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Cine

Alba Esquinas: "Tienes que ser fiel a tu película, no a la que los demás quieren que hagas"

La joven directora molinense Alba Esquinas.

La joven directora molinense Alba Esquinas. / La Opinión

Asier Ganuza

Asier Ganuza

El debut de la joven Alba Esquinas (Molina de Segura, 1999) no pudo ser más prometedor: su primer corto, Olores (2022) –en realidad, su proyecto final de carrera–, gozó del reconocimiento de la crítica casi desde el primer momento, desde su presentación en la sexagésima cuarta edición del Zinebi de Bilbao, donde se hizo con el Gran Premio del Cine Español. Aquel fue el primero de los muchos reconocimientos que recibió esta hipnótica pieza de apenas diez minutos que todavía se puede visionar en la plataforma de streaming Filmin y que ha sido para ella, como cineasta, la mejor carta de presentación posible. De hecho, reconoce que el impacto de aquel proyecto le ha abierto puertas como las de la ECAM (Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid), que ha seleccionado el que pretende ser su próximo trabajo para pasar unos meses en La Incubadora, «uno de los laboratorios de desarrollo más importantes de la industria cinematográfica a nivel nacional».

De hecho, por allí han pasado en los últimos años películas de gran calado como Ane (David Pérez Sañudo, 2020), Espíritu sagrado (Chema García Ibarra, 2021) y Cinco lobitos (Alauda Ruiz de Azúa, 2022), esta última, ganadora de tres Goyas, incluido el de Mejor Dirección Novel. Y es que el listón es alto: solo se seleccionan cada año cinco proyectos a nivel nacional, y en esta ocasión había más de doscientas propuestas, entre ellas BAI, BAI, que quiere ser el primer largo de Esquinas y seguir así, con ello, el ‘inesperado’ éxito de una localidad como Molina en un sector tan complicado como el audiovisual. Aunque para eso ella también tiene algunas respuestas...

Lo primero de todo, Alba: felicidades. Supongo que tener un proyecto de largometraje en La Incubadora de la ECAM es todo un impulso para el filme y un chute de energía para usted como directora, ¿no?

Sí, lo es. Cuando recibí la noticia no podía creérmelo. De hecho, pienso que ha llegado justo en el momento preciso, casi cuando más lo necesitaba.

Son solo cinco proyectos seleccionados (a nivel nacional) de entre más de doscientas propuestas. ¿Cómo le hace sentir eso? ¿Hay presión o es todo ilusión?

Lo que siento, sobre todo, es ilusión. La presión viene después, cuando eres consciente de la exposición a la que te sometes con tu proyecto cuando todavía es vulnerable (porque está en fase de construcción). Pero, precisamente por eso, es un momento ilusionante, porque la película todavía está por hacerse e imaginarse. Aunque trato de calibrar siempre y tomarme esta oportunidad con la mayor calma posible para disfrutar del proceso.

Para el que no lo sepa, ¿qué es La Incubadora? Me decía que por allí han pasado en su fase de preproducción películas como Cinco lobitos y Espíritu sagrado, que seguro que estos títulos sí le suenan a más de uno…

A grandes rasgos, La Incubadora de la ECAM es un espacio pensado para cineastas y productores noveles que estén desarrollando el guion de su primer o segundo largometraje. Es un lugar que ofrece herramientas formativas, orientadas sobre todo a la producción, para que el proyecto se haga sostenible –en términos de supervivencia– en el tiempo. Para que te puedas hacer una idea, yo llevo trabajando en esta película desde 2021, y ya han pasado cuatro años... Entonces, por la gran cantidad de proyectos que siguen buscando la luz, el hecho de estar en La Incubadora, un aval del cine español, te coloca en un panorama privilegiado.

¿Qué van a hacer allí? ¿Cuál es la hoja de ruta?

A lo largo de cinco meses, de febrero a julio, el productor, Alejandro González, y yo, vamos a continuar profundizando en la película. Cada uno desde su lugar, pero siempre con el objetivo de ir de la mano; es decir, de entender de la misma forma cuál es la película que queremos hacer. De algún modo, es un proceso de ganar certezas, de matizar aspectos todavía mejorables, pero sin dejar atrás lo creativo. Porque cuando se empieza a hablar de la otra cara de la moneda, de los números y porcentajes, de estrategias de financiación y distribución, puedes desorientarte y perder el foco de lo importante, que para nosotros es ser fiel a la película que quieres hacer y no a la que los demás quieren que hagas.

¿Y qué espera sacar de esta experiencia? Y se lo pregunto tanto como directora de BAI, BAI como desde el punto de vista de una cineasta que, en realidad, sigue aprendiendo y formándose (aunque a velocidad de crucero e impulsada por el éxito de Olores).

Claro, es que nunca se deja de aprender, y menos mal... Así que espero sacarle el máximo partido a esta oportunidad para dedicarle tiempo durante estos meses a la reescritura del guion para tener una nueva versión. Estos últimos años he estado trabajando en otros proyectos, al mismo tiempo que los intentaba compaginar con los míos propios, pero era una tarea difícil. Gracias a La Incubadora tenemos el impulso económico –de unos 10.000 euros, que irán destinados en exclusiva al desarrollo– y yo, particularmente, la posibilidad de dedicarme con tranquilidad a escribir por unos meses.

Entonces... ¿en qué fase está esta película? Hay un primer guion, hay productores... ¿Tenemos cast? ¿Cómo va la financiación? Cuénteme.

Ahora mismo estamos con la segunda versión de guion, y contamos con una coproducción entre Mubox Studio y Solita Films, ambas madrileñas. Y la película, tal y como está plasmada en el guion, transcurre entre Murcia y un viaje de estudios a Madrid. Mi idea es poder rodar aquí, y ya desde el plan de financiación se está intentando que esto pueda ser posible. De momento, cast no tenemos, pero buscamos caras no muy conocidas en el cine español, sobre todo para las niñas y el resto de los personajes principales. Aun así, todavía está todo en una fase muy temprana en la que estas cuestiones están en el aire, y donde ahora prima sacar la mejor versión del guion posible.

¿Confía en que salga adelante?

Sí; al menos, no desistiré en el intento. Si yo no confío en mi película, es muy difícil que los demás lo hagan. Yo espero que salga adelante y, si no es así, ya vendrán otras películas, pero ahora toca pensar que todo irá bien.

¿La recepción que tuvo Olores puede ayudar, le abre puertas?

Claro. Olores ha ayudado mucho, me dio mucha visibilidad en otro ecosistema complejo como lo es el del cortometraje, porque se producen muchísimos al año (cada vez más, diría). También gracias a Olores conocí a Alejandro González, distribuidor del cortometraje, y desde entonces tanto Alejandro como Dani Peña han estado acompañándome desde Mubox Studio en mis siguientes trabajos, como en Los viudos, que todavía está en fase de montaje.

A todo esto... no hemos hablado demasiado de la película en cuestión. ¿Dónde está el germen de la historia de Ana y Santi?

Todo parte de ver un graffiti en la autovía, pasando por Lorca de camino a Almería, que decía: BAI, BAI. Esa imagen, por alguna extraña razón, me acompaña desde hace bastante tiempo. La palabra ‘adiós’ en un inglés mal escrito, en mayúscula, en un lugar casi imposible de imaginar... ¿Cómo lo habrán hecho para llegar hasta ahí? ¿Qué significan en realidad esas palabras? Empecé a imaginar, a plantear que una chica se despide así de su amiga porque sabe que lo va a leer. A partir de esta idea, aunque pueda sonar banal, empiezo a relacionarlo con la sensación de perder o dejar atrás esa primera amistad de la infancia.

Hay una frase clave en la sinopsis: «Ana experimenta lo que es estar sola por primera vez». ¿Por qué ha querido tratar este sentimiento –tan adulto– a través de una niña de doce años?

Esa edad, la de los once o doce años, en la que todavía no eres una mujer, ni tampoco una niña, creo que es un momento muy determinante en nuestro proceso de madurez. La vida, de alguna forma, se resignifica. Y en ese proceso de cobrar sentido, el de darse cuenta de que la vida sigue, a pesar de todo, es una experiencia que no tiene por qué ser dolorosa. A pesar de que a esa edad aún no tienes las herramientas para reconocer la belleza de ese momento, sino que es el paso del tiempo lo que te ofrece ese otro acercamiento a este momento vital.

Por cierto, Alba: todavía estamos celebrando el éxito de Sorda, y este viene precedido de otros proyectos que están empezando a mover el avispero (fílmico) de la Región. ¿Qué ha cambiado? ¿Se ve ahora más posible rodar aquí que hace apenas un par de años o tres? Se lo pregunto porque tiene la firme intención de rodar BAI, BAI en su tierra (como hicieron Eva Libertad o Joaquín Carmona Hidalgo con Últimas voluntades), ¿por qué?

Como vivo en Madrid, no puedo seguir de cerca el camino ni el esfuerzo que ha supuesto para quienes viven y hacen cine en Murcia el establecer diálogos con quienes pueden incentivar y hacer posible un tejido audiovisual en la Región. Me consta que ha sido un esfuerzo de muchos años y que, hasta hace no mucho tiempo, las ayudas al sector audiovisual eran el número exacto de cero. Ahora veo posible rodar aquí –véase Sorda, Últimas voluntades o El instinto–, pero todavía falta tejido. Estudiar cine es muy caro, y para formarse en cursos de especialización o tener un trabajo medianamente estable en el audiovisual te tienes que ir fuera.

En su Molina de Segura natal están trabajando para que eso no sea así..., o, al menos, para darle alternativas a quienes, como usted, quieren formarse o dar sus primeros pasos.

Sí. Gracias a la Asociación de Cine ‘Última Toma’ y a la Concejalía de Cultura, se está apostando en Molina por una formación cinematográfica gratuita que, se espera, sea el primer paso de una futura y consolidada escuela de cine. Yo estoy luchando más en esta línea, en que el cine en Murcia sea accesible y asequible. Es un proyecto pionero en el que creo y..., bueno, ahí está la acogida que ha tenido: creo que ha habido unas cuarenta solicitudes de personas de toda la Región que quieren asistir a este Curso de Realización y Creatividad Cinematográfica.

Nos hartamos de escuchar –y de decir– que en la Región hay talento, pero no solo con eso vale...

Personas en Murcia con ganas de hacer cine no faltan, pero hay una demanda real, que existe y que considero que las instituciones públicas deben escuchar con más atención. Valga la redundancia, pero para que haya una escuela murciana, una generación futura, se necesita crear... escuela. Si no, todas esas personas –o solo aquellas que se lo pueden permitir, más bien– se van a grandes ciudades como Madrid y Barcelona, y para que haya un tejido audiovisual murciano sólido pienso que no se puede dejar escapar a todas estas personas.

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