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La Caja de la Rusa: La Casa del Reloj

"En esta mansión falleció el Excmo. Sr. D. Emilio Castelar en el año 1899"

La Casa del Reloj en San Pedro del Pinatar.

La Casa del Reloj en San Pedro del Pinatar. / Javier Lorente

Javier Lorente

Javier Lorente

De aquellos años de finales del siglo XIX son muchas las villas, mansiones, teatros y otras construcciones de interés que se deben al ingenio del reconocido arquitecto pachequero Pedro Cerdán. No es de extrañar que nos encontremos en esta caja que nos ocupa varias ilustraciones y fotografías de algunas de sus obras. En esta ocasión, la conocidísima Villa de San Sebastián, conocida como La Casa del Reloj, en San Pedro del Pinatar, encargada por otra familia acaudalada y de abolengo: la familia Servet-Spottorno.

Se trata de una muy conocida villa palacete que ha llegado a nuestros días rodeada de una zona de pinada, un palmeral y unos amplísimos jardines y huertos que eran una magnífica estancia veraniega, en las cercanías, de nuevo, de las tranquilas aguas del Mar Menor.

De nuevo, un llamativo edificio, con aire de cuento, que albergaba llamativas escalinatas, multitud de obras de arte y una capilla dedicada a San Sebastián. Aunque hoy está cerrada y sus huertos arrasados, aún conserva los pinos y dos avenidas de palmeras y su construcción en buen estado. Hasta no hace mucho ha albergado un restaurante de prestigio y su historia está llena de estancias y visitas de importantes personajes de la vida social, económica y política española. Hoy día, aún conserva una placa cerámica en homenaje a uno de los más ilustres, y reza así: «En esta mansión falleció el Excmo. Sr. D. Emilio Castelar en el año 1899».

Castelar fue el último presidente de la Primera República Española, un gran intelectual, un político de importante trayectoria, y dicen que el mejor orador de todos los tiempos. Era amigo de la familia propietaria, que lo acogió en su finca para paliar los efectos de una grave enfermedad cardiaca. Sus paseos bajo las palmeras, los huertos y las playas vecinas no impidieron que, finalmente, falleciera allí.

Esta ilustración conservada en la Casa de la Rusa demuestra que los propietarios de ambas casas se conocían y compartieron momentos de solaz, y puede también que de negocios. Eran familias principales y con poder en una época que aún daría mucho de sí para la literatura y para el cine. Lo cierto es que el Mar Menor y, sobre todo San Pedro del Pinatar, era un enclave envidiable: por su clima benigno, por las tranquilas, de calidad y entonces limpias aguas del Mar Menor, y porque aún estaba por explotarse turísticamente.

Apenas unos pescadores, unas cuantas embarcaciones de vela latina y kilómetros de tranquilidad donde empezaban a establecerse, hasta la zona de Los Alcázares, balnearios y casas residenciales para las familias que eran conocidas como ‘los señoritos’ por los humildes habitantes de la zona y por la mucha servidumbre que trabajaba en estas mansiones: cocineros, personal de limpieza, criadas, cuidadores de los jardines, fuentes y caballerizas, animadores de fiestas, músicos, poetas, fotógrafos… Todo un mundo que no se puede juzgar con ojos del presente y que, sin duda, trajo prosperidad y recursos a estas zonas deprimidas en épocas anteriores.