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Entrevista | Profesora, actriz y directora escénica

'Mª Encarna Illán: un viaje a la semilla', por Javier Lorente

"Antes elegía textos más duros y trágicos; ahora, en estos tiempos difíciles, me decanto por la comedia dramática"

Encarna Illán en La Casa del Teatro de Pozo Estrecho.

Encarna Illán en La Casa del Teatro de Pozo Estrecho. / Javier Lorente

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Javier Lorente

Javier Lorente

De vuelta a su querido Pozo Estrecho –donde dirigió durante años a varios grupos de teatro– me encuentro con María Encarna Illán Alemán, actriz, directora escénica, profesora de Interpretación en la Escuela Superior de Arte Dramático de Murcia y, sobre todo una joya de la escena: trabajadora incansable y persona amigable y afectuosa, siempre disponible y entregada a los demás. Los del Grupo de Teatro La Aurora nos obsequian con una riquísima paella y compartimos una entretenida mesa junto a Pepe Ros, Alfredo Zamora, Antonio M. M. y Olga Catasús. La foto se la hago en la puerta de la bodega y después continuamos con una de esas conversaciones que disfrutas más aún de lo que imaginaste. 

Es de Algezares, un lugar con mucha historia y cultura, cuna de la familia Clares, de directores de escena como Antonio Saura y de compañías teatrales y de zarzuela. De casta le viene, porque su abuela paterna, que procedía de Cieza, María Hernández Arenas, era una admirada poeta que fue la primera mujer en escribir en el periódico local y, además, la autora de la letra del himno de Algezares. Un tío paterno suyo fue músico y vocalista de Los 5 Ibéricos. Pero su mayor influencia, apoyo e inspiración fue su padre, el poeta Alfonso Illán: «Marcó mi vida, como la de muchos otros. No en vano le pusieron una calle con su nombre en el pueblo. Le debo muchas cosas, lo recuerdo leyéndome y luego animándonos a mi hermana y a mí a aprender, a bebernos los libros, o a participar de la vida cultural de Algezares».

Prosigue: «También soy fruto de este magnífico lugar donde tradicionalmente había dos compañías de teatro que competían entre sí, y eso lo he mamado desde cría, recitando de memoria capítulos de Platero y yo o las rimas de Bécquer. Enseguida empecé a salir, junto a mi hermana, en los montajes de zarzuelas. Mi padre también nos contagió el amor por la música y, en particular, por la música clásica. Si lo pienso, me doy cuenta que todo aquello me fue conformando como soy. Mi padre me recordaba aquella frase del Duque de Rivas: ‘la poesía es pensar alto (lo infinito), sentir hondo y hablar claro’ y creo que aún estoy en esa tarea de buscar la poesía en la vida».

Mª Encarna, que luego ha hecho másteres y cursos de especialización y talleres con decenas de grandísimos profesores y directores de todo el mundo, estudió Dirección en la ESSAD y Artes Escénicas en la Universidad de Murcia. Como actriz ha trabajado en compañías de la talla de Alquibla Teatro, Cambalache Teatro, Alondra Teatro, Pandora Teatro, Cecilio Pineda, José Ros... Como directora, su trabajo es imposible de apuntar aquí, pero ya en 1994 recibió el Premio Murcia Joven de Teatro y desde entonces no ha parado: «Recuerdo cuando la hermana de Saura, en los Scouts, me animó a hacer teatro con Alquibla, y que luego mi compañero Alfredo Zamora fue quien me animó y me inscribió para estudiar en la ESSAD; también recuerdo con mucho cariño que estuve dirigiendo un grupo de mujeres en el barrio de La Paz. Fueron experiencias maravillosas, como los 7 años que estuve en Pozo Estrecho dirigiendo a grupos como Los Sagales, Las Amas de Casa, La Aurora, El Clan o los grupos infantiles. Me hubiese quedado aquí por siempre, porque este pueblo es un milagro teatral, pero me salió un contrato en Albacete, donde estuve trabajando para la Universidad Popular. Recuerdo al padre de Antonio Morales Guerrero (Benigno, fallecido hace unos días) que un día me dijo: solo tú te podías haber atrevido a hacer una versión tan moderna de Lisístrata (con El Clan Teatro), en un pueblo y, encima, salir a hombros».

Me sigue contando: «Tengo la suerte de que conseguí la plaza de profesora de Interpretación en la Escuela, lo conseguí a la tercera, pero lo disfruto cada día, entusiasmada con ver crecer a mis alumnos. Me dan mucho y me emocionan tanto que, a veces, me cuesta muchísimo disimular la emoción hasta las lágrimas». Me cuenta de grandes profesionales que han pasado por sus clases, Jaime Lorente incluido. Añade: «Una de las cosas que más me alegra es que mis padres hayan podido verme conseguir parte de mis sueños y lograr la estabilidad laboral que no siempre se consigue en las gentes del teatro o de la cultura. Mi padre me había escrito unos versos: ‘Pobrecita María Encarna, / quiere jugar a poeta / sin pensar que no es rentable / esta divina faceta’».

«Tengo la suerte de haber hecho siempre el teatro que me ha conmovido», me dice, y me va hablando de algunos de los muchísimos trabajos que ha dirigido, siempre eligiendo grandes textos. Me cita al desaparecido profesor y dramaturgo Antonio Morales, cuando hablaba de que el teatro es el arte más efímero: «He hecho muchas obras de las que ya no queda nada, salvo el recuerdo, muchas se quedaron en la Escuela o en pocas representaciones; es una pena que no las vieran más personas, pero creo firmemente que lo mejor está por venir: cada año estreno un par de obras y nada me satisface más que conseguir que la gente se emocione. Lo mío, tal vez, es una vocación de servicio público: me gusta enseñar y me gusta contagiar la pasión por el teatro. El teatro es como la vida, es darle una vuelta a la vida y a la sociedad que nos ha tocado vivir o a la que nos gustaría. Lo que más me gusta es actualizar los textos, traerlos a nuestra época, hacerlos actuales y entendibles por el público de hoy, aunque sean de un autor de la Grecia clásica. A veces la gente tiene prejuicios, como algunos alumnos con el teatro en verso, pero es una alegría cuando ves que terminan disfrutándolo». 

«Antes elegía textos más duros y trágicos; ahora, en estos tiempos difíciles, me decanto por la comedia dramática. Necesitamos divertirnos y el humor también enseña. Intento mantener mi optimismo, soy muy positiva, aunque no ingenua: yo diría que soy humanista esperanzada, confío en el ser humano y la juventud de hoy no es tan mala como la pintan», afirma. Y terminamos hablando de su gusto por dibujar y por viajar. Es una mujer de fe: «En estos días trumpistas, nos haría falta rezar y confiar en lo más elevado del ser humano».

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