Entrevista | Francisco J. Navarro Arqueólogo e historiador
Francisco J. Navarro: "Si las vías romanas se construyeron para mover a las legiones, el segundo motivo fue proveer a estas de vino"
Junto a Antonio Poveda, que fue director del Museo Arqueológico de Murcia, ha publicado un libro titulado ‘Pompeya. Vivir entre el placer y la muerte’

Francisco José Navarro Suárez en Pompeya. / L. O.
Francisco José Navarro Suárez es académico de la Academia de Gastronomía de la Región de Murcia, licenciado en Historia Antigua y Arqueología y especialista en vinos de la Antigüedad y contemporáneos. Ha coordinado la edición del libro de reciente aparición Pompeya. Vivir entre el placer y la muerte (Pluma Verde, 2025).
El libro es una coedición científica fruto de años de trabajo relacionados con las excavaciones de Pompeya.
Sí, con Antonio Poveda Navarro, director del Museo Arqueológico de Elda y que lo fue también del Museo Arqueológico de Murcia. Los dos hemos trabajado en los casi inabarcables fondos del Parque Arqueológico de Pompeya en media docena de ocasiones. Además, Antonio ha sido miembro del equipo directivo de las excavaciones de la Universidad de Alicante en Pompeya. Juntos comisaríamos allá por 2007 la exposición Ocio y placer en Pompeya.
¿Pompeya seguirá sorprendiéndonos?
Nadie lo duda. Es cierto que hay localidades romanas como Baia, a 30 kilómetros de Nápoles, donde Cicerón, Virgilio o Plinio tenían residencias de ocio. Y que milmillonarios de entonces utilizaban largas temporadas sus baños termales. Pero que la erupción del Vesubio del 79 d. C. nos dejara la famosa instantánea que millones de turistas visitan y admiran es incomparable. Pompeya no pasaba de los 20.000 habitantes, y desde luego muchos eran esclavos y otros muchos, pobres. Pero que, junto con Herculano, podamos pasear hoy entre ricas viviendas con habitaciones de más de cinco metros de alzado decoradas con pinturas no sucederá nunca más. La última noticia es la aparición de un banco en la calle donde la gente esperaba para ser recibida por el poderoso señor de la domus de enfrente.
Quedarán decenios para exhumar la ciudad entera.
Aproximadamente resta un tercio por excavar. Pero, con buen criterio, la dirección del Parque Arqueológico decidió hace mucho dejar una parte enterrada para que futuras generaciones de profesionales con tecnología más avanzada a la actual puedan aportar más información.
Entendemos que esta no es una publicación al uso.
Esperemos que no. Desde luego, no es una guía de Pompeya, no es el catálogo de una exposición ni es un libro monográfico sobre las termas romanas. En primer lugar, quiero resaltar que es un homenaje al gran investigador de Pompeya Fabrizio Pesando, fallecido en agosto de 2023. Por otro lado, es importante aclarar que las páginas de este libro se articulan en siete capítulos en torno a los temas que cualquier visitante de Pompeya contempla o por los que se interesa.
Háblenos de ellos.
Uno está dedicado a la arquitectura, en especial a la Casa de los Vetii, reabierta tras 20 años de restauración y para la que conseguimos un permiso especial de visita apenas seis días después de que esto ocurriera. Con la autorización pertinente para su traducción y edición, el primer capítulo recoge el trabajo del profesor Pesando sobre la impresionante vivienda que perteneció a dos comerciantes de vino. Luego, para el origen y la historia de la ciudad, contamos con el profesor Valentino Gasparini y el capítulo Pompeya, la ciudad de Venus. Del docente de la Universidad de Perugia, Paolo Braconi, Comer a la sombra del Vesubio. Yo mismo firmo el dedicado a El vino en la ciudad de Pompeya, mientras que Antonio [Poveda] hace lo propio con El placer de las termas. No solo agua. Y, por último, del arqueólogo y bioantropólogo Llorenç Alapont tenemos Morir en Pompeya.
Cuando uno visita Pompeya, se queda impresionado por las retorcidas y dramáticas figuras obtenidas de los vaciados de quienes no pudieron escapar al volcán. Ahora las excavaciones del profesor Alapont están aportando novedades.
En su capítulo Morir en Pompeya destacan dos de los descubrimientos más importantes hechos en la ciudad en los últimos años: la tumba de Marcus Venerius y las estatuas funerarias de una pareja, siendo ella una sacerdotisa de la diosa Ceres. Ambos hallazgos son consecuencia del proyecto ‘Investigando la arqueología de la muerte en Pompeya’, que desarrolla las excavaciones en las necrópolis de Porta Sarno y Porta Nola. Las intervenciones arqueológicas han aportado nueva luz sobre la vida y la muerte en Pompeya, sobre los rituales funerarios, el pensamiento hacia la muerte, etc., pero también sobre cómo eran el ambiente y la diversidad ideológica y cultural durante el reinado de Nerón y el emponderamiento de las mujeres en la sociedad romana.
Queda un tercio de Pompeya por excavar, pero se ha dejado para futuras generaciones con mejor tecnología
Usted, un arqueólogo, ha escrito el capítulo del consumo y venta de vino en la ciudad de Pompeya.
Historiadores y arqueólogos somos investigadores. En mi caso hay que sumar que soy académico de gastronomía por Murcia. De este tema vengo siendo invitado en España y desde hace ya 20 años a impartir charlas en Escuelas Técnicas Superiores de Ingenieros Agrónomos y también de Medio Rural y Enología, así como en másteres universitarios en Enología y en cátedras del vino. Ya que lo conocido es antiguo, no actualizado, y siempre me pedían «los apuntes», decidí resumir y publicar el tema. A finales de 2026 aparecerá mi libro Exportación y consumo de vino y cerveza durante el Principado romano (27 a. C. – 235 d. C.).
¿Bebían mucho los romanos?
Para contestar a esta pregunta, lo primero que hay que saber es que, además del placer de la degustación, el vino ha sido siempre un alimento (algo debatido internamente en las reuniones de trabajo de nuestra Academia de Gastronomía) y también se consideró una fuente calórica importante para el trabajo físico. Pero, sobre todo, su consumo era una medida de profilaxis dada la poca salubridad del agua de beber hasta incluso la época victoriana. Después de 30 años de investigación sobre el vino en el Alto Imperio Romano, me atrevo a asegurar que, si la prioridad en la construcción de las famosas vías de comunicación romanas fue facilitar la llegada de las legiones a todas las tierras conquistadas, el segundo motivo fue proveer a estas de vino. Los estudios de ánforas vinarias en campamentos germanos o britanos así lo demuestran. Esta es una novedad sobre la que estoy trabajando.
¿Eran unos sibaritas los pompeyanos respecto al vino?
Heródoto de Halicarnaso, hacia el siglo V a. C., escribió en sus Nueve libros de Historia: «Me veo en el deber de referir lo que se me cuenta, pero no a creerme todo a rajatabla». Mi formación en Historia Antigua y Arqueología me llevó de siempre a acercarme al vino desde dos ópticas que se complementan: las fuentes literarias griegas y romanas y las arqueológicas. Así puedo ahora afirmar que, si bien los buenos vinos de la Tarraconense hispana y los de Massalia en la Galia llegaban a Pompeya, al igual que los de las islas griegas, los pompeyanos consumían un elevado porcentaje de los vinos del entorno del Vesubio. Y ello debido a la calidad de sus viñas, por los aportes de nutrientes de las faldas del volcán. En mi última estancia en la ciudad he consumido un blanco local excelente.
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