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100 veranos en la Región

La Caja Rusa: el castillo de Mazarrón

"Transcurridos 400 años, pese a tantos infortunios, es un milagro que aún permanezcan en pie los restos de esta fortaleza"

Castillo de Los Vélez, Mazarrón.

Castillo de Los Vélez, Mazarrón. / Javier Lorente

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Javier Lorente

Javier Lorente

Ya os conté en el primer episodio de esta serie que el privilegio de haber tenido acceso a estas ilustraciones se lo debo a mi admirado amigo Mariano Guillén, cronista de Mazarrón y gran coleccionista de fotografías y documentos antiguos. Sin él no habría conocido la localidad de Bièvres y su mercado de fotografía y antigüedades y sin nuestro otro acompañante no habríamos encontrado esta valiosa y antigua caja de galletas proveniente de la Casa de la Rusa, hoy Museo del Barón de Benifayó en San Pedro del Pinatar. Gracias a Guillén, además, he podido descubrir que la imagen de hoy corresponde al castillo que en Mazarrón construyeran Los Vélez y que hace unos años fue parcialmente restaurado, levantando algunos de los muros caídos y consolidando otros gravemente deteriorados. El castillo está en un montículo, detrás del Ayuntamiento «nuevo», de casas consistoriales y de la iglesia de San Antonio de Padua.

Sigo las explicaciones y leo los escritos del cronista para dar cuenta de la historia de este monumento que atrajo a las inquietas familias de la casa de la Rusa y tan importante para la Villa como para toda nuestra Región. La fortaleza se construyó en el último tercio del siglo XV, por el adelantado mayor del Reino de Murcia, marqués de Los Vélez, con el fin de proteger estas tierras y el establecimiento de colonos en lo que entonces se denominaba Casas de Los Alumbres de Almazarrón. Dice el cronista que transcurridos 400 años, pese a tantos infortunios, es un milagro que aún permanezcan en pie los restos de este castillo.

Su construcción se efectuó en una elevación que permitía vigilar y proteger hasta el mar, en un recinto amurallado que resultaba totalmente inexpugnable. En torno él se fue edificando el pueblo: las iglesias, el Ayuntamiento, las primeras viviendas, el pósito de trigo. El castillo estaba conectado con el sonido de su campana de bronce, con las torres vigías de la costa. Cuando había presencia de piratas que se acercaban por el mar, los vecinos se refugiaban en el castillo y los militares partían hacia la costa.

Pero como no hay batalla ni guerra que finalmente no responda, lejos de las banderas, a la lucha por intereses económicos, una vez que la extracción del alumbre no interesó al propio marquesado de Los Vélez, el castillo fue abandonado y, pese a las reivindicaciones del los vecinos y del propio Concejo, que nunca fueron atendidas, el castillo de Mazarrón fue sumiéndose en la ruina. Nos cuenta Guillén que hubo pleitos interminables y recursos infructuosos en la Corte contra los marquesados de Los Vélez y los de Villena.

A estas alturas uno ya está curado de espanto sobre todo lo sufrido por nuestro patrimonio histórico, pero me sorprende saber que en 1810 las autoridades locales acordaron convertir el patio de armas del castillo en un gran cementerio que acogiese los muertos de una gran epidemia de fiebre amarilla. Más grave aún fue la decisión municipal, en 1880, de excavar una mina dentro del castillo y el desastre se extendió: lo que no se destrozó, quedó literalmente enterrado entre los estériles. Con el tiempo, el deterioro aumentó, se estableció población marginal en la zona y hasta fue el refugio de la prostitución. Finalmente se inició la restauración y mejora de este monumento tan lleno de historia.

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