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Obituario

Artista del universo

Pedro García Raja

Dora fue y será siempre una artista del Universo. Sus divertidas pinturas y dibujos y sus maravillosas esculturas eran un reflejo de un mundo al alcance solo de esos grandes seres que con su genialidad alumbran las vidas de los que tienen la suerte de cruzarse con ellos.

Dora iluminaba el mundo desde la insolencia de sus desencantos, desde la belleza de los colores de una paleta siempre atrevida, desde unos trazos que conectaban con nuestra esencia, con ese mundo primitivo desde el que todos procedemos.

Dora Catarineu se atrevía con la vida y desde su lengua afilada con una lima fabricada con papel sin filtros retaba a quien se le pusiera delante. Su corazón era tan grande que intentaba ocultarlo como hacen los artistas que aman la vida pero que se encuentran solos en ese Parnaso de sensibilidad en el que tienen que aprender a vivir.

Dora era un ejemplo de ganas de ser como Dios la trajo al mundo. De cumplir con la misión que le asignaron en el cielo cuando la mandaron para acá. Crear belleza desde esos universos únicos que pululaban su cabeza.

Y si por el camino no dejaba títere con cabeza, pues ole, que para eso a los genios hay que permitirles y aplaudirles que lo sean.

Dora era Dora. Y eso que parece una obviedad es siempre una marca de autenticidad. Se ha ido su cuerpo, pero ella, Dora, nuestra Dora de toda la vida, siempre estará. Esa es la ventaja de los grandes seres, de los que dejan su huella en los que una vez nos cruzamos con ella o en los que alguna vez se encontrarán con algunas de sus obras. Para siempre.

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