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Horizonte de sucesos

Entre la ciencia ficción y el manual de guerrilla urbana

Aristas Martínez publica por primera vez en nuestro idioma la novela ‘Puerto de Santos’, de William S. Burroughs

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Pedro Pujante

Pedro Pujante

Traducida por vez primera a nuestro idioma por Javier Calvo, Puerto de Santos es una novela que reúne un gran número de elementos característicos de la narrativa burroughsiana: la experimentación formal, la ruptura de la cronología en la trama, la disolución del argumento clásico y la insistencia en temas como el sexo, la violencia, el control y las adicciones.

Con un estilo fragmentario pero mucho más accesible que su trilogía Nova, Puerto de Santos funciona como una novela de ciencia ficción o de aventuras lisérgica, pero también como un manual de guerrilla urbana. Burroughs, en su cruzada contra el lenguaje y el poder establecido, se vale de una narratividad innovadora parar explorar la realidad y tratar de trascenderla. Sus héroes, los ‘Chicos Salvajes’, son un grupo de jóvenes mutantes que practican sexo a todas horas, no solo por placer, también como experiencia sobrenatural y mágica que los dota de poderes. El sexo, entonces, es una suerte de máquina parapsicológica, y los ‘Chicos’, seres híbridos que se metamorfosean en criaturas de aspecto alienígena y que desafían con ironía y desenfreno el mundo de los ‘normales’. Seres que «no tienen noción del tiempo», que existen, por tanto, ajenos a nuestra realidad. Los viajes en el tiempo son, igualmente, formas de eludir la realidad más que clichés narrativos.

Del mismo modo el texto de esta novela (y de casi todas las novelas de Burroughs) es un texto extraterrestre, que no se ancla en nuestro espacio-tiempo ordinario, que se sitúa más allá de la lógica, que cabalga por el subconsciente del lector como un mantra antiautoritario, sexual y mitológico, un conjuro chamánico-político en busca de la desestabilización de las normas que emanan del poder social. La retórica de Burroughs en esta novela tiene las mismas resonancias que en sus obras más programáticas (La máquina sumatoria, La revolución electrónica), aunque esta vez disfrazada de relato de ficción. Disfruta de una prosa que oscila entre el experimento, la escritura automática, el montaje cinematográfico y el relato más clásico (de hecho es una novela bastante legible, a pesar de sus digresiones líricas), que no sigue una lógica narrativa tradicional pero que consigue mantener al lector dentro de un continuum.

Burroughs, quien componía pinturas con su rifle, también dispara en sus libros y usa las palabras como armas de combate, como bombas biológicas, como virus para infectar la mente del lector. Los chicos híbridos que realizan extraños experimentos de clonación, militares o esotéricos en esta novela metaforizan el laboratorio del escritor, y su guerra no es otra que la guerra contra la imposición de la Realidad. Ya sabemos: «Nada es real…», etc.

La experimentación, el collage y la hibridación son técnicas narrativas, pero también son tematizados e incorporados en el texto como asuntos. Un texto que fluye, con un fragmentarismo contenido, repleto de imágenes potentes y alucinadas, que parecen mostrar un mundo que se parece al nuestro extrañamente, pero que al mismo tiempo nos resulta totalmente nuevo.

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