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PREGÓN DE LA FERIA DEL LIBRO

El libro como receta para un siglo XXI de "escombros y ruinas"

Francisco Javier Díez de Revenga ejerce de pregonero de la ‘Feria Bonica’, que arranca hoy

Francisco Javier Díez de Revenga durante la lectura del pregón de la Feria del Libro de Murcia. | JUAN CARLOS CAVAL

Francisco Javier Díez de Revenga durante la lectura del pregón de la Feria del Libro de Murcia. | JUAN CARLOS CAVAL

Asier Ganuza

Asier Ganuza

Su intención fue clara: persistir en el concepto de ‘refugio’ que el libro proclama. «Refugio y también salvación en estos tiempos oscuros en los que nos asaltan tantas adversidades, en estos años de tormentas que convierten nuestra existencia en un cúmulo de sinsabores, de inseguridades y de falta de honestidad ética y social», prosiguió. Y, en ese contexto –en este, en el nuestro–, conviene recordar que «la literatura es, sin duda, unos de los pilares de nuestra civilización, y conocerla y gozarla, por medio de la lectura, una de las posibilidades más prodigiosas que tiene el ser humano en los tiempos presentes para superar contrariedades».

Con estas palabras concluyó Francisco Javier Díez de Revenga el pregón de la Feria del Libro de Murcia, que el catedrático y profesor emérito de la UMU pronunció ayer en casa, en el Paraninfo del Campus de La Merced, a apenas unos cuantos metros del Paseo Alfonso X El Sabio, donde hoy levantan la persiana los cerca de ochenta expositores contratados para esta edición. Lo hizo muy bien acompañado, entre otros, por el director del evento, Jesús Boluda del Toro, y un surtido grupo de representantes políticos –además de compañeros de la universidad y, por supuesto, un puñado de escritores y otros agentes de la cultura-, pero más solo de lo que a él le hubiera gustado.

Y es que Diez de Revenga, colaborador de este periódico, compartía el cargo de pregonero con una de las voces más queridas de la literatura murciana, Dionisia García. Sin embargo, la veterana poeta, de 96 años, declinó la invitación en el último momento; no por falta de ganas, sino por la dificultad que emprendía para una persona de su edad y delicada salud el desplazamiento. Eso sí, la de Fuente-Álamo dejó un mensaje en vídeo, corto pero intenso, en el que agradecía a la organización el nombramiento y con el que deleitó a los presentes leyendo La taza de Silesia, uno de sus escritos más reseñados, protagonista de la donación que hace apenas unos meses hizo a la Caja de las Letras del Instituto Cervantes, en un acto en el que estuvo acompañada, precisamente, por Diez de Revenga.

Defensor de la tradición

Porque el muy querido profesor, investigador y crítico literario es uno de los mejores conocedores de la obra de Dionisia; quizá el mayor experto en su trabajo. Por eso le acompañó entonces, por eso iba a ejercer como su partenaire en la tarde de ayer y, por eso, ante su ausencia, fue su mejor representante; y lo fue para ella, pero también para quienes forman parte de eso que llamamos ‘literatura’, y que incluye a autores (y otros agentes de la industria editorial), pero también a los lectores. Fue así porque, en su discurso, hizo un repaso por la evolución a lo largo de los siglos de nuestra rica tradición –«desde aquellas jarchas mozárabes que constituyeron los primeros balbuceos del idioma común»–, pero también porque no dudó en ponerse firme y reclamar, durante su comedido (en tiempo) discurso, un mayor respeto por la palabra escrita.

«Desde el arrabal manriqueño de la senectud (...) confieso que estoy alarmado porque el mundo va como va y la cultura decrece, y la literatura va desapareciendo de la sociedad incluso debido –parece mentira– a los planes educativos de los estudios secundarios y de bachillerato. Y con la literatura se va también la lengua y su historia», lamentó el catedrático, muy crítico con esta época que le ha tocado vivir: «El siglo XX ha fenecido, con sus cuatro jinetes del apocalipsis, entre llamas y naufragios; y el XXI ha nacido entre escombros y ruinas, epidemias y genocidios, sin capacidad para reaccionar ante las exigencias de una civilización culta y sabia. Todo conectado con las demandas obligatorias del presente, con la pasión por el enriquecimiento ilícito, por los beneficios de una sociedad economicista que ha difundido el principio del ocio y el provecho por encima de cualquier otro», afirmó, tajante.

Desde su perspectiva, la sociedad actual vive «un palmario empobrecimiento psicológico y mental fomentando la miseria cultural», ante lo que no hay mejor salvaguarda que el libro, ese que tanto lustre nos ha brindado como pueblo. Porque «no hay mejor defensa de nuestra cultura occidental y europea que mostrar y manifestar, proclamar, podríamos decir, las cualidades, los logros y los prodigios de aquellos escritores que consiguieron ser hitos en nuestra historia intelectual», aseguró Díez de Revenga, quien hizo mención al Arcipreste de Hita, a los Machado, a su querido Cervantes y a los románticos, con Gustavo Adolfo Bécquer a la cabeza: «En sus libros visitamos una vez más los espacios de la rebeldía, la revolución y la libertad y nos integramos en un mundo de cambio que afectó a toda la literatura occidental».

No obstante, también hizo una socarrona reflexión en torno al momento actual: «Una sociedad que en su literatura tiene, en su haber, el inmenso honor cultural y literario de haber inventado la picaresca y el esperpento, no debería extrañarse de los comportamientos del presente». Eso sí, frente a ese salto –el que va de la ficción a la triste realidad–, él tiene clara la receta: los libros (como refugio), la lectura, «tan confinada hoy, tan limitada», pero, a la vez, tan necesaria. Y, por eso, un evento como el que mañana arranca es motivo de celebración, un hogar para quienes, como él, se declaran amantes de la sabiduría y de la lengua, de la palabra.

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