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Entrevista

Adrián Buenaventura: "No queríamos contar una historia para dar pena, queríamos derribar estereotipos"

El murciano presenta esta tarde en la Filmoteca su documental ‘123 semillas de nim’, dedicado a un colegio de Kenia para niños con diversidad funcional

Adrián Buenaventura.

Adrián Buenaventura. / L. O.

Asier Ganuza

Asier Ganuza

El murciano Adrián Buenaventura regresa hoy a casa, y lo hace para presentar en la Filmoteca Regional su documental 123 semillas de nim {"anchor-link":true}(2025), que pretende mostrar la realidad de una pequeña escuela para niños con diversidad funcional en Mokowe (Condado de Lamu), una de las zonas más pobres de Kenia. Hasta allá se desplazó el intrépido actor, presentador y cineasta para, con un equipo más bien precario –apenas una cámara, un trípode y un ordenador– dar forma a una pieza de media hora de duración en la que la gran protagonista –con el permiso de los internos del colegio– es Lourdes Méndez, coordinadora en terreno de la ONG aragonesa Be Social Project. El título de la cinta adelanta una de las cuestiones clave de esta historia: el nim es, además de uno de los árboles más comunes de la zona, uno de los productos que se usan los curanderos de la región para «liberar de la posesión diabólica» a estos pequeños, profundamente estigmatizados por su condición. La proyección, de entrada libre hasta completar aforo, está prevista a partir de las 20.30 horas.

¿Qué tal, Adrián? Imagino que con ganas de presentar en ‘casa’ este trabajo.

Con muchas ganas, claro. Me emociona volver a casa, y más hacerlo con un proyecto tan personal como inesperado. Quizás este carrusel emocional que siento tenga que ver con que Murcia es para mí una Ítaca profesional que todavía sigo teniendo muy presente…

El murciano presenta esta tarde en la Filmoteca su documental ‘123 semillas de nim’.

El murciano presenta esta tarde en la Filmoteca su documental ‘123 semillas de nim’. / L. O.

Desde que terminó su etapa en la televisión regional, en 2007, ha dado mil vueltas…

Como decía la canción de M-Clan, sí. Madrid, Extremadura, México… Ahora estoy feliz en Aragón, que ya es mi segunda tierra. Allí tengo amigos que son familia, amor y una perrita llamada Kenia que me lleva loco. Además, he tenido la fortuna de presentar y dirigir unos cuantos programas en Aragón TV, la tele autonómica, y de doblar películas y series para Disney, Paramount y Fox; también he hecho carrera como showman y maestro de ceremonias en eventos muy relevantes. Así que me siento realizado. Creo que el éxito no es que te vean millones, sino la actividad, dedicarte a lo que realmente te apasiona. También te digo que agradecería que bajaran la cuota de autónomo, pero, por lo demás… [Risas] De todas formas, esa sensación de la silla caliente es parte de mi forma de ser, y estoy convencido de que volverá a darse la ocasión de hacer algún proyecto audiovisual en Murcia.

Por lo pronto, vuelve con 123 semillas de nim{"anchor-link":true}. ¿Cuál es el germen de este proyecto, su intrahistoria? ¿Es un encargo de BeSocial Project o fue usted quien contactó con ellos?

Pues... es curioso. Te he contado que trabajé en la tele autonómica de Aragón, y allí, hace unos años, dirigí el mítico Aragoneses por el mundo. El caso es que visité muchos países y conocí a personas con vivencias realmente increíbles e inspiradoras. Cumplí un sueño de niño: ser como Willy Fog. Alguna vez, incluso, llegué a pensar: «¿Por qué no vivir una temporadita en estas islas perdidas, en mitad de cualquier país random? Total, ahora se hace casi todo con videollamadas y mails». Y precisamente una de esas islas que resonaba en mi cabeza era Lamu, en Kenia, un paraíso tan bello como escaso en recursos para la gente local. Allí conocí a Lourdes Méndez, una cooperante en terreno de una ONG, y nos hicimos muy colegas. La cuestión es que un buen día me llama y me dice: «¿Te quieres venir a Lamu a grabar un documental? Eso sí, no tengo un duro…». Tardé dos segundos en decirle que sí. Lo que no imaginaba ni por asomo es la repercusión que iba a tener...

¿Buena acogida?

Pues llevamos más de quince selecciones y dos premios en festivales de Madrid, Barcelona, Zaragoza, Córdoba, Valencia, Ciudad Real, San Sebastián, Pontevedra… Y en diferentes países, además de España: Colombia, Ecuador, Bolivia, Camerún, Egipto, Italia… ¡Hasta nos han programado en Hollywood! Del mundo a la Filmoteca Regional de Murcia…

O desde Kenia, porque el documental está íntegramente grabado en Lamu. ¿Cómo fue el rodaje? ¿Cuánto tiempo estuvo allí?

Quince días. Pues mira, hicimos el rodaje con un material muy básico: mi cámara, un trípode, un slider para los ‘planos bonitos’ y un ordenador. Fue un reto, porque nunca había hecho una pieza audiovisual controlando todos los procesos creativos: guion, contenido, operar la cámara, sonorizar, realizar, editar, etalonar… ¡hasta locutar! Es una locura, pero, como te digo, soy un ‘culo inquieto’ –también en lo estrictamente profesional–, y siempre he necesitado entender y saber cómo funciona todo.

¿Cómo afrontó este proyecto? ¿Cuál era la premisa?

Lo que más claro tenía era que quería dejar que las cosas ocurrieran de forma natural; intervenir lo menos posible y poder acercarme a ese mundo sin el peligro de contaminar el documental con mis prejuicios. Evidentemente fue duro –vivimos realmente lo que es la pobreza–, pero a la vez te sientes muy conectado con la gente de allí, sobre todo con los niños de la escuela de Lamu. Mi chica –que es, por cierto, la productora del docu– y yo, cuando acabamos el rodaje y salimos de allí, nos abrazamos y nos echamos a llorar. No por pena, ni mucho menos, sino por la intensidad con la que vivimos cada uno de los 15 días que estuvimos en aquel país.

¿Qué se encontraron en Lamu? Porque si la vida allí ya es de por sí muy complicada, supongo que la situación de los niños que sufren alguna diversidad funcional es todavía más compleja, y más con los escasos recursos con los que cuentan...

El documental cuenta cómo es la vida de los 123 niños y niñas que están internos en esta escuelita para personas con diversidad funcional, y también cómo es trabajo de la ONG Be Social y de su coordinadora en terreno, Lourdes. Y es importante saber que allí la discapacidad, sea cual sea, está enormemente estigmatizada. Gran parte de la comunidad, incluso sus propias familias, aíslan a estos pequeños. En ocasiones, fruto de la desesperación y la desinformación, les someten a magia negra o rituales, creyendo que así les van a librar de su «posesión» o «maleficio». Es algo que si lo piensas… te hiela el alma. Pero tanto Lourdes como yo teníamos muy claro que no queríamos contar una historia para dar pena; queríamos derrumbar estereotipos, tratar esta realidad con la sensibilidad que merece y hacer una pieza a corazón abierto, mostrando cómo el amor es una de las mejores armas para cambiar la salud de las personas.

¿Cómo valora el trabajo de Lourdes y B Social?

Creo que es absolutamente necesario. Su trabajo hay que ponerlo en relieve, y más en los tiempos que corren. Porque el mundo está cambiando, y con él nuestros valores (y no para bien); nos estamos deshumanizando. Miramos con asco al vecino de al lado solo por pensar o ser diferente, y es un error de bulto. Pero no quiero dar un sermón catastrofista; soy una persona optimista y quiero creer que no todo esta perdido. La diversidad, en todo el amplio sentido de la palabra, nos enriquece y nos inspira. Lo que hace que avancemos como sociedad es precisamente la mezcla. Aislarte encoge el cerebro. Lo interesante de la vida pasa cuando te sales de la pista y abres tu mente. Hay que ser más inquietos, cultivar el espíritu crítico, no fiarnos de lo primero que nos cuenten, empatizar con el dolor ajeno, escuchar bien al de al lado, no dejar de aprender cosas nuevas, vivir la cultura de tu ciudad y, por encima de todo… ¡tener más sentido del humor! n

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