Teatro

Palmira Cardo: "Mayumana nació en 1997 con la idea de hacer visual el ritmo, y ese sigue siendo hoy el propósito"

Esta artista multidisciplinar es la encargada de llevar a buen puerto las funciones del último espectáculo de la prestigiosa compañía, ‘Impulso’. Lo hace desde fuera y desde el escenario, donde es protagonista, como se podrá comprobar esta noche en la Plaza de Toros de Caravaca, a donde llegan de la mano de la Semana de Teatro de la localidad

La artista multidisciplinar Palmira Cardo, miembro del elenco y directora del grupo español de Mayumana. | L. O.

La artista multidisciplinar Palmira Cardo, miembro del elenco y directora del grupo español de Mayumana. | L. O.

Enrique Soler

Impulso, el nuevo espectáculo de la internacional y prestigiosa compañía Mayumana, regresa hoy a la Región de la mano de la Semana de Teatro de Caravaca de la Cruz. Se trata de Impulso, un show cautivador que pretende sumir a los espectadores en un viaje a través de los ritmos que rigen nuestras vidas; un latido o pulso representado por artistas de diferentes partes del mundo, cada uno aportando su talento único y sus habilidades al espectáculo. «Un cóctel explosivo de baile, luces, música y humor», concluyen sus responsables.

Inicialmente –hablamos del año 1997–, Mayumana fue impulsada por Eylon Nuphar, Boaz Berman y el productor Roy Oferen. La compañía, entonces, estaba formada únicamente por cuatro miembros, pero hoy son más de ochocientos artistas que, en grupos pequeños –como el que hay con sede en Madrid–, pueden estar actuando simultáneamente en docenas de teatros de todo el mundo, haciendo vibrar a todo tipo de públicos con lenguajes universales como lo son la música y la danza.

Palmira Cardo es la directora del grupo de percusión que hoy se sube al escenario de la Plaza de Toros de Caravaca. Ella es la principal responsable de llevar a buen puerto una producción «milimétrica, cuidada hasta el último detalle y en todos los aspectos (luz, escenografía, coreografías, vestuario…), para grandes y chicos, nietos, padres y abuelos, que van a ver cómo es posible vibrar a un mismo ritmo y al alimón con un solo corazón».

Nos proponen esta vez «un viaje por los ritmos de la vida», ¿no?

Sí. Impuso es un espectáculo que se basa en el latido del corazón, para ser exactos. Y hace un recorrido por los momentos clave de la vida de cualquier persona.

A través de la música, se trata de explorar los diferentes estados por los que pasamos en nuestro deambular por el mundo y, también, de identificar las emociones de nuestro día a día. ¿Cómo fue preparar este último trabajo?

Fue un proceso precioso, muy introspectivo, de mirarse hacia dentro con mucha intensidad. Estoy muy contenta con el resultado.

Habéis pasado ya por Madrid, ¿qué tal la acogida en la capital?

Fantástica. Y no es fácil con la enorme oferta cultural que tienen las grandes ciudades como Madrid y Barcelona. Pero hemos tenido una acogida muy buena: hemos estado cuatro semanas enteras actuando en Gran Vía. Y el público, como siempre, ha estado muy entregado. Fue una cosa muy bonita.

¿Cómo es la puesta en escena de Impulso?

Sobre todo, es muy enérgica. De escenografía, digamos, no llevamos casi nada; únicamente unas pantallas led, para las visuales que nos van acompañando durante todo el espectáculo y que abrazan muy bien lo que ocurre en cada función.

¿Cuál es tú papel encima del escenario? Porque no solo eres la directora...

Una cuestión que tiene Mayumana es que como somos todos artistas multidisciplinares, es una obra muy coral, así que no hay protagonistas ni papeles secundarios. Las ocho personas que estamos sobre las tablas somos igual de importantes y cruciales para el desarrollo de la función.

¿Cómo fue la unión de Mayumana a mediados de los noventa?

Yo no estaba en la fundación del grupo, obviamente; llegué más tarde. Pero Boaz Berman, que es nuestro director artístico –con lo que trabajamos mano a mano– y es también uno de los miembros fundadores de Mayumana, lo ha contado en alguna ocasión: ellos empezaron juntándose en un garaje, y con las ganas y la idea de crear funciones para poder hacer visual el ritmo. Ese fue el germen de la compañía y ese sigue siendo el propósito aún hoy. Aunque la compañía continúa reinventándose espectáculo tras espectáculo, lo que no es nada fácil...

En cualquier caso, Mayumana abandera un tipo de espectáculo, un ‘modelo’, que ha llevado a la compañía a recorrer el mundo entero.

Sí. Son muchos años de trayectoria, y, como te decía, tratando de innovar siempre en cada uno de los aspectos del show. Al final, lo que se busca es que el espectáculo cale en el espectador, con lo que hay que estar muy pendientes de cómo evolucionan las sensibilidades de la gente. De ahí la importancia de ese proceso creativo, por cierto.

¿Cómo es ese proceso?

Es un proceso largo y costoso. Suelen ser unos tres meses de formación en los que trabajamos conjuntamente todo el elenco, tanto aprendiendo lo creado para el espectáculo como haciendo dinámicas de grupo para que todo lo que ocurre en escena esté supersincronizado. Y para eso no solo tenemos que estar todos en sintonía y conocer las partituras, sino también a nivel de sensaciones: debemos conectar para poder fundirnos en el escenario y ser una única cosa.

En el caso de Impulso, ¿afecta mucho el lugar de interpretación? En Caravaca, por ejemplo, es en un espacio poco habitual para este tipo de actos como una Plaza de Toros.

Cambia muchísimo si trabajamos en un lugar abierto o en uno cerrado como un teatro o un auditorio. Afecta mucho también el espacio, así como la manera en la que el público está recibiendo el mensaje que mandamos desde ahí arriba. Al final esa es la magia del teatro y de las giras: aunque tú estés haciendo todos los días el mismo producto, realmente cada función es diferente, porque la magia del directo te hace estar adaptándote cada día al espacio en el que estas trabajando.

Y después de Caravaca, ¿qué?

Este verano tenemos menos citas que en temporada alta, ya que el verano siempre es un poco más tranquilo en lo que respecta a las programaciones. Pero pasaremos por Ibiza, Segóbriga, por el norte..., y después llegaremos a Valencia, donde estaremos dos semanas.