A toda vela
Chárter a vela a bordo del Isaura do Mar
Nos embarcamos en una goleta transoceánica de vela de trinquete con la que atravesamos el Mar Menor de la mano de Antonio Lorente

Isaura do Mar, el primer velero de la sección 'A toda vela' / L.O.
Comenzamos esta singladura en el velero Isaura do Mar, para conocer cómo transcurre un día de navegación. Me sumo a un grupo de pasajeros que han contratado el viaje a la empresa Gestión Marítima Vela Latina S.L., que coordina el armador Antonio Lorente.
CARACTERÍSTICAS
Es una goleta transoceánica de vela de trinquete, construida en Malasia en 1991, con madera de chengal. Mide 22,5 metros de eslora, 5 de manga y 2,30 de calado. Pesa 49 toneladas. El palo mayor de 22 metros y la mesana de 19 metros sostienen 5 velas de cuchillo. Tiene 4 camarotes y 2 salones convertibles. Se permite navegar con 12 pasajeros más la tripulación. Hoy saldremos a las 11.30 horas. y regresaremos a las 18.30 horas.

Baño en Cabo de Palos / L.O.
ANTES DE ZARPAR
Para algunos era su primera experiencia de navegación, por eso el patrón explicó cómo desenvolverse sobre el barco y las medidas de seguridad que tendríamos que tomar. Ante todo, hay que obedecer las órdenes de la tripulación y estar atentos si el barco va a trasluchar o virar para no golpearnos con las botavaras ni enredarnos con los cabos. Durante la travesía iremos descalzos sobre la impresionante cubierta de teka de Birmania, que no resbala.
Es conveniente antes de zarpar que nos fijemos en las zonas que podemos pisar sin tropezar y en los puntos seguros para agarrarnos si tenemos que recorrer los 22,5 metros entre la popa y la proa. Si el barco va ciñendo al viento, debemos andar por la parte alta, ya sea babor o estribor, para evitar caernos al agua si nos soltamos.
Hay que comprobar que las defensas están sujetas con el cabo atado a la borda antes de dejarlas caer al agua, no sería la primera vez que se las lleva la corriente, así como las gorras, móviles, gafas y toallas.
En resumen, antes de zarpar debemos familiarizarnos con el barco, comprobar chalecos salvavidas, botiquín y echarnos crema solar. Otra norma imprescindible es no tirar papel al váter, y por supuesto nada al mar. Si fondeamos, no hay que saltar al agua hasta que no esté colocada la escalera para poder subir y, por supuesto, al menos una persona de la tripulación debe permanecer siempre a bordo.
SINGLADURA
Soltamos amarras en el puerto Tomás Maestre de La Manga del Mar Menor y subimos las defensas. El Patrón calcula la hora de apertura del puente del Estacio, lo pasamos a motor por la derecha, dejando espacio por babor para los barcos que entran en el Mar Menor.
Antonio Lorente comprueba el calado, que varía entre 1,80 metros y 4 metros en algunos puntos (habría que mantener el fondo limpio retirando periódicamente la arena acumulada).
Antes de subir las velas hay que situar la proa al viento para facilitar la labor. Entre el pasaje siempre encontraremos voluntarios que ayuden en estas tareas. Ponemos rumbo a Cabo de Palos, es un buen momento para hacernos fotos de recuerdo, el patrón tiene experiencia y recomienda los mejores encuadres y poses.
Qué hermosura
las velas a cuchillo
contra los vientos
Haiku al Mar Menor de Aurora Gil Bohórquez
BAÑO Y COMIDA

A punto de atravesar el Canal del Estacio / L.O.
Aproamos al viento y bajamos las velas. Fondeamos al amparo del faro de cabo de Palos amarrando un cabo a una de las boyas disponibles, puesto que estamos en un espacio protegido y el ancla arrastraría el fondo de posidonias. Ponemos un toldo sobre la botavara central y la mesa con unas almejas de aperitivo.
Es el momento de saltar al agua rodeados de peces. La rica flora y fauna marina quedarán para el recuerdo con las cámaras submarinas que llevaban los pasajeros.
Comimos un caldero elaborado por Antonio Lorente, que conoce el secreto para conseguir un buen sabor sin que la digestión se haga pesada; sólo nos desvela que lleva mújol. Es un placer exquisito, pero también es cierto que le sumamos la delicia de la brisa marina y el suave tintineo de los obenques.
REGRESO Y BAÑO

Chárter a vela a bordo del Isaura do Mar / Rafael Hortal
De regreso ponemos rumbo a Isla Grosa en una relajante travesía recostados en las colchonetas de proa y escuchando a Caetano Veloso: «Navegar é preciso, viver näo é preciso», este poema de Fernando Pessoa refleja la necesidad de navegar, pero el origen de la frase, según cita Plutarco, es la que el general romano Pompeyo gritó a los marineros que no querían embarcar por miedo a la tormenta.
En el salón del barco, María Cervantes nos muestra su Trabajo de Fin de Master sobre la Vela Latina, de la que hablaré en un próximo reportaje.
Rodeamos Isla Grosa y vemos El Farallón con su característico arco en la roca. Volvemos a amarrar el barco en una de las pocas boyas disponibles para la gran envergadura de este velero. Isla Grosa es un espacio protegido ZEPA.
El baño es impresionante, nos dicen que el mejor, por la claridad y limpieza de sus aguas en su perpetua corriente. El armador nos indica que tenemos que subir a bordo para pasar bajo el puente del Estacio a la hora prevista, lo hacemos lentamente a motor, en riguroso orden de llegada. En el canal está prohibido adelantar, pero siempre hay algún «conductor de lancha» que no lo sabe, pudiendo provocar un accidente. Pero si la Ley permite alquilar lanchas de hasta 5 metros de eslora sin tener el título PER (Patrón de Embarcaciones de Recreo) los «conductores» no tienen obligación de saber ninguna norma de navegación. ¡Increíble!
LLEGADA A PUERTO
Se avisa por radio al marinero del puerto de que vamos a atracar en el pantalán correspondiente para que ayude en la maniobra de arrimar la popa al muelle. Todos bajamos y nos despedimos felicitándonos por la agradable jornada y agradeciendo la profesionalidad de la tripulación.
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