Cartagena Jazz Festival
Lo sublime en sus manos
Dorantes y Moisés P. Sánchez firman en Babel un deslumbrante viaje a dos pianos donde flamenco y jazz se funden en un recorrido de riesgo, belleza y complicidad en el 44º Cartagena Jazz Festival

Dorantes y Moisés P. Sánchez compartiendo el escenario y tocando a dos pianos. / Cartagena Jazz
La propuesta de Dorantes y Moisés P. Sánchez, un recital a dos pianos, se diferenciaba notablemente del resto de la programación del 44º Cartagena Jazz. Los conciertos a dos pianos son eventos muy particulares. Es un formato que presenta dificultades: la sincronización, la claridad en la ejecución, la distinción de los timbres… Tocar dos instrumentos con las mismas características a la vez es un reto bastante desafiante, pero la complicidad y los desafíos planteados anoche fueron algo maravilloso. Uno lanzaba una frase de una forma determinada y el otro daba la réplica.
Hablando el idioma de la libertad, la improvisación y la emoción, estos dos maestros del flamenco y del jazz han construido juntos Babel, donde se entrelazan dos caminos en una conversación plena de colores. En ese afán de explorar siempre caminos nuevos, ofrecieron con increíble serenidad un viaje de complejidad rítmica, emotividad melódica y épica sinfónica, capaz de abarcar lo lúdico, la mística y el romanticismo. Ya lo decía Bill Evans: "lo importante es la búsqueda de la belleza". Nunca habían trabajado juntos hasta ahora, y han dado lugar a un proyecto inédito en el que la creatividad y el talento confluyen de manera magistral.
El escenario, con los dos pianos de cola dispuestos cara a cara, evoca inmediatamente la nobleza e intensidad de otros grandes encuentros pianísticos de la historia, como la genialidad improvisadora de Errol Garner junto al virtuosismo de Art Tatum. No fue una simple superposición de estilos, sino una composición conjunta en la que cada nota ha sido deliberadamente colocada para servir al todo.
Dorantes aportó la intensidad rítmica, el quejío melódico y la esencia del compás andaluz. Su piano ruge, baila y canta con la raíz flamenca. Moisés P. Sánchez trae la sofisticación armónica, la exploración de texturas y una visión del jazz más experimental y caleidoscópica. Lo sublime en sus manos.
Ambos unieron su virtuosismo poniendo frente a frente sus pianos para vivir una experiencia de intercambio y viaje común tras las teclas, una ocasión para rendirse homenaje mutuo en forma de canciones, las que sonaron ante un público que escuchaba sin atreverse a romper un silencio cargado de respeto y admiración. La complicidad entre ambos intérpretes era palpable a través de sus miradas y sus sonrisas.
El espectáculo de anoche, donde el virtuosismo de Moisés quedaba eclipsado a veces por la elegancia, la humildad y la energía de Dorantes, demuestra que sentarse al piano no es un trabajo para ambos, sino una auténtica satisfacción. Pusieron a conversar sus pasiones: Bach, Béla Bartók, el flamenco, el jazz. Dorantes y Moisés hablando de sí mismos. Las líneas melódicas, que al principio parecen independientes, se funden y no se puede distinguir dónde termina un piano y empieza el otro.
El público pudo disfrutar de magistrales interpretaciones, como Corredera —bulería con introducción de soleá en la que Dorantes recuerda la fiesta familiar, explosión de júbilo que se produce en la calle que da el título a la composición— y Sol, una pieza del álbum Ritual de Moisés, en un estilo relajado y optimista que se contagia con facilidad, y combina sabiamente pasajes intimistas con momentos de elocuencia en los que el pianista reveló una destreza apabullante, evolucionando desde la introspección hasta la expresividad. Dorantes percutía el piano como si fuera un telégrafo.
De lo íntimo a lo salvaje
Moisés Sánchez hizo gala a lo largo de todo el recital de un registro amplísimo que en ocasiones recordaba al sonido de un juvenil Keith Jarrett. "El proceso de juntarnos tiene muchos saltos al vacío, pero es muy honesto; muchas veces entramos en territorios que no sabemos ni lo que va a pasar, pero David siempre tiene salvavidas para ir lanzando", dijo Moisés antes de dar paso a Sin muros ni candados, por bulerías, de Dorantes, que, una vez más, mostró su enorme capacidad creativa y su dominio del instrumento, dejando que sus manos recorrieran frenéticamente las teclas para dejar salir las melodías más inspiradoras y envolviendo de sensibilidad y flamencura cada pieza. De cuando en cuando juegan. El dúo de pianos tenía la capacidad volátil de saltar de lo íntimo a lo salvaje en un instante.
También interpretaron solos cada uno. Primero Moisés tocó un tema nuevo suyo, Mi refugio secreto. Se adivina algo de Tatum en su rico estilo, mezclado con unas gotas de Bach y acrobáticos arpegios listzianos, cantando sobre las notas. El ambiente cambió en la pieza de Dorantes, que, con un piano líquido y sereno, saca sonidos extraordinarios; expresar emoción a través de la música es muy importante para él, y lo demostró con este tema inspirado en un recuerdo de su abuela trabajando en una fábrica: el ruido de las máquinas marcaba el compás.
Volvieron a salir juntos para un tema, Címbalo —Dorantes no recordaba el título—, cambiando de compás como quien cambia de camisa, caracterizado por la exuberancia rítmica y el lirismo melódico. Tocaba la melodía con la mano derecha mientras mantenía un ritmo independiente y complejo con la izquierda, generando un efecto orquestal. Al frenesí sucedía el lirismo de manera natural. La partitura "acojona", dijo Moisés antes de presentar un tema suyo, Once vidas en un compás de 11x8 —"facilito", dijo entre risas—. El swing de Moisés, que a veces le rascaba las tripas a su piano, es más encendido con su infatigable mano izquierda, un prodigio de flexibilidad, que emplea para soñar notas imprevistas; evocando ambientes, organizado en la alternancia: de la delicadeza a la potencia y de la dulzura a la acidez.
Se trataba de dónde confluyen más que lo que les separa, y el resultado fue una descarga de sensaciones: "Lo más importante es que sientan, que se vayan cargados", nos decía Dorantes al despedirse antes de presentar en el bis Rabta, por tientos. La excelente técnica narrativa de Dorantes en la mano derecha y el ritmo resolutivo en la izquierda transmitían algo sobrenatural, espectacular, íntimamente ligado con el espíritu, la emoción y lo más profundo. Dicen de él que hace con el piano lo que Paco de Lucía con la guitarra (llegó a rasguear el piano como si fuera una guitarra). Dorantes disfruta del swing y caracolea; también juega con las tripas del piano, pero siempre desde la fantasía clara.
Su enorme fuerza interpretativa y sensibilidad favorecían la unidad del discurso con agilísimas coloraturas para una noche de arte sublime, y despertaron la euforia en el público. Un manifiesto sonoro de libertad creativa y diálogo intercultural. El público enloqueció desde el primer momento.
- ¿Dónde ver en televisión el derbi FC Cartagena-Real Murcia y dónde comprar las entradas?
- Las otras asignaturas pendientes más allá del Arco Norte para desatascar el Nudo de Espinardo
- Detenida una mujer por conducir en sentido contrario, ebria y con su hijo menor a bordo en Murcia
- Junts lanza un salvavidas a los ayuntamientos de la Región
- El 5º buque ‘Cartagena’, capaz de todo
- ¿Qué tiendas y supermercados abren este puente de diciembre en la Región de Murcia?
- FC Cartagena y Real Murcia reviven el derbi con las espadas en alto
- Un juzgado de Murcia investiga una decena de agresiones sexuales de un niño a su hermanastro pequeño