En su rincón
Juana S. Manzanares: Vivir y dormir entre libros
Gestora cultural incansable, ha convertido la Biblioteca Pública de Torre Pacheco en un referente vivo de lectura, creación y encuentro

Juana Sánchez en la Biblioteca de Torre Pacheco. / Javier Lorente
Quedo con Juana María Sánchez Manzanares en la Biblioteca Pública de Torre Pacheco. Lo que más impresiona de este singular edificio de Martín Lejárraga es la cantidad y calidad de actividades culturales que allí se organizan. La responsabilidad de esta vitalidad de promoción de la lectura tiene su causa en esta mujer incansable, totalmente entregada a esta necesaria y hermosa labor.
La biblioteca cuenta con salas de lectura, aulas de informática, salas de usos múltiples, de conferencias y mesas redondas y, arriba, una magnífica sala de exposiciones en la que Juana se preocupa de programar cada mes interesantes muestras de artistas reconocidos. El haber expuesto mis obras y haber comisariado allí alguna exposición de otros artistas me ha permitido valorar la profesionalidad, la entrega, las iniciativas mil y la buena gestión de esta mujer que es mucho más que una bibliotecaria, dirigiendo un espacio que es más un centro cultural que una simple biblioteca.
Me confiesa Juana que ella admira el trabajo vocacional de médicos y enfermeras, de profesoras y maestros; yo añadiría al colectivo de quienes, como ella, guardan y difunden el tesoro de los libros, poniendo la literatura y el saber al alcance de todos los públicos: desde los más niños a los mayores, colectivos de mujeres, inmigrantes, etc. Un libro puede enseñar, entretener, divertir y hasta cambiar tu vida, y para muestra ella misma.
Juana nació en una familia sencilla del pueblo; su madre era modista y su padre, un albañil amante de la lectura, que gracias a sus ganas de leer y prepararse logró montar una empresa y convertirse en pequeño empresario. "Se nota cuando en una casa hay libros y te animan a leer y a estudiar", me dice, y añade que "nosotros somos cuatro hermanos y todos estudiamos animados por nuestros padres". El resultado es un hermano gerente de la UPCT, otro arquitecto, una hermana profesora de Lengua en la UMU y ella, Juana María, que estudió Biblioteconomía.
"Me matriculé en Filología, pero abrieron la carrera de Biblioteconomía y pedí el traslado. Era la primera promoción y fue realmente un momento precioso, lleno de esperanzas y complicidad". No tenían un edificio propio y estaban de prestado en otras facultades, y añade: "Recuerdo que la mitad de los compañeros ya habían estudiado otra carrera antes y nos aportaban sabiduría y madurez. Fui compañera de Rosa Peñalver, aprendí mucho de ella, del profesorado y de los compañeros".
Terminó la carrera en el 91 e hizo las prácticas en la antigua biblioteca de Torre Pacheco. Cuando la bibliotecaria se jubiló, presentó un proyecto y la contrataron. En 1998 ganó la plaza por oposición y en 2005 se licenció en Documentación. "Yo considero que la formación es muy importante y que es necesaria la formación permanente", así que me va contando los cursos, seminarios y congresos a los que asiste con regularidad: "Sobre todo los Congresos bienales de las Bibliotecas Públicas, que se celebran cada vez en una ciudad; el último en Granada, y que nunca me los pierdo. Se aprende mucho de las experiencias y actividades de las otras bibliotecas". También destaca su implicación como socia activa de Anabad (Asociación de Bibliotecarios, Archiveros, Documentalistas y Museólogos): "Ayer mismo asistí a un curso sobre IA práctica".
Me cuenta que de pequeña leía todo lo que caía en sus manos, que le gustaba Las Aventuras de los 5, que disfrutaba mucho de los libros de aventuras y luego, en el Instituto, de los libros obligatorios. "Recuerdo especialmente al profesor Santiago Delgado, que nos hacía leer, debatir y también escribir. También me marcó María Dolores Abad, profesora de literatura en el Luis Manzanares, que organizaba recitales de poesía con la participación de los alumnos. Fíjate que ya en aquellos años hicimos uno dedicado a los poetas palestinos. No he podido olvidar aquello en estos tiempos con lo de Gaza, así que hemos actualizado la actividad y organizado Versos por Palestina".
Como organiza tantas actividades, me confiesa que en la Biblioteca no puede leer, cosa que hace diariamente en casa y que, por supuesto, recomienda a todos, en especial a niños y jóvenes: "Es importante adquirir y no perder el hábito de leer todos los días, aunque sea un par de páginas o un poema. Creo que la lectura es una prioridad y yo no paro de darle vueltas a la cabeza para hacer cosas que la promuevan. Lo primero que pienso al despertar es en la Biblioteca y lo último, al acostarme, es también en los libros".
Este año se conmemora el 125 aniversario de María Moliner, autora del famoso diccionario y profesora en la Universidad de Murcia. Juana está ideando charlas y actividades con motivo de la efeméride; por lo pronto, ha diseñado una felicitación de Navidad para la Biblioteca con un guiño a esta figura clave de la cultura española.
Me sigue hablando con pasión e ilusión de las actividades que promueve: conferencias, encuentros con autor, cuentacuentos, tres clubes de lectura, cursos de informática para mayores, Musiquitas para iniciar a los niños en la música, colaboraciones con ONG… y lo que más me sorprende es una Bebeteca, con la ayuda de una profesora de preescolar, ¡con niños a partir de un año y medio! Juana no para de ingeniar actividades para promover el amor a los libros y a la cultura.
Lo último ha sido que los niños duerman la noche de los sábados en la biblioteca, en colchones repartidos por doquier. "Hay que imaginar e innovar, y hay que alimentar la mente y el espíritu. Cuando quieres comer bien, te vas a un buen restaurante; pues lo mismo pasa con la cultura, que hay que disfrutar de las bibliotecas y de los centros culturales. Como dijo García Lorca en su discurso de inauguración de la Biblioteca de Fuentevaqueros: 'No solo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle, no pediría un pan, sino que pediría medio pan y un libro'".
Juana presenta proyectos a mil convocatorias; incluso recibió el Premio Nacional María Moliner, de manos del ministro, dotado con 10.000 euros. Y aún le queda tiempo para hacer todos los años un gran viaje por el mundo y por países exóticos, afición que inició con 17 años, recorriendo Europa en tren y realizando un reportaje cultural. Grande.
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