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Murcian@s de dinamita

Antonio Beviar, el buscador de nuevos talentos

Antonio Beviar.

Antonio Beviar. / Ana Martín

Pascual Vera

Pascual Vera

Y de repente Antonio Beviar vuelve a estar en el bloque 17 de Vistabella. O en la Plaza de los Patos. Con sus amigos de siempre, debatiendo sobre la proximidad de los estudios universitarios, del bachiller, del último grupo de música, de la Guerra Civil (algo impensable poco antes), de la última serie de aquella televisión única y en blanco y negro, o pasan por el quiosco del Pirigüili (inolvidable e inconfundible con aquella bata que siempre le acompañaba y sus lentes gruesos) allí se pertrechaban de tabaco, o acudían a aquel bajo en el que vendían pastillas de leche de burra que sabían a auténtica ambrosía.

Fue en aquellos ámbitos donde comenzó a forjar su carácter de persona curiosa e interesada por cuanto pasaba en el mundo. Porque nada de lo humano le era ajeno a Antonio, como un reciclado Terencio pasado por la plaza de los patos. O mejor aún: por un Ruiz Mendoza en el que sentó cátedra sin pretenderlo gracias a su desparpajo, y a su gracia innata para encontrar los aspectos más humorísticos en una realidad anodina.

Tenía también Antonio Beviar (el Beviá, en argot colegial) un don muy apreciado por cualquier compañero que se preciase en aquellos tiempos de colegial: su facilidad e inventiva para producir sonidos guturales de todo tipo, algunos de tanto éxito que sus compañeros convirtieron en himno durante años.

Este cronista puede dar fe de su carácter melómano y aficionado a la lectura. Pasiones ambas que seguiría cultivando, con tanta fruición y dedicación como le fue posible. Aficiones que le vendrían de perlas cuando, años más tarde, y con un título de maestro que nunca buscó bajo el brazo, se dedicó a organizar y potenciar aquella manifestación del Murcia Joven con que el ayuntamiento capitalino pretendió, desde los primeros años ochenta, y durante más de un cuarto de siglo, proporcionar oportunidades vocacionales a los jóvenes de la región.

Unas oportunidades que nunca se les había ofrecido anteriormente y que, con la llegada de la democracia, se fueron dando en una ciudad que comenzaba a vivir y a disfrutar en la calle de fenómenos relacionados con la cultura: era la época del jazz en la calle, del teatro en la calle…

El Murcia Joven fue un semillero de nuevos talentos, y Antonio se dedicó a proclamarlos, organizando las distintas entregas de aquellos músicos emergentes, de aquellos dibujantes emergentes… Todo era emergente en una sociedad ansiosa de libertad y democracia tras 40 años de dictadura.

Y Beviar, Toni, para sus amigos, se dedicó a poner en valor, como se dice ahora, los conocimientos musicales educados en el rock, el folk, el soul… De la música, en definitiva, de los 70 y de los 80, que partía entonces la pana en los pubs de Murcia diseminados alrededor de la universidad, donde Toni pinchaba los fines de semana para deleite de asiduos y recién llegados: Pink Floyd; Emerson, Like and Palmer; Oasis; Bruce Springsteen...

Le gusta aclarar a Antonio que el patriarca que exhibió por estos lares su apellido por primera vez regentó una tienda de artículos de quincalla junto a la iglesia de San Pedro, un pequeño Corte Inglés en la Murcia de hace 120 años y que glosó con admiración el mismísimo Pedro Flores.

Es Beviar un melómano que escucha como pocos, y que ahora, con su flamante jubilación, está dispuesto a dar el do de pecho en la escucha de música y la lectura, dos actividades que le han acompañado desde aquellos lejanos tiempos en los que compartíamos, a veces, el último trecho del camino hacia nuestro colegio, el Ruiz Mendoza.

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