Conciertos
Nick Lowe, músico ya legendario: "Veo a lo lejos la bandera de cuadros que dice 'hasta aquí'. Pero parar ahora sería una locura"
El artista británico, un veterano eterna y orgullosamente "viejo", regresa a España para presentar su disco más reciente en una gira que le trae a Madrid (13 de noviembre), Valencia (14) y Barcelona (15)

Nick Lowe arranca esta semana una gira por España que le traerá a Madrid el jueves 13 de noviembre. / Bobby Fisher
No hay quien pille con la guardia baja a Nick Lowe (Walton-on-Thames, Reino Unido, 1949) y su reconocible estilo de crooner elegante y añejo. Ni siquiera cuando se conecta a la videollamada por Zoom desde el salón de su casa de Londres, el pelazo blanco perfectamente peinado, chaqueta oscura sobre un jersey de cuello vuelto y esas gafas de pasta negra que le conectan con una genealogía de reyes del rock como Buddy Holly y Roy Orbison. Habla un inglés cristalino de clase media, el de un hijo de piloto de la RAF y una madre vinculada con el mundo del espectáculo que forjaron su carácter, él siempre en perfecto estado de revista pero con el espíritu bohemio asomando bajo el traje. La amabilidad y la simpatía, nada forzadas, hacen que la charla con el periodista enseguida resulte placentera. Ni rastro del misántropo que alguna vez ha dicho que fue.
Un año después de publicar su último álbum, casi sesenta desde que arrancase su carrera musical en bandas adolescentes de los rescoldos del Swinging London y a casi medio siglo de lanzar la que todavía sigue siendo 'su' canción, 'Cruel To Be Kind', la que le convirtió en un héroe de la Nueva Ola que además de tocar canciones las escribía y producía para otros como su amigo Elvis Costello, Lowe regresa a España esta semana con una serie de conciertos que arrancan en Madrid (13 de noviembre, sala Wagon) y siguen en Valencia (14, sala Moon) y Barcelona (15, Feroe '25). Lo hace con Los Straitjackets, la banda de surf y garaje instrumental de Nashville que han sido sus compañeros de viaje en la última década. Una unión transatlántica de demostrado buen hacer musical, siempre en clave pop/rock de ribetes clásicos, pero que solo se toma en serio lo imprescindible: de los cinco, Lowe es el único que no sale al escenario con máscara de lucha libre mexicana.
Este último disco, 'Indoor Safari', salió más de una década después de su anterior álbum. ¿Qué pasó en ese tiempo?
¿De verdad fue una década? El último que había publicado antes fue un disco de Navidad que coincidió con la muerte de dos personas clave: Bobby Irwin, mi batería durante años, y Neil Brockbank, coproductor y 'tour manager'. Éramos muy amigos. Cuando murieron, uno tras otro justo después de hacer el disco, se me quitaron las ganas de todo. No quería salir a promocionarlo. Pero, para sorpresa de todos, el disco fue muy bien recibido, especialmente en Estados Unidos. Así que, después de un par de años, mi manager, que era también el de los Straitjackets, me dijo: "¿Por qué no haces unos conciertos y los haces con ellos?". Nos juntamos y fue muy divertido. No era realmente un 'show' navideño: hacíamos una o dos de Navidad y poco más.
¿La química funcionó enseguida?
Sí. Hicimos unos conciertos en la costa Este de EE. UU. y fueron bastante bien. Al año siguiente, hicimos la costa Oeste. Y al siguiente nos fuimos a Europa. Tocamos en Madrid, en un club en el centro que creo que había sido teatro o cine.
Joy Eslava.
Sí, exacto. Hicimos allí un concierto de Navidad y salió muy bien, pero al bajar del escenario dijimos: "Deberíamos dejar lo navideño". Ese fue el punto de inflexión: paramos de hacer shows de Navidad y empecé a escribir canciones para mí con Los Straitjackets. Grabamos algunas sin intención de hacer un disco: solo podíamos cuando estábamos de gira. Nos sugirieron hacer un disco "de verdad" y lo acabamos grabando en el estudio de Alex Hall en Chicago. Salió muy bien. Varias de esas canciones nuevas ya se sienten como si hubieran estado ahí siempre.
'Indoor Safari' suena muy retro incluso para sus estándares.
Suelo escribir de forma un poco anticuada. Me eduqué haciendo canciones que cupieran en una cara de un single de 45 rpm. Dicho esto, no me interesa solo hacer rock retro. Tengo influencias de todo tipo y me gusta juntarlas y que salga lo que salga. A mí me suena a música pop, a una mezcla de muchas cosas. Y Los Straitjackets son grandes músicos. No es fácil escribir instrumentales que enganchen, y ellos lo hacen. Pero pueden tocar de todo. Creo que disfrutan conmigo porque metemos un poco de jazz, algo de Broadway… Nadie saca un reglamento para decir "eso no es rock’n’roll". Hay que hacer lo que apetezca.
Consigue que su música, casi siempre en un estilo bastante cerrado, sin adornos ni extras, siga sonando fresca disco tras disco. ¿Cuál es el secreto?
Me veo como un compositor del 'Tin Pan Alley' [la zona de Nueva York donde estaba la industria discográfica en la primera mitad del siglo XX y donde se producían en serie los éxitos del cancionero americano]. Antes mi editor me llamaba y me decía: "Fulano necesita una canción; ¿tienes algo que le pueda encajar? Y si no, ¿puedes escribirla?". Era como hacer un traje: a veces aciertas y muchas no, pero igual te sale un buen tema que graba otra persona, o tú mismo. A mí personalmente me gustan los discos sencillos y directos, sin demasiadas capas.
En 'A Better Man', una canción que ya tiene casi veinte años, cantaba: "En mi vida he hecho cosas de las que no me enorgullezco, y a menudo vi mis sueños volverse arena". ¿Cuáles fueron esos momentos complicados?
El peor fue cuando caí en el cliché: bebía demasiado y tomaba muchas drogas buscando inspirarme. Alguna vez te funciona: entras al estudio puesto de todo y haces un disco fantástico. Luego sigues haciéndolo y te metes en un buen lío. Fue una época, en los 80, en que veía que mi tiempo como estrella del pop se estaba acabando. Había producido discos que entraron en listas, yo mismo tuve algunos éxitos y me lo pasé muy bien, con mesa asegurada en los restaurantes, chicas guapas... Pero seguir ahí no es fácil y yo no tenía lo que hacía falta, como Elton John o George Michael, gente que puede seguir y seguir. Bueno, el pobre George ya no. Además, soy demasiado perezoso.
¿Fue entonces cuando decidió convertirse en ese 'crooner' veterano que ha sido después? Una especie de antítesis de Mick Jagger y su pretensión de ser eternamente joven.
Sí. Yo quería hacer otra cosa, pero no sabía qué, y me estaba haciendo mayor. Entonces no había estrellas del pop viejas, salvo Sinatra, quizá. Decidí parar todo: dejar de beber y de tomar cosas, y trazar un plan. Pensé: "Te ha ido bien, has hecho buenos discos y algún éxito, pero... ¿por qué sientes que aún no has hecho algo realmente bueno?". Quise escribir y producir para mí aprovechando que me hacía mayor, como un 'jazzman' o un 'bluesman': en esos géneros, la edad suma.
Llegó a vivir un poco del Swinging London de los 60. ¿Qué recuerda del Londres de entonces?
Había de verdad un aire de excitación. Cuando me fui de casa para unirme a una banda tenía 18 y pensaba que me lo había perdido, que era tarde. En realidad, un par de meses después los Beatles sacaron el 'Álbum Blanco' y aún les quedaban dos o tres más. Cuando subíamos al norte de Inglaterra, la gente venía a vernos solo por ser de Londres. No fuimos a Hamburgo como los Beatles, pero sí a Múnich, Stuttgart, Frankfurt… Residencias de un mes en clubes, increíble para un chaval de 18. Ser de Londres te daba un halo; no éramos muy buenos, solo éramos unos críos, pero la gente alucinaba solo por eso.
¿Londres hoy le sigue pareciendo igual de excitante que aquel de la escena 'pub rock' en la que se hizo popular?
No para mí, pero mi hijo es músico, batería, tiene 20 años y toca con cuatro bandas para ganarse la vida. Dos de ellas son bastante buenas y giran. Yo me entero por lo que él me cuenta: toca mucho en Londres. Hay muchos sitios, pero no es como la escena de pubs de los 70. Antes podías entrar en un pub y decirle al dueño: "¿Cuál es tu peor noche? Resérvanos el martes y venimos". Podías tocar en cualquier sitio. Ahora hay menos locales y mucha competencia. Tienen que esperar turno y ser invitados.
¿Lleva bien que su hijo se dedique a la música?
Lo extraordinario es que él es músico, y punto. Un batería. Yo he intentado disuadirle, le dije que aprendiera a ser fontanero para ganar dinero de verdad. "No te líes con esto". Pero yo vengo de una familia de artistas de variedades, de 'music hall', y es como si se hubiera transmitido. Es muy buen músico y, gracias a internet, puede oír cantidades increíbles de música. En mi generación era muy difícil. Recuerdo ir a llamar a la puerta de alguien porque sabíamos que tenía un disco de Howlin’ Wolf: "¿Nos dejarías escucharlo?". Nos sentábamos, la madre nos ponía un té… Él y sus amigos saben muchísimo más de lo que yo sabía a los 20.
Vive en Londres y su banda en Nashville, a 7.000 kilómetros. ¿Cómo se organizan?
Al principio ensayábamos bastante: nos juntábamos tres días antes de la gira y montábamos el repertorio. Ahora puedo grabar mi parte en el teléfono, enviarlo, y cada uno saca la suya. Cuando nos juntamos, lo rematamos en la prueba de sonido. En tres o cuatro conciertos todo encaja y listo.

Nick Lowe y Los Straitjackets. / Bobby Fisher
En el día a día, sin banda en Londres, ¿cómo se mantiene activo?
Tengo la suerte de poder tocar en acústico muchas canciones que no hago con Los Straitjackets, y es sorprendente cuántas funcionan en ambos formatos. Eso se lo debo a Elvis Costello. Me llevó de gira en los 80, cuando yo estaba trazando este plan. Iba en su banda para tocar la acústica y hacer coros. En Japón me dijo: "Sal tú solo antes y haz unas canciones". Le dije que ni hablar. Me aseguró que me sorprendería: a él tocar solo le había cambiado la forma de escribir. Lo hice y, para mi asombro, a la gente le gustó. Empecé a escribir y arreglar pensando en que, si estás solo con la guitarra, todo funcione: que la voz tenga 'groove', que el ritmo empuje...
¿Por qué dejó de producir a otros, un oficio en el que alcanzó tanta fama como siendo intérprete?
Porque, casi de la noche a la mañana, en los 80, la forma de hacer discos cambió de analógico a digital. Se volvió mucho más científico, con pantallas y demás. Yo no era un "muevebotones": era bueno tratando con artistas; consiguiendo, sin engañarles, que pensaran que su idea era "la idea", detectando dónde estaba el poder en la banda y hablando con quien realmente mandaba. Eso era divertido y a veces funcionaba. Con lo digital, a las discográficas no les valían cosas como "el grupo no se siente preparado". Y además, los primeros discos digitales sonaban horribles para mí, como uñas arañando una pizarra: baterías feas, todo punzante. Así que lo dejé y no lo eché de menos. Ahora todo es digital, pero ya lo han afinado.
¿Le sigue divertiendo salir de gira? ¿Disfruta con los directos?
Sí, mucho. Aunque viajar ya no me gusta tanto. De joven era fantástico subirte a un avión con tus amigos hacia un sitio donde estarían encantados de verte. Ahora volar es un rollo. Como dicen por ahí, los conciertos los das gratis, y por lo que te pagan es por pasar tiempo en los aeropuertos. Aun así, soy muy afortunado por poder seguir actuando a un nivel en el que la gente no me aplaude por lástima, sino porque el 'show' es bueno y las canciones molan. Si algún día eso deja de ser así, lo veré venir. Tengo 76 años y veo a lo lejos la bandera de cuadros que dice "hasta aquí", pero ahora mismo todavía puedo hacerlo. Sería una locura parar.
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