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Entrevista | Especialista en tecnologías educativas

'Mª del Mar Sánchez Vera: educar en los tiempos de la Inteligencia Artificial', por Javier Lorente

"La educación no se mejora solo con entusiasmo, es necesaria la aportación de la sociedad y las administraciones"

María del Mar Sánchez Vera en el Congreso de Adeip.

María del Mar Sánchez Vera en el Congreso de Adeip. / Javier Lorente

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Javier Lorente

Javier Lorente

Murcia ha acogido estos días a doscientos directivos de colegios públicos de toda España que han reflexionado sobre el futuro del liderazgo de una educación inclusiva y digital. Entre las ponentes, una cartagenera de relevancia internacional, María del Mar Sánchez Vera, a la que le sigo la pista con sus publicaciones mil. Ella es un lujo para todas aquellas personas que tienen vocación docente, una persona entusiasta, comprometida con la educación y con el magisterio, desde el ámbito universitario de la Pedagogía. Experta en nuevas tecnologías, defiende el buen uso de la digitalización, incidiendo en los cambios metodológicos que deben adecuarnos con el siglo XXI. Confieso, tras disfrutar de su ponencia y de la posterior conversación, que rebosa cercanía, calidez y agradable simpatía, y que estamos ante todo un cerebro al servicio de construir una educación mejor y, yo diría, un mundo mejor.

Hija de un químico y de una trabajadora de Licor 43, meticulosa envolviendo los caramelos de la marca y ahora entregada abuela, cuidando a sus nietos cuando María del Mar imparte sus clases en la Universidad o se recorre el mundo impartiendo cursos al profesorado, es evidente que ha heredado una estupenda mezcla entre la seriedad científica y la dulzura y preocupación por el cuidado de los demás. Rebosa buen rollo y optimismo, pero si la escuchas o lees alguna de las centenares de sus publicaciones, te das cuenta de su profundo y oportuno espíritu crítico, nada ingenuo, y, sobre todo, de su fortaleza en mantener y contagiar su esperanza en el futuro, pese a vivir en momentos duros en muchos aspectos, con amenazas de retrocesos en muchos aspectos: «No podemos dar marcha atrás ni en la educación, ni en la libertad, ni en una enseñanza en igualdad y servicio de todos. Surge ahora un movimiento antipantallas que pretende volver a la memorización, prescindiendo de recursos que deben ser utilizados con la naturalidad de ser comunes en los tiempos que corres, sin reducirlos a usos meramente de ocio». Y lo mejor es que a María del Mar no sólo le interesa la reflexión teórica, sino la experiencia práctica, por eso se lleva a los que estudian para profesor y a los que lo son, a visitar colegios e institutos, a conocer experiencias reales y actuales: «Y lo hago no sólo para mis alumnos, yo soy la primera que sigo aprendiendo».

En el Congreso de Fedeip ha hablado del buen uso de la IA: «Es un recurso más que ya está entre nosotros, no nos podemos sustraer a ella, pone en cuestión algunos caminos tradicionales en la escuela y puede ser útil y facilitar cosas como los deberes o las evaluaciones. No hay que tener miedo a las nuevas tecnologías, hay que emplearlas bien, como un recurso más. Lo que no se puede es prohibirlas en clase y luego, al salir, dejar que los alumnos se pierdan en ellas. Hemos de educar en un uso crítico y positivo de cosas como la IA. Y no se trata de buscar un botón que nos lo resuelva todo, los educadores tienen una responsabilidad para la que han de formarse y poder guiar a los alumnos».

Me confiesa: «Yo aprendí mucho de unas pioneras como Olga Catasús, Salomé Recio, Domingo Méndez, Pilar Sánchez, Julia García… unas personas innovadoras que el tiempo ha demostrado que no estaban locas, que había que llevar el uso de las nuevas tecnologías a la clase, que la educación no se podía anclar en la repetición o el uso cómodo de los libros de texto, que había que implicar a los alumnos y hacerlos participar y crecer con herramientas actuales. Yo soy muy fan de las maestras de infantil, aprendí mucho de aquel blog, El Rincón de la Maestra, que nos marcó a toda una generación. Y, por supuesto, siempre he admirado todos los movimientos de renovación pedagógica que han ido mejorando la educación. Desde siempre me ha ido mucho lo de los cambios». Y para muestra, un botón: se acerca a nosotros una maestra que sale del salón plenario del congreso, se disculpa por interrumpirnos y la felicita afectuosa por su intervención y María del Mar le dice: «Ya sabes que voy pronto a tu cole, pero no a daros una charla, sino a aprender de todo eso que estáis haciendo…».

Me interesa mucho cuando sigue profundizando: «Claro que la educación no se mejora solamente con entusiasmo, para que los cambios se produzcan es necesaria la aportación de la comunidad educativa, del entorno, de la sociedad y también de las administraciones. El apoyo económico es fundamental. Yo respeto muchísimo a los colegios concertados, que tienen muchos grandes profesionales, por supuesto, pero yo soy muy de la Escuela Pública y no hay que detraer recursos para dárselos a otros modelos. Hay que apostar por una escuela pública de calidad: con personal bien formado y con los recursos necesarios. No hay nada más necesario y más hermoso que la educación». Y me cita a Trillo Alonso, cuando habla de los tres niveles en los que se puede trabajar: «Nos podemos quedar en una labor teórica, y estar más seguros y cómodos, o implicarnos a nivel práctico, cambiando nuestra clase o, un paso más, nuestro colegio… Pero también podemos realizar una labor crítica que repercuta en el cambio del sistema». Y continúa: «Todo esto es más lento de lo que nos gustaría, es cierto. ¿Cómo vamos a hablar de invertir en tecnología y robótica a un centro que aún tenga amianto o a un colegio afectado por la dana en Valencia, que ahora tiene otras necesidades más prioritarias?».

Y me sigue hablando, con pasión y entusiasmo, de pedagogía y de un mundo mejor: «Hay que perseguir la utopía, si no, no vamos a ninguna parte. Al fin y al cabo, lo más importante es perseguir la felicidad de los niños en unos barrios más felices. Mi sueño es que todo el mundo pueda ir andando a su colegio, en tu barrio, y que un día, si tú no puedes, tu vecina te lleve a los críos. Hacer comunidad en un mundo transformado por la cultura del cuidado». Y encima es una friki de la ciencia, de Asimov, de El Señor de los Anillos y de Harry Potter… Y termina hablándome de Ramón J. Sender y M. Witt en el Cantón, que le acaban de regalar. Admirable.

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