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Murcian@s de dinamita

Juan Francisco Cerezo, el mundo a pedales

A pesar de estar planificado, su viaje va adquiriendo personalidad a medida que avanza

Juan Francisco Cerezo

Juan Francisco Cerezo

Pascual Vera

Pascual Vera

Recuerda Juan Francisco Cerezo la bici como el regalo más fantástico que podían ofrecerle sus padres cuando era niño. Y recuerda con especial cariño aquella BH plegable de su niñez, que tantas alegrías le dio.

Él era profesor de informática. Pero sentía que su interés caminaba por otros derroteros bien distintos. Enseguida lo dejó todo para vivir de lo que en verdad le gustaba, uniendo la bici con los viajes, dos de sus pasiones.

La bici le permitía contar cómo veía el mundo. Con ella podía sentir el terreno, los senderos, de una forma mucho más auténtica.

En 1989 hizo su primer viaje: Sri Lanka, al sur de la India, a 8.756 kilómetros de las cuatro esquinas, y a más distancia aún si hablamos de las costumbres de sus moradores. Cuatro años después había abandonado su profesión docente puramente académica y se había dedicado a dar charlas en colegios, institutos y todo tipo de centros, españoles y de otros países.

Un total de 2.200 conferencias ha dado en los 35 años que lleva viajando. Lo que más le apasiona, si obviamos los viajes en sí, es contarlos. En sus charlas habla de antropología, historia, literatura, geografía…, son los ingredientes que sazonan sus historias y sus recuerdos.

A pesar de estar planificado, el viaje va adquiriendo personalidad a medida que avanza. Afirma que no hay nada que una o separe más que un viaje. Pero, cuando va bien, el viaje crea lazos inesperados, y a veces para siempre. Juan Francisco ha conocido sobre dos ruedas desiertos y selvas, las montañas más altas del planeta y caminos inverosímiles por tortuosos. Ha sobrevivido a búfalos, panteras y leones trepadores en Uganda, y a las moscas tse tse, de picadura tan peligrosa como dolorosa.

Ha batido el récord Guinnes de viaje con bicicleta en altura en el Himalaya. Ha sobrevivido a la carga de un elefante en el Kalahari y ha conocido a grupos humanos cuya desaparición era inminente por la creciente globalización. Ha viajado por el Amazonas siguiendo la ruta histórica de Orellana, el «descubridor» del caudaloso río. En el tiempo que lleva viajando en bicicleta, ha atesorado innumerables recuerdos, sensaciones y sentimientos.

Pero sabe que le quedan muchos lugares por conocer, y que su mapa, aunque lleno de muescas, aún conserva numerosos espacios sin hollar. Siempre quiso conocer el mundo en primera persona, sin intermediarios. Sabe Juan Francisco que sus curiosas indumentarias y su aspecto inducen a veces a la risa. Y la risa, asegura, es la mejor herramienta para llegar a la amistad. Y sabe que el bagaje que le proporcionan estas experiencias, no se puede comprar en ninguna agencia de viajes.

Su finalidad es acaparar experiencias para crecer como persona y para poder contarlas en sus charlas. En realidad, Juan Francisco Cerezo es un profesor a pedales. Entre las rutas y charlas de Cerezo se incluye ‘Mujeres y palabras en la piel’ o ‘Mujeres y brujería’. O la ruta del Lazarillo de Tormes. O ‘El mundo de los desiertos’.

Ahora ha encontrado un lugar, en la desembocadura del Amazonas, en el que sí se quedaría a vivir, una islita en la que, aparte de caminar, el único modo de desplazamiento es sobre dos ruedas. No existen motos, ni coches… solo el sonido de las pisadas y el rodar de las bicicletas. El sonido del silencio es maravilloso. La gente está en forma. Y es feliz. No hay prisas. Es el lugar más feliz que ha visto en su vida, asegura. Es su lugar de futuro. Pero no dirá su nombre ni bajo tortura. No quiere veros a ninguno por allí. Si lo queréis, irse.

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