Periodista y escritor

Ignacio Ramos: "Cuando tienes algo que decir, o lo cuentas o te explota"

De la mano de Gollarín acaba de publicar su nuevo libro, ‘El ocaso y el alba’, con el que vuelve a sumergirse en el mundo rural que en tantos relatos le ha acompañado. Aunque, eso sí, esta vez lo hace desde una perspectiva diferente que, espera, sus lectores entiendan. En esta entrevista nos da los detalles de este escrito

Ignacio Ramos posa durante la última edición de la Feria del Libro de Caravaca, en la que presentó su último trabajo.

Ignacio Ramos posa durante la última edición de la Feria del Libro de Caravaca, en la que presentó su último trabajo. / Enrique Soler

Enrique Soler

Enrique Soler

Aprovechando la Feria del Libro de Caravaca –clausurada el pasado domingo 23–, el periodista y escritor Ignacio Ramos presentó su último trabajo. Se trata de una novela que lleva por nombre El ocaso y el alba (2024) y que está editada por Gollarín, con ilustraciones de Pascual Adolfo López. El libro relata la vida de dos hombres que entrelazan sus destinos y, a través de ellos –o, sobre ellos–, su autor refleja las hondas transformaciones que vivió la España de los años cincuenta. Hablamos con el veterano creador, responsable de otros títulos vinculados al mundo rural como La hermosa y dura tierra (2006) y La última siega de Nazario Sánchez (2011).

Una vez más, regresamos a Barronia.

Efectivamente. Barronia es una aldea de las muchas que hay en Caravaca, y que a mí me obsesionan porque son sitios en los que la gente vive y sufre, en los que no están cómodos, pero en los que quienes allí viven se adaptan a las circunstancias y van saliendo adelante. Y muchas veces salen con bastante pujanza, claro. Ese fenómeno de renacer de las cenizas, como si fuera el Ave Fénix, a mí me atrae muchísimo. Por eso he regresado a Barronia, para después meterme en situaciones un poco más de nuestros días y de otro estilo, que vienen a contrastar con mi narrativa habitual. Siempre he entendido la escritura como un relato poético, pero en esta ocasión me ha podido el periodista que llevo dentro, y me voy más por los ‘datos’ que por las emociones. Es una manera de salir de Barronia y entrar en otro mundo diferente. Espero que la gente entienda esta nueva situación.

¿Qué particularidades tiene este nuevo trabajo?

El libro relata la vida de dos hombres que entrelazan sus destinos. A través de ellos se reflejan las transformaciones que vivió la España de los años cincuenta. Así, nos adentramos en todas estas zonas rurales, que tuvieron que vivir una posguerra muy dura, donde la gente que no se fue se acomodó a una situación muy difícil. Después, trabajando con uñas y dientes, han podido salir de esa situación, y en ocasiones prosperar mucho.

Muchas veces se incide en la parte más poética de esa vida rural, pero, como dice, la realidad es otra. Supongo que no ha sido fácil retratar esa España.

Bueno, yo he tratado de hacerlo, sobre todo, con mucho cariño. Mi intención era que la gente que leyera este libro se puediera acercar de algún modo y comprender a toda aquella gente, que descubrieran cómo eran su forma de vivir.

Y ha contado con la ayuda de Pascual Adolfo López, quien ilustra el libro.

Es digno sucesor de su padre. Lo recuerdo perfectamente: le llamaban ‘El pintor de la noche’, y Pascual ha heredado ese gen de gran artista. Ha hecho unos dibujos sensacionales para esta novela, la verdad. Pero no solo por lo estético, sino también con un sentido narrativo, remarcando detalles de la obra, haciendo su propia interpretación de lo que para él han significado algunos pasajes de este libro.

Como escritor, ¿qué mensaje le gustaría que calara en el lector de El ocaso y el alba?

A mí me gustaría que pensaran en la recompensa que tiene en ocasiones el esfuerzo. Cuando la gente se enfuerza y trabaja duro, muchas veces es reconocida de un modo u otro. No podemos dejar este mundo nuestro en manos de la gente que no quiere trabajar, que no hace nada por mejorar las cosas. Así que, si tengo que mandar un mensaje, diría que hay que currar, que uno tiene que buscarse su camino, aunque este traiga sufrimiento.

Este libro tiene también un recuerdo a un colaborador de este diario, Juan Fernández, ‘Juanico de Filo’.

En alguna ocasión lo he dicho: Juanico de Filo ha sido la persona más importante que ha parido Barranda. Es un hombre que nos marcó a todos los que le tuvimos cerca. Yo era un poco menor que él y sus amigos siempre hemos ido un poco agarrados a sus sotanas, nunca mejor dicho. Nos enseñó mucho, marcándonos un camino ético para seguir la vida y amar a los demás. Pero no era una manera ñoña de afrontar nuestra existencia, sino una forma simple de querer a la gente, de que la gente te quiera, viviendo una vida en paz y armonía. Juanico fue maestro en delimitarnos el camino.

Ignacio, tengo claro que la cinta de esa máquina de escribir no se acaba. ¿En qué está pensado ahora?

Pues, fíjate, no estoy trabajando en nada, aunque sí estoy pensando varias cosas... Pero yo siempre llevo cosas en la cabeza, lo que sucede es que, cuando realmente tienes algo que decir, porque te quema por dentro, o lo cuentas o te explota. Así que ya veremos. Entretanto, yo sigo escribiendo algún artículo y cosas que me van pidiendo, claro.