Tribuna libre
Lux, lucis, luz
Un viaje espiritual por la mística femenina que inspira el universo sonoro del último disco de Rosalía

Rosalía, en una imagen del videoclip de 'Berghain'. / Europa Press
Si algo tiene la música, al igual que el arte o cualquier tipo de expresión artística, es su capacidad narrativa. El artista tiene en su poder esa herramienta tan poderosa con la que poder contar lo que a veces no se puede decir con palabras o simplemente éstas no son suficientes para ello. Estas últimas semanas, de manera sorprendente, y como consecuencia del nuevo disco Lux de Rosalía, todos hablamos de la mística femenina, la religión, la fe y lo divino, en una revolución espiritual que han convertido a la música contemporánea en un elemento casi evangelizador.
Lo femenino es usado por la artista como un campo de experimentación pero también de superación, evolución y aprendizaje, a través de 18 canciones que suponen una búsqueda de esa grieta luminosa que abre una nueva perspectiva para la experiencia mística. Un viaje de introspección personal que va del amor al sufrimiento, para regresar nuevamente al amor pero desde el camino de la fe, porque si algo tiene ese mirarse hacia dentro es descubrir que éste tiene muchas caras.
Figuras de la mística regresan camufladas tras las letras de sus canciones
Lo verdaderamente fascinante de esta producción es que su tejido conceptual se estructura en base al descubrimiento de la propia cantante de los ecos de mujeres místicas de diferentes siglos, que históricamente dejaron huella tanto en la espiritualidad como en la literatura. Muy interesada por todo lo relacionado con la tradición,-ya sea el cante jondo, la literatura medieval o los imaginarios religiosos-, ahora recupera los nombres de algunas de aquellas mujeres que trascendieron por su capacidad de convertir la experiencia interior en palabra, símbolo y aprendizaje.
Un camino de descubrimiento, no sólo de su yo más íntimo sino también del significado de la espiritualidad relacionado con la esencia de la mujer. Figuras de la mística medieval o del renacimiento regresan camufladas tras las letras de sus canciones en trece idiomas distintos. Vidas que vuelven a la actualidad mostrando el valor de la fe como ejemplo de valentía, resistencia, sabiduría, devoción, y fortaleza pero también de caridad y amor.

Rosalia, en la portada de su último disco, Lux / L.O.
Entre esas presencias que acompañan a Rosalía en este proceso reflexivo de su propia vivencia personal, Santa Teresa de Jesús surge de manera evidente no sólo por su relevancia en la tradición hispánica sino porque su obra combina una marcada y radical interioridad, con una forma de escribir que desarma por su sinceridad. En varios momentos de sus canciones juega de manera entrecruzada con las letras recordando ese lenguaje teresiano: expresiones de despojo, la importancia del recogimiento, incluso el uso de metáforas sobre habitaciones, moradas y aperturas del corazón. Una palabra a priori con connotaciones tan delicadas como es la perla se usa como sinónimo de algo tan sucio como la traición.
Santa Teresa fue una mujer que vivió su espiritualidad a través del cuerpo
Santa Teresa fue una mujer que vivió su espiritualidad a través del cuerpo, escribió desde esa tensión generada entre el deseo humano y la trascendencia, algo que de manera emocional también encontramos en Rosalía ya que siempre ha concebido su arte como un territorio donde la emoción se canta desde lo físico. Para ambas la intensidad no es un concepto que reste por ser excesiva, sino un modo de expresión hacia un conocimiento de carácter liberador.
Este nuevo sonido de la espiritualidad femenina es calmada a la vez que apasionada, es silencio pero también grito, es llanto pero también ilusión, un acto de evolución personal, y ante todo de perdón. La figura de Hildegarda de Bingen, polímata medieval que fue compositora, médica, teóloga y visionaria se intuye entre los sonidos de esa nueva arquitectura sensorial de marcadas atmósferas corales que provocan cierta sensación de volatilidad. Hildegara componía música como un nexo de unión entre lo humano y lo divino, y esa manera de entender el canto como una herramienta canalizadora de la visión espiritual es algo que encaja con esa búsqueda de la espiritualidad planteada en Lux. En varios momentos, los coros femeninos recuerdan esa idea hildegariana de la ‘sinfonía viriditas’, la fuerza vital y creativa de Dios está presente en toda la creación que fluye y reverdece. «Que tu obra sea la firma que dejas en el mundo», dejó escrito, un legado vivo, y en continuo movimiento, que sirva de cauce para que otros beban de él. Bien pensado aquellas palabras de esta abadesa benedictina del siglo XII se convierten en una seña de identidad que representa a la perfección aquello que Rosalía ha querido dejar escrito en este nuevo trabajo. Un mensaje convertido en varios a la vez, una marca tallada en el tiempo para que otros aprendan, para el descubrimiento de muchos y para que unos tantos se den por enterados.

Retrato de Santa Teresa de Jesús (Anónimo. S.XVII. Museo del Prado) / L.O.
En un registro muy distinto, pero igualmente significativo, se encuentra la huella de Simone Weil, la filósofa francesa que reflexionó sobre la atención, la gracia y la experiencia de lo absoluto desde una sensibilidad radicalmente ética. Weil no es una mística en su sentido más tradicional, su misticismo es austero, consciente de la fragilidad humana, siempre poniendo el foco en el sufrimiento y la justicia.
Algunas de las letras de Lux se acercan a esa idea de pararse a contemplar lo más pequeño, un acto que, en su simplicidad, te transporta como una acaricia hacia lo infinito. No es la primera vez que Rosalía explora cuestiones como el sacrificio, la entrega, y la vulnerabilidad como formas de fortaleza estética. La resonancia de la filosofía weiliana le ofrece una nueva vía de aprendizaje: la mística convertida en una forma de vaciamiento de ego, de dejar esas cargas inútiles que todos llevamos para ser libres y poder recibir en plenitud lo que está por llegar.
Místicas inspiradoras, santas, poetas, reinas, guerreras, filósofas, como Santa Olga de Kiev, Sun Bu´er, Rabia al Adawiyya, Sor Juana Inés de la Cruz, Santa Rosalía de Palermo, Juana de Arco, o Miriam Baouardy, sin olvidar a la santa peruana Santa Rosa de Lima. Un extenso mapa de la revelación femenina donde la devoción y la admiración se han puesto su hábito blanco para rendir homenaje a todas ellas.
Por si no lo sabíais Lux, es un nombre propio femenino traducido del latín como Luz, que significa «la que da claridad».
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