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Litoral

Más que un club de vela: una escuela de vida en el Mar Menor

En Santiago de la Ribera , la Asociación Deportiva Socaire lleva más de 40 años formando a futuros navegantes de vela, catamarán y windsurf, tejiendo una comunidad en torno al deporte

Dos monitores de la escuela de vela dan indicaciones a unos alumnos durante una clase.

Dos monitores de la escuela de vela dan indicaciones a unos alumnos durante una clase. / Iván Urquízar

J.M. Lax Asís

J.M. Lax Asís

Fundado en 1982, el Club Náutico Socaire ha sido mucho más que una escuela de vela. Nació como una extensión complementaria a unos campamentos de montaña, pero en este deporte encontraron algo mucho más divertido. Hoy, este rincón frente al Mar Menor es un espacio de formación, comunidad y compromiso con el mar y con las personas.

Enrique Rey, uno de lo socios principales, encargado del mantenimiento del material como función fundamental, cuenta que lo fundó Rafa de Paz en el 82, el cual falleció hace dos años, explica mientras señala su foto dentro de las instalaciones, "surgió como una continuación de unos campamentos en Sierra Espuña. Al final, la vela les atrapó y tuvo mucho más recorrido".

Desde entonces, el Club Socaire ha crecido sin perder su esencia, es decir, una asociación deportiva sin ánimo de lucro que apuesta por una formación accesible, inclusiva, abierta y sostenible. Su ubicación se encuentra actualmente en las antiguas instalaciones militares del Atalayón que, tras pasar al Ayuntamiento de San Javier, fueron cedidas a la asociación.

Uno de los barcos de  vela del club náutico tripulado por dos alumnos. | IVAN URQUÍZAR

Uno de los barcos de vela del club náutico tripulado por dos alumnos. / Iván Urquizar

"Lo bonito de esto es que no es un negocio. Aquí enseñamos con material que ha estado en regatas reales y lo ponemos en manos de niños sin necesidad de hacerse socios", explica Rey.

Cada año pasan por él más de mil personas, sobre todo niños de 8 a 14 años, pero no hay límite de edad, prueba de ello son José, de 87 años, y Ramón, de 90, que también son alumnos.

Educar, colaborar, navegar

Además, en el Club Socaire colaboran con la Universidad de Murcia, donde imparten la asignatura de vela dentro del Grado en Ciencias del Deporte, y con institutos y colegios de la zona que aprovechan el entorno único del Mar Menor para enseñar navegación a sus alumnos: "Esto es una escuela de vida", comenta Ana, otra de las responsables del club, "los alumnos se integran desde el primer día. Aquí se viene a aprender, pero también a divertirse y todos remamos —o navegamos— en la misma dirección".

La horizontalidad es otro de los sellos de identidad del club. Lo que empezó como un campamento, se ha convertido en una cadena de generaciones conectadas por el amor al mar: "Yo empecé con ocho años y ahora tengo treinta y tres", cuenta Rey, "venía desde Madrid todos los veranos hasta que me quedé. Y ahora somos nosotros los que estamos formando a una nueva generación".

Hay alumnos, los más veteranos, que ya se les intuye que acabaran siendo futuros monitores, siempre dispuestos a ayudar a los más pequeños, como Eber, que anda de aquí para allí , tanto en tierra como en el mar: "Yo empecé viniendo con mi abuelo. El ambiente me atrapó desde el primer verano. Aquí enseguida te integran y acabas queriendo quedarte para siempre", señala Eber. "Aprendes un montón. No solo a navegar, sino también a trabajar en equipo, a enseñar a otros, y a cuidar el material. Cada día haces algo diferente", cuenta Enrique, otro de los alumnos.

Aquí no se busca la competitividad, no hay elitismo. El que sabe más ayuda al que sabe menos

La filosofía del club también pasa por ser un ejemplo de sostenibilidad: "Esto es desplazarse por mar sin gastar combustible. El mar no se contamina y se aprende a cuidarlo", dice Rey y añade que "usamos las zódiacs lo justo y siempre con mucho cuidado. Todo lo que se pueda hacer sin motor, se hace".

Apostando por la inclusión, el club colabora con entidades como Aidemar y Afemar para adaptar las actividades a personas con discapacidad: "Queremos que cualquiera pueda navegar, que esto esté abierto a todo el mundo", explica Ana.

En cuanto a las actividades, Socaire ofrece cursos de vela, windsurf y catamarán, además de servicios de alquiler de piraguas y paddle surf, incluso sin experiencia previa para las dos últimas, aunque te explican cómo usarlos. También imparten clases particulares para quienes quieren refrescar conocimientos sin comprometerse a un curso completo: "La flexibilidad es clave", dice Ana, "si alguien no puede venir toda la semana, le damos la opción de clases sueltas con un monitor. Y todos nuestros monitores son polivalentes. Aunque cada uno tiene sus especialidades, todos pueden enseñar de todo".

También han creado un nivel intermedio entre la iniciación y el perfeccionamiento para hacer más fácil la transición, pues consideraban que el salto cualitativo a veces podía ser muy grande y no querían que ningún alumno se frustrase.

A diferencia de los grandes clubes náuticos privados, Socaire mantiene precios bajos sin subvenciones, gracias a un modelo basado en la autogestión, la cooperación y la vocación: "Aquí hacemos de todo", ríe Rey, "desde arreglar un motor hasta reparar la fibra de los barcos. Somos un equipo pequeño, pero lo sacamos adelante porque creemos en esto".

Dos monitores de la escuela de vela dan indicaciones a unos alumnos durante una clase . | IVAN URQUÍZAR

Alumnos de la escuela sacan los barcos al mar por la rampa de las instalaciones. / Iván Urquizar

Socaire, en definitiva, es una pequeña gran comunidad náutica, donde lo importante no es competir, sino compartir. Donde aprender a navegar es solo el comienzo de un viaje mucho más profundo: "Socaire no busca la competitividad. Desde el primer día, los chavales aprenden a colaborar. Aquí no hay elitismo. El que sabe más ayuda al que sabe menos", explica Ana.

"El mar tiene algo adictivo", dice Rey, "y aunque parezca que hay pocas ventanas para asomarse a él, aquí hay una bien abierta y es para todos".

Los monitores guían desde las zódiacs a los alumnos, que obedecen rápido y corrigen cualquier pequeño detalle que se les haya escapado, el viento con olor a sal les revuelve el pelo y, aunque en su mirada hay concentración, los aprendices no pierden la sonrisa.

La historia, la filosofía y la gente convierten a este club en un proyecto social, educativo y profundamente humano. Aquí, no solo se enseña a navegar, se enseña a cuidar, compartir y mirar al mar con otros ojos. En Socaire, cada generación deja una vela izada para la siguiente.

Concurso de fotografía ‘Actividades Náuticas en la Costa Cálida’

La Estación Náutica Costa Cálida (ENCC), con el respaldo del Instituto de Turismo de la Región de Murcia (ITREM), lanza el I Certamen Nacional de Fotografía Actividades Náuticas en la Costa Cálida, una iniciativa abierta a profesionales y aficionados a la fotografía que deseen captar y difundir la riqueza natural y deportiva del litoral murciano.

El objetivo de este certamen es doble: por un lado, impulsar la creatividad fotográfica en torno al mar y, por otro, promover la práctica de actividades náuticas en la Costa Cálida como elemento diferenciador del destino turístico.

La participación está abierta a cualquier persona mayor de edad residente en España, y las imágenes deberán reflejar actividades como vela, kayak, buceo, paddle surf o windsurf, desarrolladas en espacios costeros de la Región de Murcia.

El plazo de presentación de obras finaliza el próximo 31 de agosto de 2025 y se otorgarán tres premios: un primer premio de 300 euros en metálico y dos accésits consistentes en bonos para disfrutar de experiencias náuticas ofrecidas por empresas asociadas a la ENCC.

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