100 veranos en la Región

La Caja de la Rusa: Un tren minero y turístico

"La fórmula era la misma: el alcohol, el juego y la música, sólo que aquí se cantaba flamenco y se escuchaban trovos"

Tren minero y Turístico en Mazarrón

Tren minero y Turístico en Mazarrón / Javier Lorente

Javier Lorente

Javier Lorente

Me gustan esas imágenes de finales del siglo XIX, sobre todo cuando hay escenas mineras, trenes o cantinas de la época. Con los años me di cuenta que lo que veían en las películas del oeste no era exclusivo de los americanos y su fiebre del oro, que aquí en La Unión o Mazarrón, en la misma época, el ambiente era igual. No fuimos ajenos a la explotación de los trabajadores y sus familias, el sueño por hacerse rico fue idéntico, tanto como la abundancia de cafés y salones donde ahogar las penas. La fórmula era la misma: el alcohol, el juego y la música, sólo que aquí se cantaba flamenco y se escuchaban trovos. Otro matiz entre el salvaje oeste y las localidades mineras de esta Región es que aquí estaba muy cerca la costa y quien se podía permitir algún día de descanso se daba un baño refrescante.

No habría identificado el lugar y la época de esta ilustración sin haber tenido acceso al cronista de Mazarrón que vio enseguida que se trata de una imagen del antiguo tren de la compañía minera de Águilas, que iba desde las minas a Mazarrón y al Puerto de Mazarrón, donde se embarcaba el mineral.

Este ferrocarril empezó a funcionar en 1884. Aquellos años lo cambiaron todo, muchas familias se hicieron ricas con la minería, al tiempo que otras gentes tomaron conciencia de que habían de organizarse para conseguir mejores condiciones laborales.

Es muy probable que muchas de aquellas familias acomodadas que veraneaban en torno al mar Menor fueran propietarios o tuvieran acciones de muchas de las minas de Cartagena, Mazarrón o La Unión y, evidentemente, ello les permitió construirse segundas viviendas junto al mar, villas en el Campo de Cartagena y teatros en los que disfrutar de compañías itinerantes, venidas de las capitales del país (en Mazarrón también hubo un par de ellos). Es muy interesante que en aquella época se pusieran de moda, como digo, los baños en nuestra laguna salada y en el mar Mediterráneo.

Lo que me intento imaginar es este tren que lo mismo transportaba mineral o trabajadores de las minas que a todas estas gentes vestidas a la moda, propietarios, socios o ingenieros del negocio de la minería. Imagino que de esta época viene aquello de viajar en primera o en tercera clase, que no parece que la clase pudiente, con sus perifollos y sus perfúmenes, compartiera asiento en estos trenes con el común de los mortales.

Uno de los libros de Mariano Guillén, Mazarrón 1904, espectacular en sus textos, fotografías y documentos, nos ayuda a conocer aquella época, que no hay nada como saber de dónde venimos para entender lo que ahora nos pasa. Menos de diez kilómetros tenía aquella línea de Mazarrón que se hacía en veinte minutos, un corto recorrido que no frenó a los adelantos del transporte, en perjuicio de los carros y las tartanas, cuyos propietarios y conductores vieron hundirse sus negocios. Me sorprende todo esto que escribe Guillén en un municipio que, pese a sus muchos habitantes y su riqueza que ahora es turística, nunca más tuvo una línea de tren hacia Cartagena, Águilas o Murcia.