Cartagena Jazz Festival
Un ángel que susurra canciones
Intimidad, sutileza y una narración musical que hechiza: Stacey Kent vuelve a enamorar en el Cartagena Jazz Festival

El trio liderado por Stacey Kent en el Cartagena Jazz Festival. / Ávila
Era su tercera o cuarta visita al Cartagena Jazz —no lo recordaba ella bien—, y su aspecto ha cambiado. Ya no tiene el pelo corto a lo garçon como Jean Seberg, y lleva gafas. Stacey Kent, la menuda cantante cool, olvidó los mocasines en su hotel, pero con su presencia escénica quieta y seductora, su claridad de expresión, su capacidad para convertir incluso la más tópica de las letras en un cuento corto, mantuvo la capacidad de cautivar incluso a los corazones más endurecidos, de dejar de lado los males del mundo y, en cambio, seducirnos con el romance del amor, la pérdida y el recuerdo agridulce. Su control y precisión vocal son extraordinarios. Es una miniaturista musical que crea drama y tensión con los efectos más pequeños y sutiles. Como presentadora de su propio trabajo, resulta cautivadoramente efervescente y espontánea, llena de anécdotas encantadoras para complementar la historia de fondo de una canción. Nunca grita, rara vez sube el volumen por encima de un suave mezzoforte en esta experiencia de escucha íntima.
Stacey Kent repite su colaboración a trío con el saxofonista (de la escuela Lester Youngs), compositor, arreglista, productor —y también su marido— Jim Tomlinson, que dejó caer sutiles flautas y saxos y soltó una línea o dos de voz (todavía se roban el uno al otro miradas que surcan el escenario), y el pianista Art Hirahara, que proporciona swing pulido en abundancia, “cuando canto acompañada por ellos, llego a no saber dónde estoy, me siento flotando”, dijo. Presentó material de proyectos recientes como Songs From Other Places, con composiciones originales de Tomlinson y el Premio Nobel Kazuo Ishiguro (es letrista de Kent desde 2006, cuando compuso las letras para el álbum Breakfast on the Morning Tram), incluido el conmovedor capricho Postcard Lovers, que aparece en el libro de Ishiguro The Summer We Crossed Europe in the Rain (recopilación de sus letras para ella), y canciones viejas y nuevas, como la melancólica The Shadow of Your Smile, nuevo single adelanto de un álbum que saldrá en 2026: A Time for Love.
La banda siguió el liderazgo de Kent, tocando con gran control y delicadeza. Jim Tomlinson estuvo excelente y musculoso en el saxo tenor, y sensible en la flauta, ambos instrumentos fraseados con tanta precisión como la voz suave y ligera de Kent. Tan persuasiva como siempre, y la interpretación fue, por supuesto, inmaculada.
Stacey Kent, con su swing ligero, su fraseo cortante y su atracción por la bossa nova brasileña, es una cantante de jazz en el molde iconoclasta de la tan añorada Blossom Dearie. Stacey Kent y Jim Tomlinson sugieren, como pareja artística, no a Louis Armstrong y Ella Fitzgerald; son más bien una respuesta moderna a Astrud Gilberto y Stan Getz, cuyas primeras grabaciones siguen siendo la base de lo que hacen Stacey y Jim. La ensoñación triunfa sobre el realismo.
Los puntos fuertes de Kent —delicadeza expresiva a volúmenes bajos, fraseo flexible y diálogos instintivos con su marido saxofonista— estaban todos en este concierto. Abrió con una versión temperamental del standard It Might As Well Be Spring, convertida en C'est le printemps. Que ella se haya convertido en una de las principales custodias del American Songbook no es una sorpresa para cualquiera familiarizado con sus grabaciones. Aquí añadió otro nivel de intimidad soñadoramente sensual a ese clásico, hábilmente arrastrada por la sincronicidad del cálido saxo de Tomlinson, cuyo lustroso tenor, discreto y a la vez sofisticado —aires tanto de Stan Getz como de Lester Young se vislumbran en su estilo—, ha añadido la flauta a su arsenal instrumental. A lo largo de la pieza, Kent se acerca, con un estilo dialogante fresco y fluido como un arroyo claro; más adelante también recurriría al francés en un galope a través de la hipnótica Aguas de Março de Antônio Carlos Jobim, con arreglos de flauta a lo Herbie Mann, teñidos de samba. La presentó como una canción que habla de todo, de las cosas pequeñas, bellas, de cada día. “Esta noche la canto... en francés”. Y en una versión llena de pequeños gestos y delicadas florituras había cantado antes La Javanaise de Gainsbourg, donde la emoción está canalizada, constreñida y controlada.
Narradora de historias
Uno no va a escucharla desatar una pasión arrolladora; Stacey Kent es más una narradora de historias introvertida que una improvisadora. Cuando interpreta estándares de jazz, ese enfoque recatado y discreto puede resultar repetitivo, aunque los solos de saxo de Tomlinson son siempre ricos en arabescos al estilo de Stan Getz: alternando entre el tenor y la flauta, sus contribuciones estuvieron perfectamente medidas, y hubo un sereno interludio instrumental en My One and Only.
Tango in Macao, con letra de Ishiguro, del álbum Songs From Other Places, si bien no es un tango propiamente dicho, resulta exótico y romántico, como la adaptación de Edith Piaf en Under Paris Skies / Sous le ciel de Paris, con la fragancia elegante de un ritmo divino y un fabuloso piano del siempre leal Art Hirahara. Otros grandes momentos fueron Blackbird de los Beatles (acompañada solo por el pianista) y un bello y extasiado homenaje a Brian Wilson, God Only Knows, que estará en el próximo álbum que publican en abril. Stacey Kent y su trío se despidieron, esta vez en español, con el clásico bolero Bésame mucho, ahora bosanovizado.
Aunque pueda pecar de excesivamente cool, Kent tuvo, gracias a sus músicos, el necesario ingrediente de sosiego para que su voz de protagonista brillara. Especialmente en los medios tiempos es donde hizo gala de su excelente voz y de una impecable dicción, que resaltó aún más cuando interpretó en francés, cantando con maduro aplomo, adornada con fraseos que enfatizan las letras, por un sonido cálido y cercano, y por un toque elegante del vibrato con el que terminaba la mayoría de sus líneas. Añade a esto su atractiva presencia musical, que se completa con el acompañamiento swingueante y enérgico de su marido. Imposible sustraerse al encanto y simpatía de Stacey, a la naturalidad con la que canta, a la calidad y sensualidad de su voz. Es un ángel que susurra canciones de amor con un refinamiento exquisito. Nos dejó una sonrisa de placer en los labios.
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