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Entrevista

María Moscoso: "Aceptar la muerte no significa no tener miedo, sino saber vivir igual"

Isabel Esparcia, productora y madre de María Moscoso, cuya historia inspira ‘La Otra Orilla’, dialogan sobre la experiencia vital que dio forma a este cortometraje sobre la vida, la enfermedad y la aceptación de la muerte

María (sujetando la claqueta) e Isabel, junto a dos de las actrices protagonistas durante el rodaje.

María (sujetando la claqueta) e Isabel, junto a dos de las actrices protagonistas durante el rodaje. / L. O.

La Otra Orilla es un cortometraje nacido de una experiencia íntima y difícil de contener en palabras. Su productora, abogada de profesión y fundadora de Alcornoque Films, Isabel Esparcia, nunca imaginó que la historia de su hija María Moscoso—primera niña catalogada como 'crónica compleja' en la Región de Murcia—terminaría convertida en una pieza cinematográfica. María ha pasado casi toda su vida en hospitales, entre cirugías de alto riesgo, ingresos prolongados y una capacidad pulmonar muy reducida. Aun así, su relación con la música, su humor y su serenidad sorprendente han inspirado a médicos, familiares y, finalmente, al director Jerónimo Molero, que quedó impactado al conocerla durante el rodaje de un documental sobre el duelo.

De ese encuentro surgió un guion que imaginaba cómo sería María de adulta. Lo que parecía un proyecto improbable tomó forma al presentarse a una convocatoria pública destinada a cortometrajes. El resultado es una obra de 30 minutos, poética y delicada, que aborda la enfermedad y la muerte sin dramatismo y desde un lugar de vida. Isabel Esparcia y María Moscoso relatan cómo han vivido esta experiencia. La Otra Orilla ya está recorriendo distintos festivales como los de Madrid, Cartagena, Murcia y Chicharrón, y ha recibido premios a la Mejor Banda Sonora y Mención Especial del Jurado.

¿Cuándo sintieron que la historia de María podía contarse en una obra audiovisual?

Isabel: Nunca pensamos en convertirla en cine. En el hospital insistían mucho en que María escribiera un libro, que contara su historia, porque había sobrevivido a situaciones muy extremas. Ella fue la primera niña 'crónica compleja' atendida en la unidad de Murcia. En 2014, cuando Jerónimo Molero llegó para rodar un documental sobre el duelo, le hablaron de María, que entonces tenía nueve años. Le impactó tanto que nos propuso participar y estuvimos un año y medio grabando. A partir de ahí empezó a imaginar cómo sería María de adulta si sobrevivía a todo aquello, y junto a una guionista escribió el guion del corto.

Imaginar ese futuro no debió de ser sencillo. ¿Cómo vivieron ese proceso?

I: Fue durísimo y revelador. Nunca le preguntas a un hijo cómo se ve a los 40 o a los 60; tú proyectas tu propia imagen. El guion nos obligó a pensar en eso juntas. Intenté centrarme en la producción porque el proyecto era muy grande, pero cuando llegó el rodaje fue inevitable revivir la parte hospitalaria. Es una historia basada en hechos reales y emocionalmente removía mucho. Hubo momentos en los que María y yo nos encontrábamos llorando en el baño.

La música era lo único que me acompañaba cuando estaba intubada

María Moscoso

En el corto, la protagonista adulta es música, algo muy presente en la vida de María. ¿Cómo se ha visto reflejada en esa representación?

María: La música es fundamental para mí, y en el hospital todavía más. En 2019, cuando estuve intubada durante mucho tiempo, me ponían música todo el día y, aunque parecía imposible, yo la escuchaba. Toco el ukelele, el piano y cualquier instrumento que se me ponga delante. Para el corto queríamos mostrar esa parte: la María que vive la música como identidad. También decoro siempre mi habitación del hospital para hacerla más acogedora, con luces, dibujos o pequeños detalles. Es mi forma de estar bien incluso en esos momentos.

La película aborda la aceptación de la muerte sin dramatismo. ¿Cómo se convive con esa conciencia desde tan joven?

M: Hasta esta última operación siempre quedaba un miedo pequeño, lógico. Pero esta vez lo vencí: entré al quirófano tranquila. Mi capacidad pulmonar es baja y cada operación tiene un riesgo real, pero aceptar que la muerte está ahí me ayuda a seguir. Aceptarla no significa no tener miedo, sino saber vivir igual. Esa aceptación te da alas, aunque sigas enfrentándote a ella de frente.

El corto muestra la enfermedad desde un lugar luminoso. ¿Qué querían transmitir con ese enfoque?

M: Yo he vivido siempre con esto y mi familia nunca lo trató como algo que me definiera. Por eso no lo veo como una tragedia, sino como parte de mi vida. Queríamos transmitir que, aun con dolor y dificultades, también hay belleza, alegría y normalidad.

¿Cuál diría que es el mensaje central de La Otra Orilla?

I: Las limitaciones no suelen venir de la enfermedad, sino de los demás: médicos, familia, entorno. Yo nunca quise limitar a mi hija. Cuando le preguntamos cómo se veía de adulta, respondió: "Quiero enamorarme". Quería una vida normal dentro de sus posibilidades. Y también aceptar que la muerte está ahí, pero que eso no te impida vivir. El corto habla de esperanza y de plenitud en cada una de las edades por las que pasa la protagonista.

Como productora, ¿qué ha sido lo más desafiante en una historia tan cercana?

I: Tratarla como cualquier otro proyecto. No mencioné que era la madre cuando busqué financiación. Un apoyo inicial del Grupo Secuoya abrió puertas. Después llegaron las ayudas del ICA y un crowdfunding muy exitoso. Conseguimos unos 23.500 euros y, sumando aportaciones de empresas, alcanzamos un presupuesto de alrededor de 100.000 euros, con unos 40 profesionales trabajando y todos cobrando. Para mí era importante demostrar que podía producir un proyecto con dimensión de largometraje.

Las limitaciones no suelen venir de la enfermedad, sino de los demás

Isabel Esparcia

La película también habla de la muerte en los hospitales infantiles. ¿Qué aporta a esa conversación?

I: En un hospital infantil se convive con la muerte constantemente: payasos, psicólogos, profesores, enfermeros, familias. Queríamos mostrar esa realidad sin esconderla, entendiendo que la muerte forma parte de la vida. En el guion original la protagonista adulta moría, pero en el montaje decidimos que no hacía falta mostrarlo. Preferimos dejar una línea de esperanza.

¿Cómo está siendo el recorrido del corto por festivales?

I: Muy bien, aunque la duración de 30 minutos complica mucho las selecciones. Muchos festivales aceptan piezas más cortas, pero cuando lo ven suele gustar. La selección en Madrid fue clave y, a partir de ahí, ha comenzado el boca a boca y han llegado los primeros premios.

El proyecto ha tenido incluso consecuencias científicas inesperadas. ¿Cómo surgió esa investigación?

I: Gracias al crowdfunding, un grupo de investigación de la Facultad de Biología de la UMU supo de la historia de María y se puso en contacto con nosotros. El año pasado iniciaron un estudio con peces cebra y están obteniendo resultados muy esperanzadores. María quiere crear una asociación para impulsar la investigación en su enfermedad. Ha sido una consecuencia inesperada y muy emocionante del corto.

Con todo este recorrido, ¿se plantean convertir La Otra Orilla en un largometraje?

I: Nos lo han propuesto, pero creemos que esta historia ya ha sido suficientemente intensa. Ahora estamos centrados en su recorrido por festivales e intentar conseguir las selecciones necesarias para optar a los Goya de 2027.

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