Artesanía
La taracea de Paco Montero, desde la costa aguileña al escaparate internacional
El artesano de Calabardina mantiene viva una técnica casi desaparecida en la Región de Murcia

El artesano Paco Montero con algunas de sus creaciones / L.O.
En un pequeño taller junto al mar, en la localidad aguileña de Calabardina, Paco Montero Fenollós continúa practicando un oficio que apenas resiste al paso del tiempo. Es uno de los últimos —si no el único— artesanos de la Región de Murcia que mantiene viva la taracea, una técnica ancestral de incrustación de maderas nobles que aprendió de su abuelo y que hoy aplica a piezas tan singulares como bolsos, joyeros o tableros de juego.
La trayectoria silenciosa de este artesano ha dado recientemente un salto inesperado al ámbito internacional. Montero ha sido seleccionado en la primera fase de los Craft Prize 2024 de la Fundación Loewe, uno de los certámenes más prestigiosos del mundo en el ámbito de la artesanía contemporánea, al que concurren creadores de numerosos países. Su candidatura, presentada bajo el nombre artístico de Tarsya, compite en la categoría de madera con un bolso elaborado mediante taracea tradicional, inspirado en las olas del Mediterráneo y concebido como homenaje a su abuelo, quien le enseñó el oficio.
Cada una de sus piezas es fruto de un proceso lento y meticuloso. Para completar un solo bolso pueden ser necesarias entre doce y quince horas de trabajo, repartidas en distintas fases: diseño, corte de las maderas, encolado, relleno de juntas, lijado y un cuidadoso barnizado con hasta cinco capas. «Sin paciencia no se puede hacer este trabajo», repite el artesano, que define su labor como tranquila pero exigente, tanto en lo técnico como en lo mental.

Modelos posan junto al artesano con algunas de sus creaciones / L.O.
La materia prima tampoco ayuda. El encarecimiento de la madera en los últimos años ha elevado el coste de producción de unas piezas que ya de por sí son únicas y difíciles de reproducir en serie. Aun así, Montero ha optado por mantenerse al margen de la producción masiva y del comercio digital. Prefiere vender poco, pero seguir fiel a un método de trabajo heredado y prácticamente inalterado con el paso de las décadas.
Su vinculación con la taracea viene de lejos. De niño observaba a su abuelo elaborar tableros del tradicional juego de las senas, muy arraigado en la zona de Lorca. Tras prometerle que no dejaría morir la tradición, amplió poco a poco el uso de la técnica a otros objetos, dotándolos de una estética más contemporánea sin perder el carácter artesanal. Esa evolución le ha valido el reconocimiento como Artesano Honorífico de la Región de Murcia y su pertenencia a la asociación ARTELOR.

Paco Montero, en su stand en Artelor / L.O.
Mientras espera el veredicto definitivo del jurado internacional, que se conocerá en primavera, Paco Montero continúa trabajando en su taller, ajeno a la prisa. Sabe que incluso sin ganar, formar parte de la selección final ya supondría que su obra viaje a la exposición que la Fundación Loewe organiza en Nueva York. Pero, más allá de premios y escaparates, su principal objetivo sigue siendo el mismo: cumplir la promesa hecha a su abuelo y demostrar que la artesanía, cuando se trabaja con tiempo y respeto, aún tiene futuro.
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