda que existen programas de apoyo al relevo generacional impulsados desde el gremio. Para él, ponerse al frente de una librería cobra más sentido si hay una relación profunda con los libros.

Vicente Velasco al frente de La Montaña Mágica, Cartagena.

Vicente Velasco al frente de La Montaña Mágica, Cartagena. / Loyola Pérez de Villegas

Una mirada especialmente optimista llega desde La Mandrágora, librería de segunda mano y libro antiguo en Murcia, donde madre e hija, Rosa Lorente y María Negroles, defienden que sí hay relevo. María empezó en este mundo con apenas 23 años y hoy ve a muchos jóvenes lanzarse a la aventura movidos por el amor a la literatura y al objeto libro.

Cercanía frente a plataformas

Todas las librerías coinciden en señalar su principal diferencia frente a la venta online: la cercanía. Conocer al cliente, saber qué lee, qué busca y qué puede descubrir es una labor imposible de replicar por un algoritmo.

Lola Consuegra lo explica a través de los pequeños gestos: un marcapáginas, un sello en el papel de regalo o llamar al cliente por su nombre. Detalles que, asegura, hacen que quien entra se sienta cuidado y especial; "eso las grandes plataformas no lo van a tener nunca".

Si desaparece la librería, desaparece también esa labor de formación

Carmen y Miguel

— Librería Texas

Vicente Velasco defiende que hoy una librería debe ser, además, un espacio cultural donde pasen cosas: clubes de lectura, presentaciones y encuentros con autores. No un simple lugar de venta, sino un punto de encuentro que fortalezca el tejido social.

Carmen y Miguel, de la librería Texas, Lorca.

Carmen y Miguel, de la librería Texas, Lorca. / Daniel Navarro

Desde Lorca, Carmen y Miguel reivindican la especialización. En una librería, explican, no solo se venden los títulos más comerciales: se orienta, se recomienda y se acompaña al lector, desde la infancia hasta la edad adulta. "Si desaparece la librería, desaparece también esa labor de formación", advierten.

Dulce Navidad

Si hay un momento decisivo para las librerías, ese es la Navidad. Para Maite Martínez es "la campaña más fuerte del año"; para Diego Marín puede suponer entre el 40 y el 45% de la facturación anual. En La Montaña Mágica confirman que estas fechas marcan muchas veces el balance económico del ejercicio.

El interior de la librería Diego Marín, en La Merced.

El interior de la librería Diego Marín, en La Merced. / Lax Asís

Lola Consuegra insiste en que la campaña navideña permite a muchos autónomos sobrevivir los meses posteriores, tradicionalmente más flojos, y lanza un mensaje claro: "Apoyar al comercio local en Navidad es una forma directa de sostener barrios y ciudades".

Una ciudad sin pequeño comercio pierde identidad y vida

Diego Marín

— Librería Diego Marín

En La Mandrágora, la Navidad se vive además como un tiempo especialmente emotivo. La librería se llena de conversaciones, recomendaciones y regalos pensados con cariño. "Nos recuerda por qué hacemos este trabajo", confiesan.

Qué se regala y quién lee

La novela sigue siendo el gran regalo navideño, aunque el abanico es cada vez más amplio. En Murcia y Lorca conviven la novela histórica, la novela negra, la literatura contemporánea y los libros ilustrados. En librerías como La Mandrágora, el atractivo está en lo único: ejemplares antiguos, descatalogados o rarezas imposibles de encontrar en otro sitio.

La Navidad es muy emotiva; nos recuerda por qué hacemos este trabajo

Rosa y María

— La Mandrágora

Sobre los hábitos lectores, las opiniones se matizan según el lugar y la experiencia. Mientras algunas librerías detectan un descenso ligado al consumo de redes sociales y plataformas audiovisuales, otras perciben un aumento de lectores jóvenes, curiosos y con ganas de descubrir autores nuevos y clásicos. Eso sí, todas coinciden en algo: la lectura sigue viva y quien entra en una librería suele hacerlo con respeto, interés y una relación profunda con los libros.

Una parte de la ciudad

Para Diego Marín, las librerías forman parte esencial del paisaje urbano. Una ciudad sin pequeño comercio, afirma, pierde identidad y vida. Mantener una librería abierta es, muchas veces, un acto de resistencia sostenido por la vocación.

El interior de la librería La Mandrágora.

El interior de la librería La Mandrágora. / Lax Asís

Ese mismo hilo atraviesa todos los testimonios. Abrir cada mañana, recomendar, escuchar y envolver un libro a mano es una manera de defender la cultura, el trato humano y una forma de ciudad cercana.

Cuando una librería abre la persiana, no solo vende libros. Ofrece tiempo, conversación y memoria. Y en cada recomendación se juega algo más que una venta: la continuidad de un oficio y de una manera de entender la vida cultural de la Región de Murcia.

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