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Murcian@s de dinamita

Jutxa Ródenas, vivir para narrar y para escuchar

Jutxa Ródenas.

Jutxa Ródenas. / Ana Martín

Pascual Vera

Pascual Vera

Este cronista, conformado como es fácil adivinar de manera bien diferente, incluso antagónica en muchos aspectos con relación a la entrevistada de hoy, posee, y así se lo hace ver ella, algunas coincidencias, algunas en nuestras aficiones, y, al menos una de ellas, que no habríamos elegido nunca, como una diabetes tipo 1, con lo que une estar hermanado en la adversidad.

Posee Jutxa algunas incongruencias con respecto a su trayectoria y currículo. Por ejemplo, ser un icono de la noche murciana sin que le guste la noche murciana –ni ninguna noche– a lo que se ve. Me cuenta que a menudo ha optado por regresar a casa al acabar su labor pinchando discos en algún pub, o como acompañante de alguno de los grupos que ella ha traído a Murcia. Y, como ella es una mujer de querencias, lo ha hecho siempre con el mismo taxista, una persona de confianza con la que se ha sentido cómoda en los 1.001 trayectos hacia su hogar que han efectuado juntos, y al que calcula habrá pagado por esos trayectos media casa si no es de protección oficial. La casa entera sí lo es. Así de hogareña es Jutxa a pesar de su imagen fiestera.

Hace unos años, una niña llamada Eugenia, a la que todos conocen como Jutxa, con unas ganas enormes de aprender, escuchar música y leer lo que se le pusiera por delante, acudía a la biblioteca móvil que aparecía periódicamente por Roldán, su lugar de nacimiento.

Cuando aquella niña cumplió los años suficientes, se aventuró a tomar el autobús de línea con rumbo a una Murcia que contenía en enormes cantidades aquello por lo que bebía los vientos: los discos de sus grupos y cantantes favoritos, de los que se fue pertrechando hasta convertir aquello en su tesoro más preciado. Una colección malograda por su carácter extrovertido, que le impulsó a prestar vinilos en cantidades ingentes –si algo ha aprendido quien suscribe es que un disco o un libro jamás volvió a manos de su dueño tras ser prestado–.

Presume Jutxa de su mayor patrimonio, sus amigos, la mayoría mantenidos a lo largo del tiempo. Por eso le encanta que le llame su amigo Emilio Chicheri para presentar el acto de la calle que le han concedido en Alcantarilla, o que alguien acuda a ella para participar en la presentación de un libro. O de un disco.

A lo largo de décadas ha difundido y glosado en sus escritos a numerosos cantantes y grupos, divulgado festivales de música y defendido la profesión sanitaria –la suya– como una de las cosas más hermosas a las que se puede aspirar. Reivindica a grupos y cantantes que son su vida a través de su Blue Hawaii en Tequila’s Radio. También comenta exposiciones de artistas amigos que saben algo palmario: que siempre la tendrán a su lado cuando recurran a ella. O denuncia atentados contra la cultura. O reivindica la figura de poetas universales víctimas de la sinrazón, como Miguel Hernández. O defiende la salud pública, apartado éste que apoya con toda la fuerza de su corazón y su razón.

Aunque el abecé del entrevistador asegura que los pormenores en los que se produce ésta no tienen relevancia, no me resisto, fiel y servicial como es uno, a comentar que, en el transcurso de ésta se produjo una llamada para avisarle de que, según un análisis, acababa de comenzar, oficialmente como quien dice, su menopausia. Algo que lejos de arregrarla o deprimirla, la sume en un orgullo digno de encomio. ¡Ponlo en tu semblanza, que esto es noticia! Pues que ya, que para luego es tarde, Jutxa.

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