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Música

Dorantes: "El duende es aquel momento en que poéticamente, el músico tiene línea directa con Dios"

El pianista flamenco, que actúa este sábado en el Jazzazza, habla sobre su obra y la importancia de impregnar la música 'de alma'

David Peña Dorantes, pianista flamenco.

David Peña Dorantes, pianista flamenco. / Antonio Barce

David Peña Dorantes pertenece a una estirpe gitana de flamencos andaluces. Su tío es 'El Lebrijano', y su abuela, 'La Perrata'. El flamenco le viene de raíz. Es uno de los más grandes pianistas flamencos que ha dado la historia de este instrumento.

Tuvo la osadía de introducir el piano en el mundo del flamenco sin traicionar las raíces. Dorantes presenta Identidad con piano gran cola, una cita imprescindible para los amantes del flamenco y la música de vanguardia.

Formado en el Conservatorio Superior de Música de Sevilla, ha influido decisivamente en toda una generación de jóvenes pianistas que reivindica su legado y visión artística, desde un estilo abrazado al jazz y a la música clásica.

Combinando raíces profundas, tradición y una extraordinaria capacidad de improvisación, ha actuado en escenarios tan emblemáticos como el Royal Albert Hall de Londres, el BOZAR de Bruselas o la Sumida Symphony Hall de Tokio.

Dorantes aporta la intensidad rítmica, el quejío melódico y la esencia del compás andaluz. Su piano ruge, baila y canta con la raíz flamenca, y ha creado un universo propio, alejado de los experimentos de fusión más habituales, donde el piano se convierte en un vehículo de expresión auténticamente flamenca.

Su obra incluye discos como Orobroy, auténticos clásicos dentro del repertorio flamenco más contemporáneo. Recientemente, Identidad, un trabajo a piano solo que refleja la voz más íntima de Dorantes, ha resultado finalista del prestigioso premio alemán de la crítica discográfica (Preis der Deutschen Schallplattenkritik).

Cada pieza transmite un viaje sensorial donde conviven la tradición flamenca, el jazz, la música clásica y la innovación, creando una experiencia única que solo puede vivirse en directo. Su enorme fuerza interpretativa y sensibilidad favorecen la unidad del discurso con agilísimas coloraturas para una noche de arte sublime.

Compositor y pianista flamenco hecho a sí mismo, Dorantes viene a Jazzazza Jazz Club con su proyecto más personal. Identidad, estrenado en la Bienal de Sevilla en 2020, es un viaje por su vida, por aquello que ha marcado su singular trayectoria, la de un niño gitano hijo de un maestro a quien la llegada de una pianola a su casa le cambió el destino para siempre.

El piano no es un instrumento tradicional en el flamenco. ¿Cualquier instrumento puede servir para hacer flamenco? ¿Son unos más flamencos que otros, o lo que importa es el alma de quien lo interpreta?

Yo parto de la base de que lo más importante es el instrumentista. Es el que tiene el poder, la creatividad y la inteligencia para otorgar al instrumento alma y hacerlo útil.

El flamenco viene de una tradición sonora instrumental, se ha encargado la guitarra de traérnoslo a nuestros tiempos, y está claro que aquellos instrumentos que sean de traste o de cuerda pulsada pueden favorecer la transmisión de esa herencia sonora, pero creo que el piano le otorga otras sonoridades muy diferentes, lo engrandece y lo amplía hacia otro terreno.

Al final de todo, para mí lo más importante es el instrumentista, no cabe duda.

¿Cómo describiría la audacia o la necesidad artística que lo llevó a fundir el piano con la esencia del flamenco, cuál cree que es su principal aporte a la evolución del género?

Hay dos conceptos, o dos situaciones, que hacen que al final yo haga piano flamenco. Uno es que nazco en una familia flamenca hasta el tuétano, Los Peña, que están además enlazados con los Funi, que se amplía, están enlazados también con Jerez, que aún se amplía más, con los Carrasco...

Mi familia es muy amplia dentro del mundo del flamenco, y le ha aportado muchísimo. Yo nazco en esa familia, y la música flamenca forma parte de mi lenguaje natural, antes de cualquier otra música. La mamo, como se dice en el flamenco, desde pequeño.

Se hace algo lógico, natural, fluido, en mí, como un pez en el agua, y a partir de ahí llega un momento en que me tropiezo o se cruza el piano en mi vida, y me enamoro. Empiezo a trabajar el instrumento, lo elijo como sonido, como voz, y para hacer mi música.

Y mi música no podía ser otra que la música flamenca. Lo que aporto no lo sé exactamente, pero sí creo que lo que aporta es un sonido nuevo. De por sí ya el piano te exige un tipo de técnica, de sonoridades, de amplitud... que no lo tiene la guitarra. Todo eso es quizá lo que yo haya podido aportar al mundo del flamenco.

Al final lo que aporto es la creatividad, el corazón y la cabeza de un músico que nace en un mundo flamenco, que se interesa por otras músicas, como el clásico, que también la estudié en el conservatorio (estudié la carrera de piano), que se interesa por el jazz, y que elige un instrumento como el piano, tan ajeno a las costumbres flamencas.

De todo eso sale la música que hago, y lo que hago aporta cosas al flamenco, conceptos que antes no había.

¿Cómo ha adaptado y desarrollado su técnica pianística para que no solo acompañe, sino que también emule y dialogue con elementos puramente flamencos como el toque, el compás y el cante? ¿El flamenco no es flamenco sin la improvisación, la intuición o las experiencias vitales?

El flamenco no es cuestión ya de improvisación, ni de experiencia vital, ni intuición... El flamenco es (te estoy hablando del flamenco que yo he visto desde pequeño a mis mayores) aquel que sale directamente de las entrañas, que está cargado de verdad expresiva, de verdad y de motivos.

Muchas veces la estética en el flamenco sobra, estorba a la expresión en sí del flamenco. Se busca la verdad, y que lo que se diga parta de las entrañas.

Ya la preparación, la creatividad, la imaginación de cada músico o instrumentista, cantaor o lo que sea, es aparte, pero tiene que partir de ahí, y en cuanto no parte de ahí, nosotros lo notamos rápidamente, como que le faltan los cimientos ya desde el saber, por supuesto, pero también del sentir, que es mucho más complejo.

¿Qué es el duende?

El duende se le dice en el flamenco, pero está en todas las músicas. Es aquel momento en que poéticamente, místicamente, el músico tiene línea directa con Dios.

Eso es demasiado místico, pero sí que se puede decir que es el momento en que el músico está en estado de gracia, todo le sale fluido, desde las entrañas pasando por la inteligencia, y al final saliendo hacia los demás, y haciendo que suenen como campanas de catedrales las almas ajenas. Ese es el duende. Eso está en todas las músicas del mundo.

Aunque tiene una vasta obra, Orobroy se ha convertido en una pieza atemporal y casi un himno popular. ¿Podría compartir la historia personal detrás de su composición y por qué cree que conecta de forma tan universal y emotiva con el público?

Nace de un alma libre, limpia, de un niño con 14 años que recientemente había estado en una reunión preciosa familiar donde con sus mayores compartió momentos de espiritual y preciosos a través del flamenco, de la música, de los recuerdos, de que nos une todo a la vez la historia y el sentir.

Ese niño capta todo eso, su alma está cargada, casi atropellada de todo ese sentir, y necesita sacarlo. Eso fue una noche, y al otro día por la mañana me voy al piano y empiezo a componer Orobroy.

Yo creo que en Orobroy se ve todo eso: la infancia, la carga emocional, la carga hereditaria del flamenco expresiva..., y sale algo tan sencillo a través de tríadas, de un momento que hay como una pequeña fuga, por decirlo de alguna forma, que no es tal, o contrapuntos...

Y sale, se desarrolla, y yo creo que eso es puro. Salió de las entrañas de un niño de 14 años después de haber vivido momentos muy bonitos.

Y esa es la verdad, y muchas veces la verdad está por encima de la técnica, de la estética, y de todo lo demás. Por eso creo que es el motivo por el cual la gente se nota que se le abre el alma. Ahí está la clave.

Antes de empezar los conciertos calentaba los dedos; ahora me preocupo más por calentar el alma

El título de su álbum Identidad sugiere una introspección profunda. ¿Qué elementos musicales y personales definen la 'identidad' que usted explora, y cómo se diferencia de la expresión artística de sus discos anteriores? ¿Se puede decir que estamos ante su trabajo más íntimo?

Es un proyecto que hacía tiempo que quería hacer. Se trataba de improvisar, de crear, de ser compositor a tiempo real sobre un escenario, centrándome en mis sentimientos, en lo que yo siento, en mi historia, en todo lo vivido, en todo el presente, incluso en todo posible futuro.

Se puede decir que describo a través de esos momentos, de la música, cómo estoy tallado, qué es lo que me ha tallado, me va tallando, incluso qué es lo que me podría tallar en el futuro. Se trata de eso.

Yo digo de una forma más poética que abro los cajones de los recuerdos y saco todo lo vivido y lo vuelvo a paladear de nuevo, y no es más que eso, con la complicidad por supuesto de hacerlo en directo. Eso es complejo.

Antes de salir, antes siempre calentaba los dedos, que también es importante, pero ahora me preocupo más por calentar el alma en los recuerdos y en mi historia, porque debo ser fiel y expresivo, y debo reflejar bien todo lo que me ha tallado; esos cajones llenos de recuerdos.

Además de los palos flamencos, su música a menudo incorpora elementos de jazz, clásica o world music. ¿Cómo gestiona el equilibrio para mantener la pureza del flamenco mientras integra otras sonoridades?

Lo más importante es conocer bien el flamenco. Tenerlo bien en la piel, en la cabeza, en las entrañas, saber cómo son las coordenadas, qué tipo de formas a veces pueden hacer que se aparte más del flamenco. Una vez que tú lo conoces, luego puedes jugar y divertirte con otros tipos de música sin miedo.

Cierto que mi música esencial, mi lenguaje, es el flamenco. Luego estudio, desde la parte más académica, el clásico. Ahí me intereso por muchos compositores de todas las etapas, me quedo al final con los que más me interesan: Béla bartok, Stravinsky, Elliott Carter, los músicos de los países del Este, los rusos..., encuentro ahí mucho más parecido al flamenco, y que puede conectar mucho mejor.

Empiezo a coger recursos de ellos, a investigarlos, a analizarlos, el ejercicio en sí del compositor, qué buscaba dentro del folclore y cómo lo llevaba a su terreno. Yo hago ese ejercicio, y una vez que investigo, intento hacer lo mismo.

Luego me intereso por otros tipos de música: el jazz, la música turca, árabe en general, la música india... Todo tipo de disciplinas y expresiones diferentes que hay en el mundo, y ahí lo voy investigando, escuchando muchísimo, analizando, y voy incorporando brochazos y conceptos de todo ese mundo expresivo ajeno al flamenco, pero que al final no es tan ajeno, porque todo es música.

Una vez tienes asimilado todo eso, solamente tienes que volver a tu tierra, a tu casa, que en mi caso es el flamenco, y empezar a componer porque ya lo conoces, y lo único que tienes que hacer es usar esos conceptos diferentes para hacer tu música. Es sencillo.

El flamenco que yo he visto desde pequeño sale directamente de las entrañas

¿Qué aportan a la música de Dorantes otros estilos como el jazz o la música clásica?

Aportan colorido. No solo armónico, sino también expresivo, de sonido, de repartirle melodía... A la hora de ser creativo, de componer, tengo un abanico mucho más amplio, de expresión y de todo.

¿En el flamenco hay más prejuicios que en otras músicas?

Hay prejuicios como en otras disciplinas. En el jazz, por lo que yo he escuchado, hay también mucho prejuicio a la hora de todos los avances.

En la música clásica, que la tengo más cerca, sé que sí. En todas las culturas musicales o disciplinas creo que habrá el mismo patio de vecinos.

Seguramente pasará lo mismo, pero los creativos estamos para eso: para ser polémicos y para tirar del carro y para aportar. Es que no hay otra. Somos así, y es lo que tenemos que hacer (una de las cosas, por supuesto, no lo único).

  • Sábado 20 de diciembre
  • Jazzazza Jazz Club, Algezares
  • 22.00 horas
  • 36 € Mesa / 20€ General de pie

¿Hacia dónde se dirige ahora su horizonte creativo? ¿Hay nuevas exploraciones, colaboraciones o formatos que le gustaría abordar en el futuro cercano?

Lo primero es seguir siendo creativo. Ahora estoy terminando un trabajo sobre la obra de Scarlatti, el gran músico napolitano que estuvo viviendo cuatro años en Sevilla por 1700.

Yo recuerdo que tocaba cosas suyas en el Conservatorio, y ya le encontraba algunos brochazos del flamenco, y luego investigando comprobé que fue así: un periodo de la obra suya para clave de la K 100 a la K ciento y pico está claramente influenciada de la música flamenca que había en aquella época.

Me interesó mucho y empecé a investigar y crear desde su obra haciendo un acercamiento, y para ello uso el clave, lo que me está dando muchas alegrías . Aunque el disco va a salir dentro de poco, ya lo he hecho ante la gente, y la recepción ha sido muy bonita, y yo me lo paso tremendo.

Tengo otro proyecto a piano casi solo, y otras muchas cosas en mi cabeza. Se puede decir que mi camino, mi horizonte es siempre inventar y levantarme cada mañana viendo qué puedo hacer nuevo para alimentar mi alma y mi carrera , que pide y come mucho.

El instrumentista es el que tiene el poder para otorgar al instrumento alma y hacerlo útil

¿Qué tiene el flamenco para que pueda integrarse o fusionarse con la música clásica o el jazz?

Creo que lo que tiene el flamenco es una filosofía de vida . Los que han hecho flamenco, si conoces bien su historia, son libres, algo anárquicos, con mucha intuición y mucha capacidad de improvisar en cada momento –eso quizá también lo da la tierra de por sí-, y todo eso permite que el músico flamenco se pueda incorporar a todo tipo de músicas sin miedo, seguro de lo que trae en su mochila.

Y luego trae mucha riqueza expresiva, rítmica; el flamenco es rítmicamente muy complejo... Toda esa complejidad hace que los músicos de flamenco sean más flexibles, y le otorga más capacidad para afrontar otro tipo de música desde la improvisación, de la intuición, de la verdad.

¿Qué significa para Dorantes tocar en un club de jazz? ¿Con qué se va a encontrar el público que acuda a escuchar Dorantes?

A mí siempre me ha encantado tocar en espacios como clubs de jazz, salas pequeñas de música clásica, y otros espacios más grandes; cada cosa me otorga algo diferente .

Reconozco que esa intimidad que hay en un club de jazz me acerca más aún a lo que yo he vivido en mi familia, en un salón compartiendo flamenco. Se siente cerca la respiración de la gente mientras toco.

Esos espacios me gustan porque me conectan mucho más con el alma, y la conexión con los demás. Y todo aquel que vaya a verme va a encontrar a un músico con muchas ganas de hacerles sentir por encima de todo, que sueñen, que reciban historias, y que vibren; da igual que recursos use, si uso música serial...

Lo importante es que, use lo que use, pueda entrar dentro de sus corazones . Van a encontrar un servidor de sentimientos o un abrepuertas a otros espacios. Eso es lo que voy a intentar, y espero conseguirlo. Voy a poner todo mi esfuerzo.

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