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Entrevista | Antonio Parra Sanz Escritor, crítico literario y profesor

"Volver a las andanzas de Sergio Gomes es un poco como regresar al hogar"

El madrileño, aunque afincado en Cartagena desde hace años, regresa al estante de ‘Novedades’ con ‘Gomes y Cía.’ (2025), una colección de relatos negros con la que recupera a su ‘detective de cabecera’ y cumple una emotiva promesa

El profesor y escritor Antonio Parra Sanz posa para ‘La Opinión’ con un ejemplar de su nuevo trabajo literario, ‘Gomes y Cía.’.

El profesor y escritor Antonio Parra Sanz posa para ‘La Opinión’ con un ejemplar de su nuevo trabajo literario, ‘Gomes y Cía.’. / Loyola Pérez de Villegas

Asier Ganuza

Asier Ganuza

Sergio Gomes ha vuelto. El ‘detective de cabecera’ de Antonio Parra Sanz tiene un buen puñado de casos por resolver y, con ello, una jugosa selección de historias para quienes le siguen desde Ojos de fuego (2009), La mano de Midas (2016) o Los muertos de las guerras tienen los pies descalzos (2022), que compartió con el peculiar e irónico investigador privado Samuel Alonso, de Alfonso Gutiérrez Caro. O también para quienes se atrevan a descubrirle ahora, por qué no, con Gomes y Cía. (M.A.R. Editor, 2025). Porque esta es una intensa colección de relatos negros con la que el autor mantiene la maquinaria bien engrasada, a la espera de un caso de mayor calibre. También sirve al madrileño –a Parra Sanz– para cumplir una promesa y rendir un homenaje, y para quitarse el «mono» que le provoca tener a su más antiguo amigo literario en el banquillo. Además, y por si fuera poco, Cartagena es el escenario por el que el detective y su particular ‘familia’ de colaboradores –más importante que nunca, porque «nadie puede solo»– se mueven en busca de respuestas. Su autor, profesor de Literatura y crítico literario en diversos medios –además de uno de los organizadores de eventos como el ELACT, las jornadas Cartagena Negra y los ‘Jueves Literarios’ del Teatro Romano– lo presenta el próximo viernes, día 30 (19.00 horas), en la sala de Ámbito Cultural de El Corte Inglés de la Gran Vía de Murcia, y, al día siguiente, en la Feria del Libro de Madrid.

De vuelta a la acción con Sergio Gomes, Antonio. ¿Cómo se siente?

Por un lado, satisfecho por el resultado final, y por otro, algo nervioso, porque la publicación de un nuevo libro siempre es motivo de inquietud. Uno cree haber hecho lo que quería, haber trabajado bien, pero ahora queda todo en manos del lector, y el lector de género negro es uno de los más exigentes que hay, así que espero no defraudarle y que pase un buen rato con este puñado de historias detectivescas.

Creo que podemos decir ya, sin miedo a equivocarnos y utilizando una figura clásica de la novela negra, que Sergio es su ‘detective de cabecera’, ¿no?

Sin lugar a dudas. Es el personaje que me ha acompañado en más ocasiones, y por ello le tengo un cariño especial. Volver a escribir sus andanzas es un poco como regresar al hogar, al lugar literario en el que uno sabe siempre, o casi siempre, cómo funcionan las cosas, de manera que, aunque se hayan creado otros personajes en otros proyectos, la voz de Gomes siempre tira.

¿Podemos decir también que es, de algún modo, un trasunto noir de su autor, o no tanto? Usted mismo reconoce que ha tenido un recorrido similar, aunque sea por aquello de cambiar la gran capital por la portuaria Cartagena.

Después de tanto tiempo nos hemos retroalimentado bastante, es cierto, aunque procuramos concedernos nuestro espacio, sobre todo ahora que ambos vivimos en Cartagena. También es verdad que, con el paso de los años las semejanzas quizá se hayan ido reduciendo: yo leo más que él, veo más cine que él, bebo menos vodka que él, ya no fumo y, por suerte, no tengo las carencias y las dudas sentimentales con las que él tiene que lidiar a diario. Eso sí, los dos seguimos tolerando muy poquito la hipocresía y las injusticias.

"Rompo una nueva lanza a favor del cuento negro, que no es algo muy practicado entre los autores del género"

Por cierto, siempre me lo he preguntado: ¿cómo es la relación de un escritor con su ‘detective de cabecera’? Entiendo que hay un tira y afloja constante con él (o consigo mismo) en lo que respecta a seguir dándole casos o dejarle descansar y afrontar otros proyectos.

En realidad es el propio Gomes quien marca el ritmo. Él mismo es quien, de vez en cuando, levanta la voz para que nos sentemos a narrar un nuevo caso o, al contrario, permanece en silencio si no hay nada interesante que contar. Al final, los argumentos y las tramas van naciendo y sobre la marcha se decide quién los protagonizará; cada proyecto requiere una voz, una criatura diferente que hay que construir, y, de hecho, ese es uno de los retos literarios más atractivos que puede haber.

Su más reciente aparición protagónica –hablo de Gomes, claro– fue en Los muertos de las guerras tienen los pies descalzos (2022), que coescribió junto a Alfonso Gutiérrez Caro, mientras que para encontrar su último baile en ‘solitario’ hay que remontarse a 2016, hasta La mano de Midas, que tantas alegrías le dio. Elija usted la pregunta: dígame por qué ha tardado tanto en volver o por qué lo ha hecho ahora, con estas siete historias.

Ha tardado porque en todo este tiempo han ido surgiendo otras historias, otros libros con personajes y tramas diferentes, como por ejemplo la entrega de la detective Sonia Ruiz, que protagonizó Entre amigos (2022). Pero sus casos estaban ahí y poco a poco se fueron construyendo, armando como historias más breves. No obstante, el motivo de regresar ahora tiene que ver con la promesa que le hice a mi amigo Juan Antonio Rocamora, que fue quien más se preocupó siempre por la evolución del personaje: cuando él se fue, le prometí que reuniría en un volumen estos casos y que se publicarían en su honor, y así se ha hecho.

Efectivamente, Gomes y Cía no es uno, sino siete casos, lo que al final convierte a este libro casi en una colección de relatos. ¿Por qué ha decidido hacerlo así y no apostar por una única y gran historia, como es habitual? ¿Qué le ofrece este formato?

Yo nací para la literatura con el relato, como lector y, sobre todo, como escritor, y es un género que siempre practico y al que tengo un inmenso cariño, porque me ha proporcionado, y aún lo hace, muchas satisfacciones. Armar un caso con su arranque, desarrollo y resolución completa es como construir una pequeña novela, el trabajo es el mismo pero condensado en muchas menos páginas, y ese reto para mí es irrechazable. Idear una trama negra en formato breve responde a ese cariño y, por otro lado, me sirve para quitarme el mono de Gomes hasta el momento en el que protagonice una historia más larga. Además, me permite seguir habitando el universo que ha crecido en torno al personaje e ir enriqueciéndolo, y romper una nueva lanza a favor del cuento negro, que no es algo muy practicado entre los autores del género.

Entre las claves que unen estas historias está que, esta vez, por particular e independiente que sea su protagonista, Sergio no va a tener más remedio que apoyarse en su entorno para sobrevivir. ¿Nadie puede solo?

En efecto, todos necesitamos contar con alguien, con esas personas de extremada confianza que, casi siempre, no superan en número los dedos de una mano, y conforme caen los años se vuelven más imprescindibles. Gomes ha tenido que crearse un entorno nuevo tras dejar Madrid, y lo ha conseguido en una ciudad que no es la suya, así que tiene que apoyarse en las tres o cuatro personas que sabe que no le van a traicionar. Lo curioso es que, tanto como él renegaba de los miembros de las fuerzas del orden cuando estaba en la capital, ahora tenga el apoyo de la forense Silvia Férez y el inspector Inglés; la vida no para de regalarnos sorpresas. El tercer elemento de confianza, fíjese, es Arturo Barrios, un exboxeador que ahora ejerce de portero en un burdel. Una familia algo extraña la que ha formado nuestro Sergio, la verdad.

Suena a topicazo, Antonio, pero parece una realidad difícilmente reformulable de otra manera: Cartagena también es protagonista de estas historias; hasta una de ellas está relacionada con el Efesé. Cierto es que Gomes no se entiende sin ‘su’ ciudad, pero... ¿su autor también prefiere jugar de local cuando se sienta a escribir?

Por supuesto. Se escribe mejor de lo que mejor se conoce, por eso decidí en su momento que Gomes se estableciera en Cartagena, e incluso que viviera el mismo proceso que yo experimenté: conocer poco a poco la ciudad, sus habitantes, sus costumbres... Eso no significa que no vaya a volver a Madrid, por ejemplo, pero la realidad es que, mientras yo sí he vuelto a la ciudad donde nací en otras novelas, él aún no lo ha hecho; tal vez sea algo que tengamos pendiente y habrá que resolver. Y eso que yo tengo que tirar de memoria y de la comparación con el Madrid actual, que se parece ya poco al que dejé atrás en su momento...

Supongo que, a estas alturas, preguntarle por el potencial literario de Cartagena es malgastar una pregunta, pero me ha gustado mucho la asociación que hace entre las ciudades portuarias y, no el noir (que también), sino el western. Y no he podido evitar reflexionar sobre ello: ¿Es la novela negra el western de nuestros días?

Nunca hay preguntas malgastadas. El potencial literario de Cartagena habla por sí solo con la cantidad de autores y libros de los que estamos disfrutando aquí y en el resto de la Región. En cuanto a la segunda parte de la pregunta, rotundamente sí. Hay muchas similitudes entre lo que hemos visto en el western y la novela negra: protagonistas solitarios en muchos casos, enfrentados al mal de manera a veces ciega y sin muchas esperanzas de triunfo, empuñando la crítica social e intentando restablecer un equilibrio roto... Y eso, por no hablar de las muertes, la violencia, los plazos, etc. Lo único que cambia es que, mientras que antes veíamos al héroe caminar solo hacia la puesta de sol, ahora lo vemos camino de su bar de cabecera o del refugio personal que haya logrado construir.

Entonces, Antonio..., ¿todavía le queda cuerda a Gomes para nuevas aventuras?

Por supuesto. Estos casos que ahora aparecen son para él una especie de entrenamiento, un día a día que le sirve para no oxidarse, para no perder el pulso de cara a alguno más extenso y complejo que está por venir. Y mientras el lector le reserve un hueco en su estantería y en su corazón, él seguirá pidiendo que nos sentemos a escribir sus historias, así que creo que tendremos detective para rato.

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