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Cuadros para una exposición

Silvia Viñao: el Camino del Tao

La autora parece convertir el árbol en un eco de aquellas palabras del viejo filósofo: El Tao es como un recipiente hueco, cuanto más produce más difícil es de agotar

'Tronco nudoso' de Silvia Viñao

'Tronco nudoso' de Silvia Viñao / L.O.

Pedro Manzano

Pedro Manzano

Cuenta la tradición que Lao Tse nació, ya anciano, en una aldea del reino de Chow, engendrado por una madre que lo llevó en su seno más de ochenta años. Pero un día hallándose ésta descansando bajo la sombra de un ciruelo, una partícula del astro solar, con forma de perla, se introdujo por su boca y, abriéndole una hendidura en el costado izquierdo, dio a luz al pequeño sabio, de rostro arrugado y cabellos canos. Al nacer al mundo, tras salir por la abertura ocasionada, junto a la axila materna, por la luz del sol, lo primero que Lao Tse dijo a su madre fue: "De este árbol tomaré mi nombre". Una circunstancia que ha hecho que al filósofo chino se le conozca también con el apelativo de Li Ar (Orejas de Ciruela).

En 2010 Pictografía editó La Corriente del Tao, un hermoso libro, coordinado por Silvia Viñao, que recoge una serie de acuarelas y aguadas realizadas por la pintora en claro homenaje y referencia al Tao Te King (cuyo significado en castellano viene a ser algo así como: Disertación o Tratado Referente al Justo Principio y a su Acción). Un libro que contó con la colaboración de Antonio Parra, el poeta Soren Peñalver y el maestro calígrafo Juo Chin Tseng; y en el que junto a los cuadros-ilustraciones de Silvia podíamos abstraernos, transportarnos a otros espacios y situaciones, con los sugerentes poemas de Li Po, Tu Fu o Wang Wei; y con algunos fragmentos del propio Lao Tse, seleccionados de los 81 principios en los que el Camino del Tao se estructura en algunas versiones.

El detalle de un tronco centenario es un tema que se repite una y otra vez en la obra de Silvia Viñao, como motivo recurrente y, estoy seguro que como rendido homenaje a la pintura oriental. El retorcido tronco de un árbol donde queda reflejado, en sus nudos, rugosidades y texturas, el paso del tiempo. Un tema que le permite a la artista jugar con la precisión del dibujo y de la mancha (como es fácil comprobar en la obra Tronco Nudoso de Árbol Centenario, acuarelas y tintas sobre papel Fabriano, presentada en 2016, en la exposición Marche d’Acqua, itinerante por distintas localidades italianas), y experimentar con otras técnicas y procedimientos como es la integración del dibujo, el óleo, los pigmentos y el collage textil. Un proceso de trabajo en el que, actualmente, centra Silvia sus intereses.

Silvia Viñao.

Silvia Viñao. / L.O.

Podríamos haber elegido como cuadros referenciales de esta breve anotación Castaño Centenario, Tronco Retorcido, Olivo Centenario o Nudos, piezas realizadas con parecida técnica entre 2014 y 2016, y pertenecientes a la misma serie que este 'Tronco nudoso'. Pero en un juego de búsqueda de sugerencias y afinidades, he optado por reproducir 'Tronco nudoso', una obra que recoge bien esa simbiosis entre pintura y collage. Una pieza con un movimiento y una cierta tensión dramática que, más allá de sus vínculos con el arte y la pintura china, a mí me sugiere otras conexiones. Cómo no imaginar, ante ese estampado textil, esos tonos azules y movimiento envolvente de la parte inferior de la obra, a aquellos que se agitan entre las olas, arrastrado su barco por la tormenta, en la obra de Katsushika Hokusai La gran ola de Kanagawa –una de las Treinta y seis vistas del monte Fuji–. O, por referir una obra de arte japonesa menos citada, representada y conocida: los paneles Flores Blancas y Flores Rojas, creados por el artista japonés, que vivió entre los siglos XVII y XVIII, Ogata Korin; la representación de un camino flanqueado por árboles leñosos con brotes de la flor del ciruelo.

'Tronco nudoso', la representación de un árbol milenario bajo el que podría haber nacido Lao Tse, y que Silvia Viñao parece convertir en un eco de aquellas palabras del viejo filósofo: El Tao es como un recipiente hueco, cuanto más produce más difícil es de agotar. Parece ser el manantial de donde brotan todas las cosas. Y sin embargo en su profundidad permanece eternamente. Cambiemos Tao, pongamos Arte y dejémonos arrastrar a la corriente de sus aguas.

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