Crítica
Va de Bach

Una escena de la obra 'Va de Bach' / Rafa Márquez
Tania Herrero
Como su nombre indica, el último espectáculo de la compañía madrileña Aracaladanza está dedicado al compositor Johann Sebastian Bach.
Asistir a uno de sus espectáculos es sinónimo de creatividad, fantasía, ensueño y sorpresa. En él los objetos cobran vida significativa, pero lejos de su utilidad, creando un universo paralelo donde todo es posible y consiguiendo que la plasticidad del espacio se vuelva el punto clave de todo el espectáculo.
Rojos, dorados, negros, blancos, texturas diversas donde el terciopelo es el protagonista por su peso y calidez, evocando aquellos ropajes del imaginario del Barroco.
Esta compañía, que desarrolla su faceta compositiva dirigida al público familiar e infantil, ha sido galardonada en numerosas ocasiones a lo largo de su extensa trayectoria (cumplen treinta años en breve), destacando el Premio Nacional de Teatro para la Infancia y la Juventud en el año 2010.
Va de Bach, además de ser finalista en los Premios Max 2025 como Mejor espectáculo para público infantil, juvenil o familiar, ha recibido el Premio Talía a Mejor escenografía en 2025. Sin lugar a dudas, Elisa Sanz hace una labor espectacular en el diseño de escenografía y de vestuario, merecedora de ese tan destacado premio.
Enrique Cabrera, director de la compañía, sabe rodearse de un equipo extraordinario donde todos los aspectos están cohesionados e imbricados entre sí: la iluminación de Pedro Yagüe, el vídeo de Álvaro Luna, la música original de Luis Miguel Cobo junto a la escenografía y el vestuario. Y la composición coreográfica de Enrique Cabrera en alianza con los intérpretes Carolina Arija, Lydia Martínez, Jimena Trueba, Aleix Rodríguez y Jonatan de Luis.
Un equipo que lleva años trabajando juntos y que ha encontrado una fórmula que engancha a los espectadores.
No obstante, aunque el medio desde el que parte la comunicación es la danza contemporánea, en esta ocasión queda relegada a la manipulación de los objetos y los que vayan a ver la obra desde el amparo de esa denominación de danza echarán en falta que sea más protagonista.
El broche a la función estuvo protagonizado por una charla coloquio donde el público, sobre todo infantil y estudiantes de danza del Conservatorio de Danza Teresa Souan, pudo preguntar sobre la creación de la obra tanto a los intérpretes como al director de la compañía.
Una tarde más que interesante para acercar la danza y la creatividad a las tablas del Teatro Circo de Murcia; ojalá poder ver en ella la próxima producción de Aracaladanza y su gran mundo onírico.
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